‘Los jóvenes urbanos tienen más conciencia de la crisis climática’
Susana Muhamad presidió la COP16 en Cali y estuvo en el Foro Social Panamazónico en Puyo. Cree en una alianza social frente al extractivismo.
Por Álvaro Samaniego
Haber presidido la COP16 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad 2024) realizada en Cali, colocó a Susana Muhamad en el centro de la atención. Nacida en Bogotá, Colombia, es politóloga, ambientalista y política. Fue ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible del gobierno de Gustavo Petro.
Asistió, el pasado agosto, al XII Foro Social Panamazónico (Fospa), en Puyo, Ecuador. La segunda parte se desarrollará en Mocoa, Colombia, en 2027, bajo una modalidad binacional.
Youtopía mantuvo una entrevista en la cual la ex funcionaria defiende reuniones como el Fospa, pues su importancia, dice, radica en identificar patrones comunes de amenaza en la Amazonía, sembrar semillas de cambio en el territorio y trazar una hoja de ruta para los próximos años.
Mohamad cree en el poder de la sociedad civil frente al que denuncia como un plan internacional extractivista, "que sacrifica recursos vitales como el agua y mercantiliza el conocimiento indígena". Pone como ejemplo la concienciación y la movilización alrededor del ciclo del agua y su importancia para las grandes ciudades.
Para ella, la alianza clave para el siglo XXI se encuentra entre los pueblos indígenas, los sectores populares y las juventudes urbanas, quienes tienen mayor conciencia climática al ser los principales afectados por las crisis del planeta en el futuro cercano.

¿Qué expectativa tiene de los resultados que se desprendan del Fospa? A veces, en eventos tan grandes, es difícil obtener resultados concretos.
La importancia de reunirse en un Foro Social Panamazónico con gente de toda la cuenca, compartir los contextos y empezar a entender los patrones comunes de lo que puede estar pasando en amenaza y oportunidades en la Amazonía tiene un valor inmenso. Siempre se intenta desestimar con la idea de “cuál es el resultado concreto”. Esto va a sembrar semillas que luego se van a ver en el territorio.
Luego, el Fospa está buscando un plan de acción que le permita tener una hoja de ruta durante dos años y estamos escuchando iniciativas muy concretas de pueblos indígenas y de organizaciones sociales. Y claro, hay una gran dificultad de que ese plan de acción converja cuando hay tantos niveles. Pero creo que esa también es la riqueza del Fospa y puede lograr que haya una sinergia muy interesante.
En el Fospa se ha dicho “No al extractivismo”, pero lo que sucede aquí es diferente en otras regiones y países. ¿Cómo se puede encontrar un patrón para una acción conjunta?
Es diferente en algunas cosas, pero ya hay un patrón común. Hay una decisión política de los gobiernos electos de derecha de que, a través del extractivismo, se va a financiar el Estado, es un volver atrás. No quisieron restringir el extractivismo en la Amazonía, solo el gobierno colombiano y esta decisión ya está amenazada por el nuevo gobierno. Había una lucha histórica de los pueblos contra el extractivismo, básicamente son las mismas empresas en diferentes territorios, pero la industria petrolera es una sola.
Entonces, ¿la lucha es la misma?
Sí. Y lo mismo sucede con la coordinación de las economías ilícitas, que sí se coordinan desde la Patagonia hasta Estados Unidos. Así es que, si no nos coordinamos nosotros para hacerle frente, junto a los Estados, es difícil. Lograr que todos estos fenómenos que ocurren en toda la cuenca empiecen a converger y visibilizarse como un patrón al cual se puede hacer resistencia y hay solidaridad, es muy importante.
¿Da la impresión de que la sociedad civil es la única posibilidad de detener este hostigamiento contra la Amazonía?
Sí, yo creo que la sociedad, en una alianza múltiple y diversa, debe generar suficiente poder político. Inclusive que llegue a elegir gobiernos que no tengan una agenda extractivista. Es muy duro estar en contra del mismo Estado, pero el poder siempre está en el pueblo y es lo que quieren acabar, lo quieren restringir, lo quieren acosar y, por lo tanto, esta es una doble lucha: la resistencia y la articulación para conseguir poder.
Muchos discursos se han centrado en el hecho de que la Amazonía es una región con muchos recursos. Nosotros somos países llenos de pobreza, ¿por qué vamos a dejar de usar esos recursos?
Pero ¿cuáles son los recursos? Esos recursos son un extractivismo de corto plazo para sacrificar el agua, que es lo que realmente nos da la riqueza de la alimentación, del suelo, de la agricultura, de la cultura, de la biodiversidad. ¿Por qué crees que están enloquecidos por poner internet en toda la Amazonía, por qué vienen empresas internacionales a escuchar la sabiduría de los pueblos indígenas y tratar de capturar esa sabiduría para tratar de convertirla en productos en el mercado? Aquí hay un conocimiento absolutamente valioso, una riqueza única, original y, en una lógica política que valorara lo que somos y no siga en la lógica colonialista, deberíamos estar trabajando con los pueblos indígenas, con lo híbrido que es la Amazonía.

Cincuenta millones de personas viven en ciudades: negras, indígenas, campesinas, esa riqueza cultural y social trabajando para una bioeconomía en pro de la región. Una bioeconomía que fortalezca la cultura, la naturaleza, y que también genere productos y servicios únicos para la necesidad de la humanidad: salud, salud mental, capacidad de reemplazar productos del petróleo. Cuánto trabajo podríamos hacer con la biodiversidad para alternativas a esta economía que destruye la vida.
Los gobiernos de derecha se empeñan, por el contrario, en el extractivismo, porque no están interesados en nuestros pueblos. Hacen parte de una decisión política internacional según la cual ni les importa la soberanía ni la gente. Les importa el lucro de corto plazo y sostener una élite internacional.
Ahora, ¿cree que se deba escalar la concertación panamazónica a otros niveles, como los gobiernos locales?
Sí, muy buena idea, y no solamente en la Amazónica. Estoy proponiendo que deberíamos trabajar las conexiones estratégicas del ciclo del agua. El ciclo del agua une poblaciones inmensas en Latinoamérica. Sin la Amazonía hay millones de personas que se van a quedar sin agua. ¿Qué tiene que ver un bogotano común o un habitante de Sao Paulo con la Amazonía? ¿Cómo logramos una movilización social y política conjunta alrededor del ciclo del agua y que esto sea un poder social que resista a los gobiernos?
Es una lucha permanente. La decisión es ir al genocidio, a la militarización, porque ya no les sirve la democracia para sostener su régimen de riqueza. Nosotros tenemos que crecer nuestra capacidad y es la lucha del siglo XXI y va a verse dramáticamente en los efectos de la crisis climática permanente.
Persiste la idea de que los habitantes de las ciudades son indiferentes a estos problemas, a pesar de que serán directamente afectados.
Hay que ver qué habitantes. Yo creo que una alianza indígena, social, popular, con las juventudes de las ciudades puede generar futuros posibles. Porque la juventud tiene más conciencia, en un porcentaje importante, de que a ellos les tocan estas crisis. Los que estamos de la mitad de la vida para allá ya no estamos en lo más álgido, pero la juventud que nació en este siglo sí va a estar en un planeta irreconocible y allí se puede fortalecer un proceso de unión.



