La Conferencia de las 'preguntas difíciles' empezó en Santa Marta
La Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles reúne a 50 países. Buscan acciones para disminuir el Cambio Climático.
Por Esteban Tavera
“Esa conferencia pone sobre la mesa una de las preguntas más difíciles que la civilización ha enfrentado en los últimos tiempos, porque busca encontrarle solución justamente al más grande problema civilizatorio de nuestra época”.
La frase es de Amarilys Llanos, una lideresa ambiental que durante décadas se ha opuesto a que su región, el Cesar, en el norte de Colombia, siga siendo un territorio dependiente de las economías fósiles.
Esta idea resume el reto que enfrenta la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro que reúne a más de 50 paíse para intentar acciones concretas para superar la dependencia de los combustibles, principal causa del calentamiento global.
La Conferencia establece tres ejes temáticos sobre los cuales estarán discutiendo más de 2.800 personas de gobiernos, academia, sindicatos, organizaciones sociales, pueblos y comunidades, entre el 24 y el 29 de abril de 2026.
Estos son: la transformación de la dependencia de la economía fósil; transformación de oferta y demanda de energía, e impulso de la cooperación internacional y la diplomacia climática.
También abrirá espacio para que se haga la presentación de un nuevo panel científico sobre transición energética. Esto ocurre en el contexto en que un grupo de científicos, según reveló el portal especializado Carbon Brief, haría un llamado a los gobiernos a frenar la expansión extractiva de combustibles fósiles.
Pero esta no es una negociación y no se atiene a la lógica de una Conferencia de las Partes (COP) de Cambio Climático. No se tomarán decisiones por consenso ni se contará con la presencia de los países de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Tampoco se elaboraría un acuerdo final de compromiso.
“Esta Conferencia no va a sacar una declaración uniforme, a ultranza, sino a construir acciones colectivas concretas que permitan acelerar la transición“, dijo Luz Dary Carmona, viceministra de Ordenamiento Ambiental de Colombia.
Sin embargo, el origen de esta conversación sí tiene que ver mucho con las COP de cambio climático. Para comenzar, la propuesta de hacer un encuentro para hablar de cómo salir definitivamente de los fósiles viene de una acción que marcó el tramo final de la pasada COP30, organizada por Brasil en Belém do Pará.

Allí, Colombia, junto con otros 21 países, lideró la presentación de un llamado a elaborar una hoja de ruta que ayude a que cada Estado comience a planear su transición. Pero el llamado, pese a que contaba con apoyo de la sociedad civil, no fue escuchado por las partes y la propuesta quedo fuera del acuerdo de esa COP.
“Para nosotros sería un fracaso que esta conferencia termine como una COP más”, dijo Llanos aludiendo a que ya en 2023 se logró que el primer Balance Mundial del Acuerdo de París, aprobado en la COP28 de Dubái, mencionara la necesidad de una transición lejos de los combustibles fósiles. Pero desde entonces ese tema ha sido esquivado en las negociaciones multilaterales.
La razón es más o menos evidente: hay una fuerte dependencia en las economías de muchos países a estos combustibles, bien sea porque sirven para mover o calentar sus sociedades, o porque generan grandes márgenes de ganancias a Estados y empresas.
En el caso de Colombia, la dependencia de la producción de petróleo, gas y carbón ha sido un gran obstáculo para la idea del Gobierno de abandonar esta economía. Según la Asociación Nacional de Comercio Exterior, en 2025 los combustibles y las industrias extractivas representaron un poco más del 38% de las ventas del país.
Además, Ecopetrol, la estatal petrolera, sigue siendo la empresa más importante de los colombianos y una de las que más aporta al PBI.
No es posible obviar la pregunta sobre cómo dejar de explotar estos combustibles en países con altos índices de pobreza, en el que podrían quedar sin empleo muchas personas que durante décadas han trabajado en minas de carbón o en empresas petroleras y gasíferas, y en cómo hacerlo sin que eso ponga en riesgo las finanzas del país.
Aún más, en un contexto de crisis energética como consecuencia de la guerra en Irán, en el que muchos países han evidenciado que la dependencia no solo es de los países que exportan petróleo, sino de aquellos que no tienen una matriz energética preparada para funcionar en momentos en que escasea ese hidrocarburo.
Pero, para Santiago Aldana, coordinador del programa de Ecología y Sustentabilidad de la Fundación Heinrich Böll en Colombia, hay un elemento que va más allá de los impactos de la actual crisis de los precios del petróleo.
“El incremento de los precios de las gasolinas y la crisis en los precios del carbón, pero también el hecho de que haya comunidades que ni siquiera tienen acceso a energía, es una muestra de que los combustibles fósiles no han garantizado lo que las comunidades necesitan”, comentó.
Para Juan Pablo Soler, líder ambiental con una larga historia de construcción de soluciones energéticas con su organización Comunidades SETAA, en las comunidades existe la expectativa de que este espacio sí tenga una intención sincera de escucharlas, algo que no ha pasado antes en los espacios multilaterales.
Frente a estas limitaciones, la viceministra Carmona señaló que están pensando en la construcción de una herramienta como una secretaría técnica, una coordinación entre países, que permita hacer seguimiento a las acciones concretas que se propongan en la Conferencia, para ampliarlas a otros paí ses, y que también se coordine entre los pueblos de los diferentes países.
Pero la sociedad civil llega con más ambiciones. “Sería un éxito si empezamos a formular acciones que nos encaminen hacia un instrumento vinculante, normativo y global”, dice Llanos, quien sabe que esto no se logrará en los seis días de conferencia, pero sí espera que se den pasos en esa línea.
De otro lado, según Andrés Gómez, coordinador para América Latina del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, se espera que el resultado de esta Conferencia haga parte de la propuesta de hoja de ruta que actualmente está trabajando Brasil, como presidencia de la COP30, y que será entregado al presidente de la COP31, a desarrollarse en Turquía.
“También esperamos que se genere un camino claro hacia cómo abordar este vacío en la gobernanza internacional, que sea complementario al Acuerdo de París y que sea un tratado sobre combustibles fósiles”, señaló Gómez.
Por lo pronto, en Santa Marta el escenario de discusión ya está dispuesto y el ambiente está muy marcado por la actual contienda electoral que atraviesa Colombia, en donde las discusiones energéticas han sido claves.
Este texto fue producido por Climate Tracker América Latina con el apoyo de Heinrich Böll Stiftung
