Los manglares ecuatorianos, una barrera natural contra El Niño

Cada 26 de julio, se resalta la importancia de uno de los ecosistemas más productivos y más amenazados del planeta. En Ecuador, su papel es esencial.

Los manglares ecuatorianos, una barrera natural contra El Niño
La Reserva Manglares Churute, en la provincia de Guayas. Foto: Estefanía Bravo.

Los manglares son una “barrera natural que detiene el impacto del oleaje y del tren de mareas que significa un fenómeno natural como El Niño”.

Esta frase la dice Xavier Chalén, biólogo y máster en ciencias que, durante tres décadas, ha estado cerca de los recursos marinos y ha visto la evolución de este rico ecosistema.

Sus palabras resuenan este 26 de julio en el Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares. La fecha la adoptó en 2015 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Y, en efecto, el manglar es una defensa real contra fenómenos que pueden provocar un grave daño en las zonas costeras, debido a las nuevas condiciones del clima y la naturaleza.

A Byron Moreno, de Conservación Internacional, le preocupa un factor adicional: “tenemos un punto de partida con un océano mucho más caliente, que es producto del cambio climático antropogénico”.

Si bien es difícil predecir la intensidad del fenómeno de El Niño, los manglares, un factor de permanente mitigación, pueden cumplir un papel importante.

Este bosque costero ocupa más de un tercio del litoral de Ecuador y es un factor de cohesión natural, económica y social.

En el país, es la base económica de miles de familias costeras, un amortiguador natural frente a inundaciones y tormentas, y uno de los reservorios de carbono más eficientes que existen.

La fecha llegó el año pasado con una noticia que marcó un hito: la superficie de manglar bajo protección comunitaria superó por primera vez las 100.000 hectáreas en el país.

El avance se logró entonces con la incorporación de cuatro nuevas asociaciones de recolectores y pescadores artesanales a los Acuerdos de Uso Sostenible y Custodia del Ecosistema Manglar (Auscem).

El 2026 trajo otra buena noticia: "Golfo vivo" se lanzó en marzo con el propósito de conservar al menos 30.000 hectáreas de manglares y restaurar 2.600 hectáreas en cinco años, con beneficios sociales y ambientales.

Plan para cuidar 32.600 hectáreas de manglar en el Golfo de Guayaquil
El objetivo es ambicioso: conservar al menos 30.000 hectáreas de manglares y restaurar 2.600 hectáreas en cinco años, con beneficios sociales y ambientales.

El trabajo entre el sector público, las comunidades y la cooperación internacional y la empresa privada se ha trazado objetivos concretos para los próximos seis años.

Se trata de ampliar la protección efectiva a 150.000 hectáreas de manglar, restaurar 4.850 hectáreas degradadas, reducir el riesgo de inundación para 89.600 personas e incrementar a 20.000 hectáreas la superficie con prácticas acuícolas.

Estas metas se enmarcan en el proyecto Manglares para el Clima, ejecutado por Conservación Internacional junto al Ministerio de Ambiente y Energía (MAE).

Se complementa con iniciativas de alianza público-privadas que han permitido, en conjunto, generar impacto sobre más de 130.000 hectáreas de manglar a nivel nacional.

La participación comunitaria incluye la limpieza del manglar. Foto: Lucas Bustamante.

Un ecosistema bajo presión

 En el país se han identificado siete especies de manglar, agrupadas en cuatro familias, con una fauna y flora asociada que supera las 100 especies.

Sin embargo, Ecuador ha perdido cerca del 25% de cobertura de manglar desde 1969, principalmente por la conversión en piscinas camaroneras, transformación que aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero.

El manglar ocupa alrededor del 36% de la costa ecuatoriana y el 96% de esa superficie se concentra en apenas ocho municipios costeros, donde viven más de 3,4 millones de personas.

La evidencia recogida por Conservación Internacional muestra que las zonas bajo custodia comunitaria registran una tasa de deforestación de 2,46%, frente al 18,6% de las áreas sin esta protección, además de una tasa de recuperación de manglar del 9%.

“Piensa en el manglar como un corazón, un corazón viviente y palpitante que necesita un constante flujo de agua para que opere con normalidad”, afirma Moreno.

El manglar es un complejo y efectivo ecosistema de mitigación. Foto: Lucas Bustamante.

El manglar como escudo

Sus raíces reducen la fuerza del oleaje, frenan la erosión costera y amortiguan las marejadas, actuando como una barrera natural frente a inundaciones y eventos extremos.

Se calcula que este ecosistema evita anualmente cerca de USD 250 millones en pérdidas por inundaciones en la costa ecuatoriana.

Un estudio de referencia (Hallegatte et al., 2013) ubicó a Guayaquil como la cuarta ciudad portuaria del mundo con mayor riesgo relativo de inundación, que se agravará con el ascenso del nivel del mar.

En ese contexto, cerca de 198.700 personas en zonas costeras con manglar están expuestas cada año a un alto riesgo de anegamiento.

Con Ecuador en alerta por El Niño, la conservación del manglar adquiere un peso adicional: es una infraestructura natural que reduce el riesgo antes de que ocurra la emergencia, complementa la labor de los organismos de gestión de riesgos.

Uno de los temas pendientes, según el experto Xavier Oquendo, es que “hemos tenido una pobreza en saber cómo alinearnos con información robusta, que pueda darnos las capacidades para demostrar que se está trabajando”.

Byron Moreno cree que lo más importante ahora es el desafío que tienen los gobiernos intermedios para participar, así como el sector privado.

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