Josselyn Vega expone la agroecología ecuatoriana al mundo
La agricultora kichwa de Cotopaxi, Josselyn Vega, expuso en el Diálogo Borlaug 2026 (EE.UU.), sus aportes sobre agroecología, cambio climático y mujeres rurales.
La experiencia de una agricultora indígena de Cotopaxi llegó a uno de los espacios internacionales de discusión sobre el futuro de la alimentación.
Josselyn Vega Rojas participó el 20 de octubre en el Diálogo Internacional Norman E. Borlaug 2026, donde compartió escenario con productoras de Estados Unidos, Alemania y Kenia, para debatir sobre los desafíos de la agricultura y el papel de las mujeres en los sistemas alimentarios.
El encuentro, organizado por la World Food Prize Foundation, incluyó el panel '¿What If Her Harvest Changes Everything?' (¿Y si la cosecha de ellas lo cambia todo?), moderado por la periodista especializada en alimentación y medioambiente, Daphne Ewing-Chow.
Desde sus distintas realidades productivas, las cuatro participantes abordaron los efectos del cambio climático, la importancia de los conocimientos agrícolas, la cooperación entre productores y las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a recursos y participar en las decisiones que afectan al sector.
Para Vega, quien dirige la finca agroecológica Kay Pacha y forma parte de la Asociación de Productores Agroecológicos de Cotopaxi, la discusión permitió exponer una perspectiva de la agricultura vinculada con los conocimientos indígenas y las formas de vida de las comunidades rurales.
Josselyn Vega recibió el 20 de octubre de 2026, el reconocimiento Top Agri-food Pioneers 2026, por parte de World Food Prize Foundation, como parte de los 40 pioneros agroalimentarios del mundo.

La tierra como fuente de vida y conocimiento
Durante su intervención, Vega explicó que la relación de las comunidades indígenas con la tierra trasciende su función como recurso para producir alimentos.
“Vemos a la tierra como nuestra madre, a quien debemos cuidar. Tenemos que cuidar la tierra, para poder llevar una vida digna”, señaló.
La agricultora también destacó el lugar que ocupan el agua, la tierra, el fuego y el aire en la cosmovisión de su pueblo. “Para nosotros son sagrados el agua, la tierra, el fuego y el aire. Son elementos sin los cuales no podemos vivir, sin ellos no hay agricultura”, afirmó.
Sus palabras incorporaron al debate una dimensión que va más allá de las técnicas de cultivo. Los conocimientos construidos por las comunidades a partir de la observación de sus territorios y de los ciclos naturales también orientan sus decisiones sobre producción y conservación de los recursos.
Al referirse a la adaptación al cambio climático, Vega sostuvo que la agricultura debe entenderse de manera integral. “Es algo integral, que va más allá de la resiliencia”, expresó, al explicar la relación entre la producción agroecológica y las condiciones que permiten a las comunidades mantener sus formas de vida.
Esta perspectiva se desarrolla en Cotopaxi, a través de la agricultura familiar campesina y de los procesos de organización de productores que promueven prácticas agroecológicas.

El cambio climático modifica las condiciones de cultivo
La incertidumbre climática fue otro de los temas centrales del panel. Las experiencias compartidas mostraron que los efectos del cambio climático plantean dificultades, tanto para las explotaciones agrícolas de gran escala como para las pequeñas parcelas familiares.
Jana Gäbert, vinculada con una cooperativa agrícola alemana de unas 4.000 hectáreas y 120 trabajadores, se refirió a los problemas asociados con la capacidad de los suelos para retener agua y a las temperaturas extremas.
“El cambio climático no significa solamente falta de agua, sino también temperaturas extremas”, señaló. También mencionó la creciente incertidumbre sobre las estaciones del año.
En el caso de las familias agricultoras de Cotopaxi, la adaptación se relaciona con la conservación de los recursos naturales y con conocimientos desarrollados durante generaciones. Vega planteó que las prácticas agroecológicas deben contribuir a proteger esos recursos y mantener las condiciones para producir alimentos en los territorios.
Las experiencias expuestas evidenciaron diferentes formas de enfrentar los cambios ambientales, condicionadas por la escala de producción, los recursos disponibles y las características de cada territorio.

Mujeres que producen alimentos también necesitan decidir
El acceso a recursos y la participación de las mujeres en las decisiones agrícolas ocuparon otro espacio de la conversación.
Nelius Kariuki, agricultora y economista de Kenia, cuestionó la limitada prioridad que recibe la agricultura en las decisiones gubernamentales y defendió una mayor participación de las productoras en la formulación de políticas públicas.
“Quienes están en la tierra y en el territorio son las mujeres. Por tanto, ellas deberían participar en la formulación de las políticas”, afirmó.
El debate también abordó las dificultades para acceder al financiamiento cuando las mujeres trabajan la tierra, pero no figuran como propietarias. Esta situación puede restringir sus posibilidades de obtener crédito, incluso cuando sostienen directamente la producción agrícola.
Kariuki planteó la necesidad de considerar a quienes realizan efectivamente el trabajo en el campo y de ampliar las oportunidades de formación y aprendizaje práctico, para fortalecer su autonomía económica.
Desde Estados Unidos, April Hemmes, propietaria de Hemmes Farms, en Iowa, compartió su experiencia de trabajo agrícola y colaboración con productoras de otros países. Su intervención destacó el valor del intercambio de conocimientos y de la cooperación entre agricultores, independientemente de las diferencias tecnológicas y de escala.


