Ecuador perdió 202.685 hectáreas por incendios en 12 años
La concentración de áreas quemadas se ubica principalmente en las regiones Costa y Sierra. Loja, Pichincha e Imbabura son las provincias más afectadas.
El fuego vuelve a ganar terreno en los Andes ecuatorianos, sobre todo en la Sierra Norte. A mediados de agosto de 2026, equipos especializados han combatido incendios forestales en Pichincha e Imbabura, mientras en Carchi las autoridades lograron liquidar otro foco.
Los incendios reportados en las últimas semanas han dejado una afectación preliminar de más de 2.100 hectáreas (ha), aunque la superficie podría aumentar conforme avance el monitoreo y se actualicen las evaluaciones.
El Ministerio de Ambiente y Energía (MAE) informó el 13 de agosto de 2026 que el incendio en la Reserva Geobotánica Pululahua, en Pichincha, continuaba activo y ha afectado preliminarmente más de 500 hectáreas.
En Imbabura, un nuevo análisis satelital de Fundación EcoCiencia identificó siete zonas afectadas por incendios forestales dentro del Parque Nacional Cotacachi-Cayapas y su zona de amortiguamiento, con una superficie conjunta estimada de 1.618 ha de cicatrices de incendio.
En Carchi, en cambio, el incendio registrado en el sector Chulte, en la zona de influencia de la Reserva Ecológica El Ángel, fue liquidado.
EcoCiencia: 1.618 ha afectadas en Cotacachi-Cayapas
El análisis satelital de Fundación EcoCiencia, realizado en el marco de la Red de Investigación Científica para el Manejo Integral del Fuego, permite dimensionar con mayor precisión la afectación registrada en Imbabura.
Con corte al 12 de agosto de 2026, fueron identificadas siete zonas con cicatrices de incendios forestales dentro del Parque Nacional Cotacachi-Cayapas y en su zona de amortiguamiento.
De esas siete zonas, dos permanecían activas al momento del monitoreo. Sus cicatrices alcanzaban aproximadamente 490 y 481 ha, respectivamente, para un total cercano a 971 ha.
Las otras cinco zonas se encontraban inactivas y registraban superficies estimadas de 171, 172, 120, 134 y 50 ha. En conjunto, las siete zonas identificadas suman aproximadamente 1.618 ha de cicatrices de incendios forestales, según la estimación obtenida mediante información satelital.
El análisis no equivale necesariamente a una medición definitiva de la superficie quemada, pero permite identificar la distribución espacial de los incendios y hacer seguimiento a su evolución, tanto dentro del área protegida como en su zona de amortiguamiento. La información constituye un insumo técnico para dimensionar el impacto y orientar el seguimiento de estos eventos.

20.148 incendios en una década
Pero estas cifras adquieren otra dimensión cuando se las coloca frente al registro histórico del país.
La Estrategia Nacional de Manejo Integral del Fuego (ENMIF) 2025-2035 señala que entre 2010 y 2021 Ecuador registró 20.148 incendios forestales, que afectaron una superficie acumulada de 202.685 ha. Es decir, en poco más de una década, el fuego afectó un territorio equivalente a 2.026,85 km2.
Entre 2010 y 2021 registraron 20.148 incendios forestales en Ecuador, los cuales afectaron una superficie acumulada de 202.685 hectáreas.
La magnitud es difícil de visualizar. Esa superficie representa alrededor de 60% del territorio de Tungurahua y más de la mitad de provincias como Carchi o Bolívar.
El dato no describe un solo desastre, sino la acumulación de miles de incendios registrados en 12 años y evidencia que la pérdida de cobertura vegetal provocada por el fuego constituye un problema persistente.
La distribución tampoco ha sido uniforme. Loja encabeza la lista de provincias con mayor superficie afectada, con 39.205,38 ha, seguida por Pichincha, con 26.594,90 ha, e Imbabura, con 22.022,21 ha. Las dos últimas, precisamente, vuelven a estar entre los territorios que enfrentan incendios este agosto (ver tabla adjunta).
El patrón territorial descrito por la ENMIF muestra además una concentración de las áreas quemadas principalmente en la Costa y la Sierra.
Dentro de los espacios destinados a conservación, el impacto de los incendios forestales también ha sido significativo: el documento registra 17.303 ha afectadas en bosques y vegetación protectora.
Además, 12.057 ha dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, 6.824 ha en Áreas de Protección Hídrica y 2.452 ha en predios del programa Socio Bosque.

Un problema que no termina cuando se apaga el fuego
El incendio forestal no supone únicamente la pérdida inmediata de vegetación. En un país que cuenta con 91 ecosistemas terrestres identificados y miles de especies bajo alguna categoría de amenaza, la afectación sobre los ecosistemas puede prolongarse mucho después de que las llamas hayan sido controladas.
La propia ENMIF identifica 2.238 especies bajo alguna categoría de amenaza, de acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN): 315 en peligro crítico, 816 en peligro y 1.107 vulnerables.
El fuego se suma así a otras presiones sobre el territorio, entre ellas la pérdida de cobertura vegetal y la transformación del suelo.
El documento recoge que entre 1990 y 2014 Ecuador perdió cerca de 2,2 millones de hectáreas de bosque natural.
Además, entre 2016 y 2018 la deforestación bruta anual promedio fue de 82.529 ha. Entre 2000 y 2008, según el diagnóstico de la estrategia, el 99,4% de las áreas deforestadas fueron convertidas a actividades agropecuarias.
Del combate al manejo integral del fuego
La estrategia aprobada por el Gobierno busca cambiar ese enfoque. El Acuerdo Ministerial MAE-MAE-2026-0038-AM, publicado en el Registro Oficial el 21 de abril de 2026, aprobó la ENMIF 2025-2035 y su Plan Nacional de Acción como instrumentos oficiales para planificar, controlar, dar seguimiento y evaluar las acciones relacionadas con el fuego.
La estrategia plantea pasar de una lógica centrada principalmente en la extinción a un manejo integral del fuego, que incorpore prevención, ecología del fuego, conocimiento científico, participación comunitaria, reducción de combustibles, uso regulado de quemas y alternativas al fuego en actividades rurales.
El nuevo esquema también contempla la creación del Comité Nacional de Manejo Integral del Fuego (Conamif), como instancia de coordinación interinstitucional. El comité estará integrado por entidades ambientales, de gestión de riesgos, agricultura, defensa, educación, seguridad, planificación, gobiernos locales y el ECU 911.
La estrategia establece además cuatro grandes ámbitos de acción: política pública y marco legal; gestión del conocimiento; manejo y ecología del fuego; y cultura del fuego.
Entre las medidas previstas están el fortalecimiento de sistemas de alerta temprana, mapas de combustibles, investigación científica, capacitación de comunidades, quemas prescritas y controladas bajo planificación, y la restauración de áreas degradadas.
La normativa también prevé que el Plan Nacional de Acción sea revisado y, de ser necesario, actualizado cada dos años, mientras que la estrategia deberá ser evaluada y reformulada al cumplirse una década.

Una estrategia con 56 acciones
La ENMIF 2025-2035 estructura sus 56 acciones en 15 líneas estratégicas, agrupadas en cuatro ejes principales: política pública y marco legal; gestión del conocimiento; manejo y ecología del fuego; y cultura del fuego.
El primer eje plantea fortalecer el marco institucional y normativo, además de crear mecanismos de financiamiento para el manejo integral del fuego.
El segundo apuesta por la investigación científica, la educación y el fortalecimiento de las capacidades de las comunidades y de los equipos que intervienen en estas emergencias.
El tercer eje se concentra en la prevención y el manejo del fuego. Incluye sistemas de alerta temprana, mapas de combustibles, pronósticos, calendarios de quema, quemas prescritas y controladas, así como acciones de restauración ecológica en áreas degradadas.
El cuarto busca intervenir sobre la relación de la sociedad con el fuego: reconoce sus usos culturales y agropecuarios, promueve alternativas sostenibles y plantea campañas de comunicación y sensibilización.
El cambio de enfoque es uno de los principales planteamientos de la estrategia. La respuesta ya no debería limitarse a extinguir las llamas cuando un incendio comienza, sino incorporar prevención, conocimiento, manejo, participación comunitaria y restauración.
La ENMIF tiene una vigencia de diez años y establece que su Plan Nacional de Acción deberá ser revisado y actualizado cada dos años. Su evaluación integral está prevista al finalizar el período de la estrategia.
El desafío, por tanto, no se limita a responder a los incendios que ocurren hoy. La meta planteada para 2035 es que el país tenga mayor capacidad para anticiparse al fuego, reducir sus impactos y recuperar los ecosistemas afectados.

La prevención como desafío
El 18 de agosto, Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales, busca llamar la atención sobre la importancia de prevenir estos eventos y proteger los ecosistemas, una discusión que cobra especial relevancia en Ecuador ante el historial de más de 20.000 incendios registrados en poco más de una década.
La fecha también pone el foco en un principio que atraviesa la nueva Estrategia Nacional de Manejo Integral del Fuego: prevenir antes que reaccionar.
De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Energía, más del 90% de los incendios forestales tienen origen humano y pueden prevenirse.
El artículo 246 del Código Orgánico Integral Penal (COIP), sanciona a quien provoque directa o indirectamente incendios forestales con pena privativa de libertad de 1 a 3 años.
Si el incendio ocurre en áreas protegidas o ecosistemas frágiles como páramos, manglares o bosques nativos, la pena se agrava. Y si el incendio forestal causa la muerte de una persona, la sanción aumenta de 13 a 16 años de prisión.

