El Niño ya está aquí y es posible que se intensifique en noviembre
Su presencia ya es una realidad en el Pacífico. La discusión pendiente es su intensidad, una vez que se ha superado la "barrera de predictibilidad primaveral".
Por Álvaro Samaniego
El Centro de Predicciones Climáticas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) alertó, en su informe del 11 de junio de 2026, que hay 63% de probabilidades de que alcance la categoría de “muy fuerte” (un “superniño”, como ha bautizado la prensa).
Hasta hace dos meses, existía un consenso en que no había evidencia científica que sustentara una alarma mayor a la usual.
El Niño es un fenómeno que provoca el calentamiento del océano Pacífico alrededor del equinoccio. Su consecuencia es la intensificación de las lluvias hacia el este y una ausencia casi total de precipitaciones al oeste.
Su aparición en 1997-1998, una de las peores registradas en Ecuador, provocó un número aproximado de 244 muertos, 147 heridos y 52 desaparecidos, así como miles de millones de dólares en pérdidas en infraestructura.
Sin embargo, la mayoría de los científicos habían mantenido una posición de cautela hasta transponer, entre marzo y mayo, la "barrera de predictibilidad primaveral".
Durante estos meses, los modelos climáticos atraviesan una zona ciega. La interacción entre el océano Pacífico y la atmósfera entra en una fase de transición especialmente volátil.
Los datos recabados fuera de la barrera no son alentadores. El Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA emitió, el 11 de junio, una “Advertencia de El Niño”: el nivel de alerta más alto de su sistema de monitoreo.
Otras agencias también han emitido alertas con mayor o menor cautela, y todavía mantienen diferencias con respecto a la intensidad.
Lo preocupante es que algunas instituciones especializadas hablan de un El Niño histórico. Es decir, el impacto sería superior a cualquier otro de los medidos desde 1950, cuando se inició el monitoreo.
El anuncio de NOAA marca un punto de inflexión respecto a los meses anteriores, cuando los científicos seguían diagnosticando condiciones neutrales con probabilidades de transición.
Ahora el fenómeno ya no es una posibilidad que se aguarda: es una realidad en desarrollo, cuyo pico de intensidad podría ubicarse en noviembre del presente año. La pregunta ya no es si el fenómeno llegará, sino cuánta fuerza acumulará.
Los pronósticos de la NOAA estiman un 63% de probabilidad de que las temperaturas superficiales del mar superen los 2,0°C por encima del promedio, en la región monitoreada del Pacífico.
Aumento de la temperatura

La advertencia resulta especialmente pertinente para Ecuador. El cambio en el uso del suelo, es decir, más población asentada en zonas de quebradas y laderas, y el calentamiento global acumulado, añaden variables no contempladas.
La climatóloga Cristina Argoti lo resumió en el anterior reportaje de Youtopia: el cambio climático hace que los eventos sean más extremos, y Ecuador ya lo ha sentido

El punto ciego de primavera
Entre marzo y mayo, las señales que los científicos usan para anticipar si se avecina un El Niño —temperatura del agua, vientos alisios, corrientes submarinas— se vuelven ambiguas, contradictorias o simplemente débiles.
Los modelos computacionales, por más sofisticados que sean, pierden precisión justo cuando más se los necesita.
El efecto práctico es significativo. Un pronóstico emitido en abril puede apuntar con confianza en una dirección y, semanas después, las mismas instituciones deben corregirlo sustancialmente.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte sistemáticamente que sus proyecciones de primavera "deben interpretarse con cautela". Superada esa barrera, el panorama cambia de manera notable.
Para ilustrarlo con los datos de este año: en plena primavera boreal, los institutos científicos estimaban que había entre un 55% y un 62% de probabilidad de que El Niño se desarrollara entre junio y agosto.
Hoy, con la barrera atrás y las temperaturas del Pacífico central ya en +0,9°C —casi el doble del umbral oficial de El Niño—, esa probabilidad ha saltado al 80–82% según la OMM y al 96–98% según el IRI de la Universidad de Columbia.
El fenómeno ya no es una posibilidad que se debate: es, en palabras del jefe de predicción climática de la OMM, Wilfran Moufouma Okia, una certeza con "alto nivel de confianza".
Galápagos es una de las provincias más vulnerables. Aparte de daños a la infraestructura, hay riesgo de erosión costera. El Niño eleva la temperatura superficial del mar y la consecuencia es una reducción de nutrientes y efectos nocivos contra el fitoplancton.
Tanto en las Islas Encantadas como en la zona continental, se prevé una disminución de peces y especies marinas clave. La fractura de la cadena alimenticia pone en riesgo la supervivencia de las especies, tanto terrestres como marinas, que sufren el estrés del calentamiento global.
Investigaciones académicas en Ecuador han determinado que la prevención es entre 4 y 7 veces más barata que la reparación. Los dos El Niño que golpearon con más fuerza a Ecuador (1997-98 y 1983-83) costaron, en reparaciones, sobre los USD 3.500 millones.
En términos prácticos, un evento fuerte de El Niño podría restar 1 ó 2 puntos porcentuales al cumplimiento de los ODS 2030 en Ecuador que, hasta ahora, llega apenas al 17%.
Preparativos en Ecuador
La respuesta nacional ha sido declarar alerta amarilla en 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias, ubicadas hasta los 1.500 metros de altitud.
La declaratoria obliga a activar los Comités Operacionales de Emergencia (COE) cantonales y provinciales, a actualizar planes de respuesta y a reforzar sistemas de alerta temprana.
El COE Nacional dispuso el mantenimiento urgente de la red vial y los sistemas energéticos, además de reforzar la capacidad de reacción y atención en hospitales y centros de salud.
Los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) tienen hasta el 23 de junio de 2026 para presentar sus planes de acción frente al evento El Niño 2026-2027, de acuerdo a la resolución del COE Nacional.
"La información que remitan los GADs servirá para evaluar capacidades institucionales, necesidades y riesgos específicos, elementos fundamentales para proteger a la población y reducir posibles afectaciones", señaló el COE Nacional.
También se informó que, a través de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR), el Ministerio de Infraestructura y Transporte y las mesas técnicas interinstitucionales, se mantiene un trabajo de coordinación para fortalecer la preparación del país frente al evento El Niño.
El monitoreo de distintos efectos adversos de las precipitaciones, como inundaciones, deslizamientos y erosión hídrica, entre otros, se mantiene al día.
Eventos adversos desde el 1 de enero

