El Niño avanza hacia un segundo semestre de mayor impacto
La OMM advierte que El Niño podría intensificarse durante el segundo semestre de 2026, con efectos sobre las lluvias, las temperaturas y el sector energético.
El segundo semestre de 2026 arranca con un Fenómeno de El Niño en desarrollo y con una alta probabilidad de intensificarse durante los próximos meses, un escenario que modificaría los patrones de temperatura y precipitaciones en América Latina y el Caribe, y tendría efectos sobre la generación y el consumo de energía en varios países de la región.
Durante el webinar regional "El Niño 2026-2027: monitoreo, pronóstico e impactos esperados en el sector energético de América Latina y el Caribe", realizado el 30 de junio de 2026 por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), se presentaron las últimas proyecciones climáticas y los posibles impactos para el sector energético.
La OMM estima una probabilidad del 80% de desarrollo de las condiciones de El Niño entre junio y agosto de 2026, y una probabilidad del 90% de que el fenómeno se mantenga hasta noviembre. Los modelos climáticos también contemplan la posibilidad de que alcance una intensidad moderada o fuerte.
Semanas antes, la OMM ya había instado a los gobiernos y sectores productivos a prepararse para el fenómeno, al advertir que el calentamiento de las aguas del océano Pacífico y de las capas subsuperficiales, junto con los indicadores atmosféricos, mostraban una evolución consistente con el establecimiento de El Niño.
La Organización recordó además que el episodio de 2023-2024 se ubicó entre los cinco más intensos registrados y que este nuevo evento podría prolongarse hasta el primer trimestre de 2027.

Un fenómeno que continúa fortaleciéndose
El director regional de la OMM para las Américas, Julián Báez, explicó que las observaciones oceánicas muestran anomalías positivas de temperatura en el Pacífico tropical, mientras que el calentamiento ya alcanza casi 300 metros de profundidad, lo que significa una señal del fortalecimiento del fenómeno.
Añadió que los indicadores atmosféricos también muestran cambios consistentes con el desarrollo de El Niño, entre ellos las variaciones en la circulación de los vientos y en el Índice de Oscilación del Sur, variables utilizadas para confirmar el acoplamiento entre el océano y la atmósfera.
Con base en los modelos de predicción utilizados por los centros climáticos internacionales, Báez señaló que existe una alta consistencia en la permanencia del fenómeno durante los próximos seis meses y que las proyecciones mantienen anomalías positivas hasta el trimestre diciembre 2026-febrero 2027.
"Hay una fuerte probabilidad de que este evento sea realmente fuerte e inclusive muy fuerte. Hay características que indican que podría ser muy similar al evento de 2015-2016", afirmó Báez.

Cambios en las lluvias y las temperaturas
Las proyecciones presentadas muestran que el segundo semestre estará acompañado por cambios importantes en la distribución de las precipitaciones.
En el Caribe, Centroamérica y gran parte del norte de Sudamérica se prevén condiciones más secas de lo normal, con déficit de precipitaciones que podrían prolongarse hasta comienzos de 2027, dependiendo de la región.
En contraste, el sureste de Sudamérica registraría lluvias superiores a los valores habituales, mientras que en la costa del Pacífico de Ecuador y Perú también se esperan precipitaciones por encima del promedio durante parte del segundo semestre.
Báez explicó que, aunque estas lluvias pueden favorecer la disponibilidad de agua en algunas cuencas, también incrementan el riesgo de inundaciones cuando se presentan en exceso, especialmente en las regiones asociadas a las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay.

En cuanto a la temperatura, los modelos proyectan valores superiores a lo normal en gran parte del continente y sobre los océanos durante los próximos meses.
Pier Maquilón, especialista del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen), recordó que el contexto climático actual también está influenciado por el calentamiento global.
Indicó que 2023, 2024 y 2025 fueron los años más cálidos desde que existen registros y que mayo de 2026 fue el segundo mayo con mayor temperatura media global, únicamente por detrás de mayo de 2025.
Según explicó, estas condiciones favorecen la ocurrencia de olas de calor y pueden acelerar el establecimiento de sequías súbitas o prolongar aquellas que ya se encuentran en desarrollo.

Ecuador, Colombia y Venezuela con mayor exposición
Maquilón explicó que en marzo de este año se desarrolló un evento de Niño costero frente a Ecuador y Perú, asociado con el calentamiento de las aguas del Pacífico oriental, y que desde junio evolucionó hacia un evento de El Niño de tipo canónico, con calentamiento del Pacífico tropical.
Las proyecciones indican que las anomalías de temperatura del mar continuarán intensificándose hasta el verano austral de 2027.
De acuerdo con los modelos analizados por el Ciifen, existe un 63% de probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, y que se ubique entre los eventos de mayor intensidad registrados desde 1950.
En materia de precipitaciones, el especialista señaló que se esperan déficits de lluvia en Colombia, Venezuela y la Amazonía ecuatoriana durante los próximos meses, mientras que Bolivia podría registrar condiciones más secas desde septiembre hasta marzo de 2027.
En Perú se proyectan lluvias deficitarias en la Sierra y la Amazonía entre noviembre y marzo, mientras que la costa peruana registraría precipitaciones superiores a lo normal entre octubre y diciembre.

Los efectos previstos para el sector energético
Las proyecciones climáticas también muestran posibles efectos sobre los sistemas eléctricos de la región.
Maquilón indicó que las altas temperaturas incrementarían la demanda de electricidad, principalmente por el mayor uso de sistemas de climatización.
Al mismo tiempo, el déficit de precipitaciones previsto para Ecuador, Colombia y Venezuela podría reducir los aportes hídricos hacia los embalses utilizados para generación hidroeléctrica, lo que obligaría a una mayor participación de centrales térmicas y, en consecuencia, a un mayor consumo de hidrocarburos.
El especialista añadió que las precipitaciones intensas también representan un desafío para la operación de los embalses, debido a la necesidad de gestionar descargas para reducir riesgos de inundación. Y advirtió que los eventos extremos de lluvia posteriores a periodos de sequía pueden incrementar la turbidez del agua y afectar la operación de centrales hidroeléctricas.
Entre los riesgos identificados para la infraestructura energética también mencionó incendios forestales, deslizamientos, tormentas eléctricas y vientos fuertes, fenómenos capaces de afectar las redes de transmisión y distribución de electricidad.
Maquilón señaló además que una eventual reducción del nivel de agua en el Canal de Panamá podría volver a afectar el tránsito de mercancías y combustibles, como ocurrió durante 2023, con efectos sobre la logística regional.

Los antecedentes recientes
Durante la presentación de Olacde y la OMM también se expusieron algunos antecedentes registrados durante episodios recientes de El Niño.
En Colombia, el evento de 2023-2024 llevó los embalses de generación a mínimos históricos durante abril de 2024. El país suspendió temporalmente las exportaciones de electricidad hacia Ecuador y aplicó medidas de racionamiento del recurso hídrico.
En Ecuador, las altas temperaturas incrementaron la demanda de electricidad y posteriormente se registraron cortes prolongados del suministro, que alcanzaron hasta 14 horas en algunos periodos, con afectaciones para actividades económicas, instituciones y servicios de telecomunicaciones.
Maquilón recordó además que durante el evento de El Niño de 2009-2010, Venezuela declaró una emergencia eléctrica tras la reducción de los niveles del embalse del Guri, medida que dio paso a racionamientos, restricciones en horarios comerciales y reducción de jornadas laborales.
Los especialistas señalaron que las proyecciones climáticas seguirán actualizándose durante los próximos meses y recomendaron mantener el seguimiento de los pronósticos emitidos por los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales y por los comités nacionales encargados del monitoreo de El Niño, debido a que la evolución del fenómeno puede verse influenciada por otros factores del sistema climático.



