Palora-Pastaza, el corredor que conecta territorios y modos de vida

Entre Morona Santiago y Pastaza, el corredor Palora-Pastaza promueve la conectividad ecológica, la producción sostenible y la integración comunitaria.

Palora-Pastaza, el corredor que conecta territorios y modos de vida
De izq. a der.: Liliana Toapanta, Erika Zambrano, Tania Ukuncham y Suritiak Naichap, durante uno de los conversatorios del Simposio de Macas. Fotos: Youtopía Ecuador

En Macas, entre conversaciones técnicas, voces indígenas, productores agrícolas, investigadores, autoridades locales y organizaciones ambientales, el Corredor de Conectividad Palora-Pastaza dejó de ser solo una iniciativa ambiental para mostrarse como un territorio en construcción permanente.

No se trata únicamente de conservación. Lo que está en juego es la forma en la que dos provincias amazónicas —Morona Santiago y Pastaza— mantienen sus vínculos ecológicos, sociales y productivos, en un espacio donde la naturaleza sigue siendo un soporte de vida.

Durante dos días, el simposio “Donde los territorios se unen”, realizado el 22 y 23 de abril de 2026 en el Teatro Municipal Washington Ricaurte de Macas, reunió a múltiples actores en torno a una misma preocupación: cómo sostener la conectividad ecológica en un corredor clave para la biodiversidad amazónica.

El encuentro se desarrolló en el marco del Día de la Tierra (22 de abril), como un intento de traducir la conservación en acuerdos concretos sobre el territorio, la gobernanza y el futuro de los sistemas de vida en la Amazonía.

El 29 de julio de 2025, el Gobierno de Ecuador reconoció oficialmente esta extensa área de bosque amazónico como un corredor de conectividad.
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La principal función de estos espacios es permitir el tránsito de especies. 1.915 especies animales y 2.636 especies de plantas se beneficiarán.

Un corredor entre bosques y comunidades

El corredor no es una línea en el mapa, sino una estructura viva del paisaje que enlaza áreas protegidas, territorios indígenas y zonas de uso comunitario.

Desde esa perspectiva, la conectividad funciona como un puente entre grandes masas de vegetación que permite el desplazamiento de especies, pero también como una red donde se integran formas de vida humanas que no están separadas del ecosistema.

“Un corredor busca conectar dos áreas de bosque grandes. En este caso son áreas protegidas y territorios indígenas. Es un puente para que las especies puedan migrar y transitar entre estas zonas”, resume Carolina Rosero, Vicepresidenta y Directora Ejecutiva de Conservación Internacional Ecuador.

La conectividad, sin embargo, no se limita al bosque intacto. En el territorio también se expresa en las chakras y sistemas agroforestales, donde la producción forma parte del mismo paisaje.

El corredor Palora-Pastaza abarca más de 300.000 hectáreas entre Morona Santiago y Pastaza, integrando territorios indígenas Shuar, Achuar y Kichwa, junto a áreas protegidas como el Parque Nacional Sangay.

Con altitudes que varían entre 358 y 1.700 metros sobre el nivel del mar, este corredor brinda rutas esenciales para que jaguares, tapires amazónicos, monos lanudos y otras especies se desplacen en busca de alimento, pareja y hábitat adecuado.

La ciencia frente a la fragmentación

Desde la mirada científica, el punto crítico es la fragmentación del paisaje. Cuando los ecosistemas se interrumpen, la biodiversidad deja de funcionar como un sistema continuo y comienza a organizarse en pequeñas islas desconectadas.

El resultado es una pérdida progresiva de procesos ecológicos esenciales: movimiento de especies, ciclos del agua, regeneración del suelo.

“Sin preservación de corredores, el riesgo es terminar con una biodiversidad en pequeñas islas y un país donde el ambiente se degrada más intensivamente”, advierte Santiago Espinosa, investigador asociado al Wasi Lab de la PUCE.

En ese escenario, los corredores cumplen una función clave: sostener la conectividad biológica que permite la supervivencia de especies sensibles.

Entre ellas están anfibios y reptiles, considerados bioindicadores por su baja capacidad de dispersión y alta sensibilidad a cambios de temperatura, humedad y contaminación.

“Cuando estos ecosistemas se fragmentan, las especies quedan aisladas y eso impacta directamente en su supervivencia”, recoge Alejandra Razo, del Centro de Investigación Sumak Kawsay In Situ.

La investigadora insiste en que el corredor no es solo fauna o flora: también es suelo, agua, microorganismos y las propias comunidades humanas.

El Corredor de Conectividad Palora-Pastaza proporciona hábitat para más de 1.910 especies animales y 2.600 especies de plantas.
 El simposio 'Donde los territorios se unen' se realizó el 22 y 23 de abril de 2026, en el Teatro Municipal Washington Ricaurte de Macas.

Gobernanza y continuidad en el territorio

El corredor también abre una discusión sobre cómo se gobierna el territorio.

La articulación entre gobiernos locales, organizaciones y comunidades aparece como un eje central, para que la conectividad no se quede en un concepto técnico, sino que tenga capacidad de ejecución.

“Este tipo de encuentros nos permite construir una agenda conjunta y trabajar en una sola línea para mejorar la eficiencia en el territorio”, plantea el Alcalde de Morona, Francisco Andramuño, quien vincula el proceso con la gestión de territorios estratégicos como el Parque Nacional Sangay.

Pero el desafío no es solo técnico. También es político y social.

“Sin una instancia que lo sostenga, esto puede quedarse en algo sin funcionamiento. Se necesita una institucionalidad para gestionar proyectos y ejecutar los planes de vida de las nacionalidades”, advierte Severino Sharupi, expresidente de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza, al plantear la necesidad de una estructura que dé continuidad al corredor.

Producción, economía y vida cotidiana

En el territorio, la conservación también se expresa en la economía diaria.

El café es uno de esos ejemplos. En la comunidad Tres Marías de la parroquia Sinaí (cantón Morona), la producción se ha convertido en una alternativa que articula sostenibilidad y sustento familiar.

La experiencia de productores locales muestra cómo la agricultura amazónica se inserta en dinámicas de mercado, sin romper del todo con la vegetación.

“Es una riqueza aquí en la Amazonía porque dinamiza la economía y abre fuentes de trabajo para las familias”, comenta José Arévalo, productor de café en Morona, al recordar cómo la producción ha ganado espacio desde proyectos impulsados en 2016.

En paralelo, la bioeconomía también se expresa desde las mujeres indígenas, donde la artesanía y la recuperación de saberes ancestrales se convierten en una estrategia de organización y autonomía.

“Estamos fortaleciendo la artesanía como parte de la bioeconomía. Es un sueño de las mujeres sabias que ahora estamos haciendo visible”, comparte Mariana Vargas, de la Asociación de Mujeres Achuar Productoras Agroecológicas ARAK, quien vincula el proceso con la transmisión de conocimientos entre generaciones.

El productor José Arévalo (der.) comercializa su café 'Kuri Sacha' en ferias de Macas.

Financiamiento y nuevas oportunidades

La sostenibilidad del corredor también depende de mecanismos de financiamiento que permitan mantener las iniciativas en el tiempo.

En ese contexto, el Fondo del Biocorredor Amazónico aparece como una herramienta orientada a apoyar proyectos de conservación y uso sostenible, que nacen desde los propios territorios, con énfasis en bioeconomía, fortalecimiento de áreas protegidas y mejora de la calidad de vida de las comunidades.

Desde su diseño, el fondo prioriza iniciativas que combinan conservación con desarrollo local, bajo un enfoque técnico y con participación de actores comunitarios.

“Son proyectos que nacen desde la gente, de conservación y uso sostenible, que buscan mejorar la calidad de vida de la Amazonía”, resume Santiago Silva, especialista en Planificación para la Conservación de The Nature Conservancy (TNC), al describir el alcance de este mecanismo de financiamiento.

Ecuador abre convocatoria del biocorredor amazónico
El Gobierno abrió la primera convocatoria del Fondo del Biocorredor Amazónico, para financiar proyectos de conservación, restauración y bioeconomía.

En paralelo, desde el Estado se abre la posibilidad de acceso directo a recursos para comunidades, centros y organizaciones, ampliando el alcance de los proyectos más allá de ONG y gobiernos locales.

En ese marco, la gestión pública apunta a fortalecer la participación directa de las nacionalidades y comunidades, en la formulación de iniciativas productivas y ambientales.

“La idea es que las comunidades puedan acceder directamente a estos fondos y fortalecer la bioeconomía desde sus propios territorios”, plantea Cecilia Velasque, desde la Secretaría de Gestión y Desarrollo de los Pueblos y Nacionalidades, al referirse a las oportunidades de financiamiento territorial, a través del Programa para Financiamiento de Subproyectos Productivos, Artesanales y Turísticos.

Un corredor en construcción

El corredor Palora-Pastaza no aparece como un proyecto cerrado, sino como un proceso en construcción que intenta articular ciencia, comunidades, producción y gobernanza en un mismo territorio.

Su consolidación dependerá de la capacidad de sostener acuerdos en el tiempo, fortalecer la participación local y convertir los debates técnicos en acciones concretas sobre el paisaje.

La iniciativa del Corredor Palora-Pastaza se alinea principalmente con el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres), al abordar la conservación y conectividad de la Amazonía entre Morona Santiago y Pastaza.

El proyecto Corredores de Conectividad Amazónicos es una iniciativa coejecutada por el Ministerio de Ambiente y Energía de Ecuador y Conservación Internacional Ecuador, con el acompañamiento de WWF y el financiamiento del GEF y es parte del Programa Paisajes Sostenibles de la Amazonía (ASL), un programa de impacto del GEF, liderado por el Banco Mundial.

Además, 'Nuestros Futuros Bosques: Reservas Vitales', un proyecto regional implementado por Conservación Internacional, con el apoyo del Ministerio de Economía y Finanzas de Francia y el Fondo Francés para el Medio Ambiente Mundial (FFEM).