Una mejor capa de ozono solo ralentiza el cambio climático

Las medidas consensuadas para corregir la capa de ozono han ralentizado el calentamiento global. Pero la lucha contra el calentamiento es de otra dimensión.

Una mejor capa de ozono solo ralentiza el cambio climático
Los colores púrpura y azul representan los sitios con menor ozono, y los amarillos y rojos, los sitios con más ozono sobre la zona Antártica. Fuente: NASA Ozone Watch

Como cada 16 de septiembre, una parte de los habitantes del planeta se detuvo ayer, brevemente, a recordar uno de sus escasos triunfos ambientales colectivos,

Fue el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, instaurado por Naciones Unidas para conmemorar la firma del Protocolo de Montreal ese día de 1987.

Este año, la fecha llega cargada de un simbolismo adicional: se cumple una década de la Enmienda de Kigali, el instrumento que amplió aquel tratado para atacar a los hidrofluorocarbonos (HFC).

Estos son los gases que sustituyeron a los viejos clorofluorocarbonos (CFC) en refrigeradores y aires acondicionados. Si bien los HFC ya no dañan el ozono, calientan la atmósfera con una potencia extraordinaria.

El lema para 2026, "Acción global por un planeta más fresco", no es casual: refleja la paradoja de un mundo que necesita refrigerarse cada vez más, pero sin que el enfriamiento artificial termine por calentar aún más el planeta.

António Guterres, secretario general de la ONU, resumió la celebración con una frase que podría figurar en cualquier manual de política climática: “el acceso a sistemas de refrigeración eficientes salva vidas. Satisfacer esa necesidad debe hacerse de forma justa y sostenible”.

Los números respaldan el optimismo, aunque con matices. El consumo de sustancias que agotan el ozono ha caído cerca de un 99% desde la firma del Tratado.

El agujero antártico sigue mostrando señales de cicatrización, con altibajos, como los provocados por la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en 2022. Se espera su recuperación plena hacia 2066; el Ártico volvería a sus niveles previos hacia 2045, y el resto del planeta, hacia 2040.

Si la Enmienda de Kigali se aplica en su totalidad, podría evitar hasta 0,5 grados centígrados de calentamiento global adicional para fin de siglo, cifra que se duplicaría si se combina con equipos de refrigeración más eficientes.

La publicación Greenblog destaca que la capa de ozono es el escudo que protege a la tierra de las radiaciones ultravioletas más nocivas procedentes del sol. Situada en la estratosfera, es básica para la vida tal y como la concebimos.

Cita un estudio científico publicado  en la revista Nature: las medidas para corregir el agujero en la capa de ozono han ralentizado el calentamiento global del planeta. Sin ellas -dice- se habrían emitido más gases de efecto invernadero y se habría perdido masa arbórea para absorber el CO2.

Estima que, de no haberse retirado los CFC, la temperatura del planeta podría haber aumentado todavía más. En concreto, en 1,7 grados centígrados adicionales para finales del siglo XXI.

Por otro lado, señala, la destrucción de vegetación como consecuencia del adelgazamiento de la capa de ozono y la mayor radiación ultravioleta procedente del sol hubiera reducido la capacidad de la tierra de absorber CO2.

Ese exceso de dióxido de carbono implicaría otros 0,8 grados de incremento de temperatura para el 2100. Al margen de ello, hubiera ocasionado un problema agroalimentario a nivel mundial.

Para realizar un seguimiento de la evolución de este escudo, la organización NASA Ozone Watch publica mapas satelitales y datos actualizados sobre el estado y el tamaño del agujero de ozono en los polos.

Ahí está, entonces, la lección que vale la pena subrayar: el ozono se está reparando porque el mundo aceptó renunciar a algo y halló un consenso.

En los años ochenta fueron los aerosoles y los clorofluorocarbonos. Sustituirlos tuvo un costo económico y logístico considerable, pero se hizo con relativa rapidez porque un agujero visible, medible, creciente sobre la Antártida, era innegable.

Hoy el desafío es estructuralmente el mismo, pero a una escala mucho mayor: para frenar el calentamiento global no basta con cambiar un químico por otro, sino prescindir progresivamente de los combustibles fósiles que sostienen buena parte de la economía mundial.

Es la diferencia entre sustituir un ingrediente y transformar la receta completa. El Protocolo de Montreal demostró que la cooperación multilateral, guiada por la ciencia, puede revertir un daño planetario. La pregunta es si esa misma voluntad está detrás de una renuncia de mayor calado.

La función de la capa de ozono frente a las rayos solares. Fuente: Efitherma

Dos fenómenos distintos

No conviene, sin embargo, mezclar ambos fenómenos como si fueran uno solo. La capa de ozono y el calentamiento global ocurren en capas distintas de la atmósfera y responden a dinámicas distintas.

Mientras los gases de efecto invernadero atrapan el calor en la troposfera, cerca de la superficie, la estratosfera, más alta y más fría como resultado del mismo calentamiento, ralentiza algunas reacciones químicas que destruyen el ozono y acelera su recuperación en la mayor parte del planeta.

Esa distinción importa también para entender la radiación ultravioleta que llega a la superficie. En ciudades de altura como Quito, el Índice UV puede superar los 14 puntos, uno de los más altos del planeta.

Es el efecto combinado de la latitud ecuatorial y la altitud, no necesariamente por un debilitamiento local de la capa de ozono.

De hecho, especialistas insisten en que no existe una relación directa entre temperatura y radiación: puede haber niveles extremos incluso en días fríos y nublados.

Los ciudadanos pueden consultar los niveles de radiación cada hora y tomar medidas de protección necesarias. Por eso la recomendación de los dermatólogos no es evitar el sol, sino medirlo.

Consultar el índice UV antes de salir, y no solo el termómetro, sigue siendo la manera más sencilla de protegerse en un planeta donde el cielo, paradójicamente, se está sanando y recalentando al mismo tiempo.

Las sombrillas son tan importantes como el protector solar en zonas con índice UV alto. Foto: Pexels.

Qué hacer con el ozono troposférico

A diferencia del ozono estratosférico, el ozono troposférico (a nivel del suelo) es un contaminante secundario perjudicial creado por la reacción de los gases vehiculares e industriales bajo una luz solar intensa.

Reducirlo requiere cambios colectivos e individuales enfocados en disminuir sus precursores (óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles), según una publicación indonesa dedicada a educar sobre la reducción de la polución por ozono tóxico.

Medidas de transporte urbano

  • Minimizar el uso del automóvil: Optar por caminar, usar la bicicleta o trasladarse en transporte público electrificado disminuye drásticamente los gases de escape.
Nuevo diseño para el uso de bicicletas municipales. Foto: Municipio de Quito
  • Mantenimiento vehicular: Realizar las revisiones técnicas vehiculares a tiempo y mantener los neumáticos inflados reduce las emisiones innecesarias por el esfuerzo del motor.
  • Evitar recargar combustible de día: Cargar gasolina durante las horas frescas (noche o madrugada) previene que los vapores de combustible se evaporen de inmediato bajo el sol fuerte y reaccionen formando ozono.

Consumo y hábitos domésticos

  • Reducir el uso de disolventes y pinturas: Muchos productos domésticos contienen Compuestos Orgánicos Volátiles (COV). Optar por pinturas y limpiadores a base de agua reduce la liberación de estos precursores al aire.
  • Controlar el uso del aire acondicionado: Regular el uso de la energía reduce la demanda en las plantas de energía eléctrica, disminuyendo la quema de combustibles fósiles urbanos.