Ecuador bajo presión energética por déficit eléctrico y alza del petróleo
La nueva autoridad de Energía asumirá en medio de la fragilidad estructural en la matriz eléctrica y mayor presión fiscal por el alza de los combustibles importados.
El primer cuatrimestre de 2026 cierra con un sector energético ecuatoriano bajo presión, atravesado tanto por debilidades estructurales internas como por un entorno internacional adverso.
La salida de la ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, anunciada por el Gobierno para el 30 de abril de 2026, se produce en medio de una coyuntura marcada por apagones no programados, déficit de generación y un encarecimiento sostenido de la energía a nivel global. Todo esto, entre enero y abril de este año.
Este último hecho responde, en gran medida, a la escalada del conflicto en Medio Oriente, particularmente la guerra con Irán, que ha presionado al alza los precios del petróleo y de los combustibles.
En este contexto, advertencias de organismos como el Banco Mundial, que prevé un repunte del 24% en los precios de la energía para este año a escala global, contribuyen a un escenario de alta volatilidad en el sector energético.
Para Ecuador, esto implica una doble presión: mayores ingresos por exportación de crudo, pero también un aumento en el costo de importación de derivados, clave para la generación termoeléctrica y el sostenimiento de subsidios.

Un sistema eléctrico bajo presión
Uno de los hechos más relevantes del periodo enero-abril ha sido el deterioro del suministro eléctrico, derivado de las intermitencias en la generación hidroeléctrica.
La recurrencia de apagones no programados y la caída en los niveles de los embalses que alimentan centrales estratégicas como Coca Codo Sinclair y el complejo de Paute evidencian la alta dependencia del país de la generación hidroeléctrica.
Esta vulnerabilidad se hizo explícita en marzo, cuando el Estado solicitó al sector privado activar su autogeneración eléctrica, ante un “periodo de alerta por déficit”.
Aunque la medida no fue obligatoria, reflejó la estrechez del sistema eléctrico, altamente dependiente de pocas infraestructuras críticas y expuesto a condiciones climáticas adversas.
La cota o nivel del embalse de Mazar alcanzó el pico máximo de 2.154 msnm, el 12 de marzo de 2026. Mientras tanto, el 29 de abril de 2026 alcanzó los 2.131 msnm, a 16 metros del nivel crítico (2.115 msnm).

La apuesta térmica: solución inmediata, costo elevado
Frente a esta coyuntura, el gobierno de Daniel Noboa ha optado por reforzar la generación termoeléctrica como medida de choque. Así lo informó la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec EP), el 20 de abril de 2026.
El plan contempla la incorporación de 920 MW adicionales en 2026, combinando el arrendamiento de capacidad de rápida instalación (525 MW, con una inversión de USD 315,5 millones) y la compra de nueva infraestructura por alrededor de USD 381,3 millones, además de la reposición de equipos obsoletos.
La estrategia busca dar “firmeza” al sistema eléctrico en un contexto en el que la demanda crece entre un 4% y 5% anual, impulsada por la electrificación de sectores productivos y nuevas actividades intensivas en consumo energético. Sin embargo, esta solución implica un alto costo económico y ambiental.
La generación térmica depende principalmente de diésel y otros derivados importados, cuyos precios han registrado fuertes incrementos este año.
Solo en marzo, el diésel premium subió cerca de 67% en su precio de importación, reflejando el impacto directo del contexto internacional. Esto encarece el costo de generación eléctrica y aumenta la presión sobre el sistema de subsidios, profundizando las tensiones fiscales.
El 9 de marzo de 2026, el Gobierno lanzó un proceso para construir una planta eléctrica de 400 MW de ciclo combinado, que producirá energía a partir de la combustión de gas natural y el procesamiento de vapor de agua en el Litoral.
Frente hidrocarburífero: recuperación y metas ambiciosas
En paralelo, el sector petrolero trata de mostrar señales de reactivación con una estrategia enfocada en aumentar la producción.
La campaña de perforación 2026, impulsada por EP Petroecuador, incluye la operación de siete nuevas torres que perforarán 36 pozos en campos como Sacha, Lobo, Gacela, Pucuna, Tetete y Drago.
Esta iniciativa apunta a incorporar alrededor de 16.000 barriles diarios adicionales hasta 2027 y generar ingresos superiores a USD 900.000 diarios para el Estado.
En conjunto, la meta oficial es alcanzar un pico de producción superior a los 380.000 barriles de petróleo equivalentes por día (bpepd) desde mayo, que sumado a la producción privada —estimada en unos 97.000 barriles diarios— permitiría superar los 477.000 bpepd a nivel nacional.
El objetivo anual es llegar a 167 millones de barriles, de los cuales cerca del 79,5% correspondería a la empresa estatal y el resto a operadores privados. Este repunte busca aprovechar el ciclo de precios altos y fortalecer los ingresos fiscales.
EP Petroecuador apuesta por el fracking para mejorar la producción petrolera. El 29 de abril de 2026 la estatal anunció el desarrollo de esta tecnología en el bloque 57, para aumentar la producción en 930 barriles diarios.
No obstante, el contexto internacional introduce incertidumbre: si bien los precios elevados favorecen las exportaciones, también reflejan una alta volatilidad que puede afectar la estabilidad de los ingresos y la planificación fiscal de mediano plazo. Y eso se refleja en el alza mensual de los precios de los combustibles.

Un balance con más urgencias que soluciones estructurales
El balance del primer cuatrimestre del 2026 deja en evidencia que las medidas adoptadas han sido, en su mayoría, reactivas.
La mayor generación térmica, el llamado a la autogeneración privada y el impulso a la producción petrolera responden a la urgencia de sostener el sistema, pero no resuelven sus problemas de fondo.
Persisten desafíos estructurales como:
- La alta dependencia de la hidroelectricidad.
- La limitada diversificación de la matriz energética.
- La exposición a shocks internacionales en combustibles.
- La presión creciente sobre las finanzas públicas.
La salida de Inés Manzano ocurre en este contexto, donde la crisis energética no solo refleja una coyuntura adversa, sino también las limitaciones acumuladas en planificación e inversión.
De cara al resto de 2026, el desempeño del sector energético dependerá tanto de factores internos como externos: la evolución del conflicto internacional, el comportamiento de los precios del petróleo, la incorporación efectiva de nueva generación eléctrica y las condiciones hidrológicas.
Sin embargo, el reto central sigue siendo estructural. Sin una estrategia de largo plazo que apunte a diversificar la matriz energética, reducir la dependencia de combustibles importados y fortalecer la infraestructura, el país seguirá expuesto a episodios recurrentes de crisis, en medio de un entorno global cada vez más volátil.

Calor agrava la presión sobre el sistema eléctrico
En paralelo a las tensiones del sistema energético, Ecuador enfrenta un evento climático inusual que añade presión al consumo eléctrico. De allí que el Gobierno anunció, el 20 de abril de 2026, "una compensación en la planilla eléctrica en las zonas afectadas por la tormenta solar".
El país emitió "alerta por una ola de calor sin precedentes en la región costera", según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), por temperaturas superiores a los 33 y 34 grados centígrados en provincias como Manabí, Guayas, Los Ríos y El Oro, con sensaciones térmicas de hasta 40 grados.
El fenómeno, caracterizado por alta radiación solar, baja nubosidad y la entrada de aire seco desde el Pacífico, ha incrementado el uso de sistemas de refrigeración y, con ello, la demanda eléctrica en horas críticas.
El Inamhi ha señalado además que las temperaturas registradas en abril superan en hasta 2 grados los niveles observados en el mismo periodo de 2025, en una tendencia que, según la institución, se enmarca en los efectos del cambio climático y la mayor frecuencia de eventos extremos.
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— INAMHI Ecuador 🇪🇨 (@inamhi_ec) April 29, 2026