Quimsacocha mantiene la disputa por el agua y la minería

Un recorrido por el páramo muestra sus fuentes hídricas y la resistencia de las comunidades locales, al proyecto minero Loma Larga.

Quimsacocha mantiene la disputa por el agua y la minería
Quimsacocha se encuentra en un ecosistema de páramo de 19.000 hectáreas, en la provincia del Azuay. En la imagen, una de las tres principales lagunas. Fotos: Youtopía Ecuador

A unos 3.800 metros sobre el nivel del mar, el viento sopla sobre el pajonal y mueve la vegetación en una misma dirección. Sobre esa superficie, pequeñas corrientes de agua se abren paso entre la tierra y la flora.

Aparentemente no parecen tener mayor importancia por su tamaño, pero para las comunidades que viven montaña abajo es parte del sistema hídrico que abastece sus hogares, sus cultivos y sus animales.

Quimsacocha —Kimsakocha, en la denominación utilizada por las organizaciones indígenas— significa “tres lagunas”. Las tres aparecen en medio de un paisaje de páramo que, por momentos, parece extenderse sin límites.

Aquí el agua no llega por tuberías ni aparece al abrir una llave. Se forma lentamente en las partes altas y comienza desde allí un recorrido que continuará hacia las comunidades y, más adelante, hacia otros sistemas hídricos, que incluso desembocan en el Océano Atlántico.

Ruth Pugo conoce ese recorrido. Ella es de Victoria del Portete, pertenece a la comunidad ancestral San Pedro de Escaleras y es dirigente de la Junta de Agua Victoria del Portete y Tarqui, al sur de Cuenca.

Durante la visita del 17 de septiembre de 2026 a Quimsacocha, un día después de la marcha realizada en Cuenca, se detiene junto a una de esas pequeñas fuentes.

“Esta fuentecita de agua es la que nos alimenta a la Junta de Agua Victoria del Portete y Tarqui”, explica mientras desaparece su sombrero de color rojo por la fuerza del viento.

Pugo quiere que quienes visitan el páramo miren precisamente aquello que suele pasar desapercibido desde la ciudad.

“Creen que a lo mejor porque abren la llave, ahí está el agua, no es así; viene de aquí, de los páramos, donde usted y yo estamos parados”, menciona.

El recorrido por Quimsacocha estuvo acompañado por dirigentes comunitarios y periodistas de distintos medios. En el principal punto de acceso, luego de recorrer un difícil camino cuesta arriba desde la vía Girón-Pasaje y pagar un peaje de 75 centavos, al menos cinco personas controlaban el paso. Un cartel advertía: “Prohibido el ingreso, propiedad privada”.

Sobre el mismo letrero de la empresa minera DPM Metals estaba colocado un comunicado de la Alcaldía de Cuenca que señalaba: “Clave Catastral revertida y anulada”. Después de unos minutos, el grupo pudo continuar el recorrido. Un poco más tarde, pasado el mediodía, llegaron dos agentes de la Policía Nacional.

La escena formó parte de una visita a un territorio en el que las organizaciones y la empresa minera mantienen posiciones distintas sobre el futuro de la zona.

Un cartel restringe el ingreso a la zona de Quimsacocha. Sobre él, un comunicado de la Alcaldía de Cuenca señala que la Clave Catastral fue revertida y anulada.

El agua que no se ve desde la ciudad

Para Pugo, la importancia del páramo se entiende mirando hacia abajo. En esta extensa zona se ubican lagunas, humedales, manantiales y vertientes que alimentan a ríos, como el Tarqui, Yanuncay, Tomebamba, Machángara.

Desde estas alturas, el agua comienza a recorrer las quebradas que alimentan a las comunidades. Una de ellas es la fuente Irquis, que forma parte del sistema de abastecimiento de la parroquia Victoria del Portete.

“Nosotros estamos aquí, de donde nace la fuente Irquis”, cuenta.

La dirigente habla del agua como un elemento inseparable de la vida comunitaria. Por eso, dice, los habitantes permanecen atentos a cualquier actividad que pueda modificar el territorio. “El páramo para mí es todo. Es vida, es salud”, afirma.

Su preocupación está relacionada con la posibilidad de una explotación minera y con los efectos que, desde su perspectiva, podría tener sobre las fuentes de agua. Es una inquietud que comparten otros habitantes de las zonas cercanas a Quimsacocha.

Quimsacocha: el páramo estratégico que abastece a Cuenca
El Área Nacional de Recreación de Quimsacocha tiene unas 3.000 hectáreas. Un informe técnico alerta sobre los riesgos de la minería en esta zona.

Carmen Luisa Pérez, de la Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas del Azuay (FOA) y defensora del territorio, sostiene que bajo el páramo existen aguas subterráneas que podrían verse afectadas por una eventual explotación minera.

Ella también habla de la biodiversidad. Recuerda la presencia de venados, conejos, lagartijas, zorros y distintas aves. Según su relato, algunas especies se han alejado de los lugares donde existe mayor presencia humana.

“Cada animalito cumple una función en la Pachamama”, dice.

Para Pérez, conservar Quimsacocha significa mantener el agua y también el ecosistema que la rodea.

“Ahorita estamos aquí en Kimsacocha (...) disfrutando del viento, disfrutando de la naturaleza, naturaleza sana todavía”, señala extendiendo su sombrero junto a ella.

Carmen Luisa Pérez advierte serios daños en flora y fauna silvestres, ante una eventual explotación minera en el ecosistema.

Cuando el agua se convierte en producción

El agua que nace en las partes altas tiene otra historia cuando llega a las comunidades.

Lizardo Zhagüi habla de agricultura y ganadería. Él es Presidente de la Junta Administradora de Agua Potable de Victoria del Portete y Tarqui, y explica que las aguas que bajan desde el páramo son utilizadas para el consumo y para los sistemas de riego de las zonas ubicadas más abajo.

“Acá la gente vive de la agricultura y ganadería por años, por años”, afirma y asegura que unas 12.000 personas se benefician directamente del agua.

En su relato aparecen el maíz, el melloco, las ocas, las papas, el fréjol y la cebada. También la leche y la producción ganadera.

Zhagüi asegura que desde esta zona salen alrededor de 120.000 litros de leche diarios hacia ciudades como Cuenca, Guayaquil y Machala.

Lo importante en su relato es la relación entre el páramo y la vida productiva.

“Si es que no hay producción en el campo, Cuenca y otras ciudades comienzan a tener afectación”, sostiene al advertir mayores riesgos con las actividades mineras.

Lizardo Zhagüi muestra uno de los sitios en donde se habrían realizado perforaciones mineras en Quimsacocha.

Lizardo Zhagüi también recuerda los periodos de sequía y racionamiento de agua de los últimos años. Dice que entonces la población pudo experimentar directamente lo que significa que las fuentes disminuyan sus caudales.

“Ahí se dieron cuenta que realmente sin agua no se puede vivir”, afirma.

En Quimsacocha, esa relación se observa sin necesidad de grandes obras. El agua aparece primero como una pequeña corriente y después se transforma en riego, producción agrícola, ganadería y abastecimiento para las comunidades.

La distancia entre esos dos momentos es precisamente lo que puede resultar difícil de percibir desde Cuenca y del resto del país.

Una disputa de más de tres décadas

La movilización del 16 de septiembre de 2026, denominada 'Quinto Río', fue una expresión reciente de una resistencia mucho más antigua.

Las organizaciones sociales y comunitarias sitúan en más de 30 años la defensa de Quimsacocha frente a los proyectos mineros. En ese tiempo se han producido consultas populares, procesos judiciales y distintas etapas de exploración y desarrollo del proyecto Loma Larga.

La marcha de este año recordó la movilización de septiembre de 2025, cuando una multitud recorrió las calles de Cuenca para expresar su rechazo al proyecto.

Loma Larga, de la canadiense Dundee Precious Metals (DPM), había obtenido en 2025 una licencia ambiental para avanzar hacia la explotación. En octubre de ese año, el Gobierno notificó a la compañía la revocatoria de esa licencia. No obstante, la concesión se mantiene vigente.

En su último pronunciamiento oficial sobre esa decisión, DPM confirmó la revocatoria y manifestó su desacuerdo. La empresa sostuvo que evaluaría sus opciones para "preservar el valor del proyecto" y defendió los estudios técnicos realizados durante su desarrollo.

La compañía también sostuvo que sus estudios concluían que Loma Larga no tendría un impacto adverso sobre el suministro de agua.

Las organizaciones mantienen una posición diferente. Para ellas, la revocatoria de la licencia ambiental no cerró el conflicto porque las concesiones mineras permanecen vigentes. Su demanda es que sean canceladas definitivamente.

Lauro Sigcha, presidente de la Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas del Azuay (FOIA), lo resume así: “Lo que se pide es que se cancelen las concesiones mineras”.

La defensa del agua convoca a una masiva marcha en Cuenca
La movilización, denominada Quinto Río, exige el retiro definitivo de la concesión minera en Loma Larga. El proyecto está en el páramo de Quimsacocha, en Azuay.

Un páramo que abastece mucho más que agua

El recorrido por este ecosistema que funciona como una esponja natural permite entender por qué el conflicto no se limita al lugar donde podría desarrollarse una mina.

Lizardo Zhagüi señala que desde Quimsacocha nacen cursos de agua que terminan conectándose con sistemas hídricos que atraviesan zonas pobladas y contribuyen incluso a la generación hidroeléctrica del país.

El páramo funciona así como una especie de punto de partida de distintos recorridos. Lo que sucede arriba tiene consecuencias para quienes viven abajo, aunque la conexión no siempre sea evidente.

Esa es una de las razones por las que las organizaciones hablan de Quimsacocha como una zona estratégica para el agua.

Pero el territorio también tiene una dimensión cultural y comunitaria.

Carmen Pérez habla de la relación con la naturaleza desde una perspectiva que no separa el agua de la tierra, los animales y las personas.

Luis Macas, histórico dirigente indígena, plantea la discusión en términos más amplios: considera que el país debe revisar la relación entre la explotación de los recursos naturales y las condiciones de vida de las comunidades.

“¿Quién no vive del agua en el campo y en la ciudad?”, pregunta.

José Guzmán, agricultor de Victoria del Portete y participante en la marcha en 'representación de la tercera edad', lo expresa desde su experiencia cotidiana. “Nosotros vivimos del agua. Nadie nos puede quitar ese derecho”, dice.

Jorge Guzmán (derecha) participó en la marcha del 16 de septiembre de 2026 en Cuenca.

El conflicto que sigue abierto

La marcha del 16 de septiembre de 2026 terminó en el centro de Cuenca. Al día siguiente, en Quimsacocha, la discusión volvió a su origen: el territorio.

Para las organizaciones, la revocatoria de la licencia ambiental de Loma Larga fue un resultado importante, pero insuficiente mientras permanezcan las concesiones mineras. Según sus cálculos, 46.000 hectáreas están concesionadas. Por eso volvieron a las calles y anuncian que continuarán con acciones legales y movilizaciones.

Para Dundee Precious Metals, la situación del proyecto debe ser entendida a partir de los derechos mineros existentes, los estudios realizados y las decisiones de las autoridades. La empresa ha defendido la viabilidad técnica de Loma Larga y ha sostenido que el proyecto no tendría un impacto adverso sobre el suministro de agua.

Las dos posiciones siguen separadas. En medio está el páramo y su ecosistema.

Cuando termina el recorrido mientras la niebla se abre paso por el páramo, las pequeñas corrientes continúan bajando entre los pajonales. Una ligera llovizna contribuye a fomentar las reservas hídricas de Quimsacocha.

El agua no tiene todavía la apariencia de un río. Tampoco de aquello que llegará a una casa cuando alguien abra una llave.

La Virgen de Quimsacocha es otra de las imágenes valoradas por los dirigentes comunitarios.