Más bienestar, menos planeta: la paradoja de una mejora a alto costo

La pregunta es si el bienestar alcanzado resulta sostenible para las próximas generaciones. Es un tema de fondo que preocupa a la población más joven.

Más bienestar, menos planeta: la paradoja de una mejora a alto costo
La población joven tiene cuestionamientos sobre el bienestar actual y futuro del planeta. Foto/ Unsplash

Por Álvaro Samaniego

Empoderar a los jóvenes para que formen las familias que desean, en un mundo justo y esperanzador. Este es el tema que propone la Organización de las Naciones Unidas para este Día Mundial de la Población.

La conmemoración sucede cada 11 de julio y detrás de ese lema hay una tensión de fondo y dos temas inquietantes: si bien hay señales de que la población tiene más bienestar que antes, el costo de la mejora la está pagando el equilibrio de la Tierra.

El llamado de la ONU a los jóvenes se basa en la idea de que postergan la maternidad y la paternidad, más que por falta de interés, por incertidumbre económica, laboral y climática.

Ese desasosiego nace de una paradoja que merece revisarse con datos: ¿vivimos mejor o solamente más tiempo y a mayor costo?

Lo que mejoró en 50 años

La primera hipótesis es optimista: el bienestar humano global mejoró en cincuenta años. La esperanza de vida mundial pasó de 32 años en 1900 a 71 en 2021.

La mortalidad infantil, uno de los indicadores más duros del sufrimiento humano, cayó 60% desde 1990: de 93 muertes por mil nacidos vivos a 37 en 2024.

Aun así, cada día mueren cerca de 13.300 niños menores de cinco años por causas mayormente prevenibles. El progreso, aunque real, sigue siendo incompleto.

La pobreza extrema mundial también retrocedió: hoy hay 1.500 millones de personas menos bajo la línea de USD 3 diarios que en 1990. Sin embargo, unos 800 millones de personas siguen atrapadas en esa condición. Casi una de cada diez personas en el planeta.

Y hay una enorme cantidad de jóvenes de entre 15 y 29 años, especialmente mujeres, que no pueden trabajar ni estudiar (son conocidos como Ninis).

Jóvenes, los más golpeados por bajo crecimiento laboral en 2024
El número de ‘NiNis’ crece también en Ecuador. Hay oportunidades en los sectores ecológico y digital.

Pero si su situación era grave en 2024, empeoró a escala global en 2025, cuando la tasa se elevó al 20%, lo que representa unos 260 millones de jóvenes.

La realidad de este sector poblacional está fuertemente fragmentada en distintas regiones del planeta como efecto de las condiciones socioeconómicas y de género, así como por el impacto de la tecnología.

En los países de ingresos bajos la exclusión laboral y educativa registró tasas de Ninis de hasta el 27,9%. En contraste, en las naciones con ingresos más altos el promedio rondó el 10%. Algo parecido sucede entre zonas urbanas y rurales.

Estrictamente con fines de visualización, Youtopia juntó la tasa de crecimiento de población, que ha disminuido progresivamente, con el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que mide tres dimensiones del bienestar humano: salud, educación e ingresos.

En naranja, Índice de Desarrollo Humano. En azul, crecimiento poblacional. Elaboración: Yuotopia.

El ritmo de crecimiento de la población baja y el bienestar va al alza (con un estancamiento desde el anterior quinquenio), pero no se puede establecer una relación de causalidad y afirmar que la disminución del primero signifique una mejora del segundo.

Ecuador podría considerarse parte de la mejora en el IDH. En diciembre de 2025, la pobreza por ingresos llegó a 21,4% nacional, el más bajo en 18 años, según el INEC. La pobreza extrema fue de 8,3%, aunque en el área rural aún alcanza 19,7%.

Lo que el planeta pagó a cambio

 Pero existe una contra hipótesis que pone en duda el costo real de ese progreso. El planeta está pagando la factura con su propia estabilidad ecológica.

Las poblaciones de fauna vertebrada monitoreadas en el mundo cayeron en promedio 73% entre 1970 y 2020, según el Índice Planeta Vivo del WWF.

América Latina y el Caribe es la región más golpeada, con un desplome del 95% en ese mismo periodo. Ningún continente registra cifras tan severas.

De los nueve límites planetarios que mantienen habitable la Tierra, ya se transgredieron siete, incluida la acidificación oceánica, confirmada apenas en 2025.

La concentración de CO2 atmosférico ronda las 417 partes por millón, muy por encima del límite seguro de 350 ppm que fijan los científicos.

El Día del Sobregiro de la Tierra —cuando la humanidad agota los recursos que el planeta regenera en un año— caerá en 2026 el 30 de julio.

Es el nivel de sobreconsumo más alto jamás registrado: la humanidad usa hoy el equivalente a 1,73 planetas para sostener su forma de vida.

La deforestación ilustra bien esa otra cara de la moneda. En Ecuador, entre 1990 y 2018, el país perdió cerca de tres millones de hectáreas de bosque.

Entre 2020 y 2024 se sumaron otras 239.849 hectáreas deforestadas, un área similar a la superficie de Luxemburgo, según datos de MapBiomas Ecuador.

La tendencia, lejos de frenarse, repunta: la tasa anual de pérdida boscosa pasó de 0,75% entre 2018 y 2020 a 0,78% en la actualidad, según la Fundación EcoCiencia.

 ¿Se puede crecer sin destruir?

 ¿Es posible entonces crecer sin destruir? El debate científico sobre el "desacoplamiento" económico y ambiental sigue abierto, sin una respuesta definitiva todavía.

Algunos países ricos lograron reducir emisiones mientras crecían. Pero a escala global, la huella ecológica total de la humanidad sigue en ascenso.

La población mundial ha crecido 121% desde 1970, casi en paralelo al 73% de declive de la fauna vertebrada en el mismo lapso.

Esa coincidencia temporal tampoco prueba una causalidad directa. Pero sí exige preguntarse qué modelo de desarrollo sostiene ese crecimiento demográfico y económico.

Quizás la pregunta correcta no sea si vivimos mejor que hace cincuenta años. Probablemente sí.

La pregunta es si ese bienestar resulta sostenible para las próximas generaciones. O si simplemente se lo estamos cobrando por adelantado al planeta.

El tema de la ONU para 2026 apunta justamente ahí. Los jóvenes que hoy dudan en formar familia no temen al futuro en abstracto.

Temen heredar un mundo donde el progreso humano y la salud del planeta dejaron de ir de la mano.