La Amazonía busca convertir biodiversidad en negocios de bioeconomía
El Programa BASE financia bionegocios en la Amazonía ecuatoriana, con recursos del BID y el Fondo Verde para el Clima, a través de Conafips.
Un chocolate elaborado con cacao fino de aroma, una línea de cosméticos a base de ingredientes amazónicos o productos medicinales obtenidos de plantas nativas pueden parecer negocios muy distintos. Pero tienen un punto en común: utilizan la biodiversidad como materia prima y buscan generar ingresos sin desligar la producción de la conservación.
La Asociación Kallari en la provincia de Napo es uno de esos casos. Sus productores cultivan cacao fino de aroma bajo sistemas agroforestales que conservan el bosque y generan ingresos para las comunidades.
Ikigam, en el campo de la biocosmética, desarrolla productos de cuidado personal con ingredientes de la Amazonía y recupera saberes ancestrales. Nunkui Wakan, en tanto, aprovecha especies nativas para elaborar productos vinculados con la fitoterapia, aceites esenciales y otros productos naturales.
Son ejemplos de lo que busca impulsar la bioeconomía: transformar de manera sostenible la biodiversidad y la agrobiodiversidad en productos, servicios y cadenas de valor con mayor conocimiento, innovación y valor agregado.
Para ampliar este tipo de actividades, la Corporación Nacional de Finanzas Populares y Solidarias (Conafips) ejecuta el Programa BASE —Financiamiento de Bionegocios para un Amazonas Sostenible—, una iniciativa de USD 21,3 millones, que cuenta con recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Fondo Verde para el Clima (GCF).
El programa busca ampliar el acceso al financiamiento para bionegocios y actividades productivas sostenibles, principalmente en las provincisa de Sucumbíos, Orellana, Napo, Pastaza, Morona Santiago y Zamora Chinchipe.

Crédito para una economía basada en la biodiversidad
La apuesta parte de una realidad: productores, emprendimientos y organizaciones que trabajan con recursos biológicos necesitan financiamiento, pero sus ciclos productivos y las características de sus negocios no siempre encajan en los productos crediticios tradicionales.
BASE busca atender esa brecha con la participación de la red de cooperativas de ahorro y crédito y otras organizaciones del sector financiero popular y solidario (OSFPS). Conafips actúa como banca pública de segundo piso y canaliza los recursos hacia estas entidades, que son las que llegan directamente a los beneficiarios.
El programa no se limita a financiar cultivos. Entre los sectores priorizados están la agricultura sostenible, agroforestería, productos forestales no maderables, agroindustria, acuicultura sostenible, turismo de naturaleza y servicios ecosistémicos.
Esto permite financiar actividades a lo largo de las cadenas productivas: desde bioinsumos, material vegetal nativo y certificaciones hasta cosecha, acopio, transformación y comercialización.
En productos forestales no maderables, por ejemplo, pueden financiarse semillas nativas, aceites, procesos de fermentación y empaquetado.
En turismo de naturaleza se contemplan infraestructura verde, energía solar, ecoturismo y transporte. También pueden financiarse actividades relacionadas con carbono, biodiversidad y agua.
La lógica es que la bioeconomía no se limite a la extracción o producción primaria, sino que genere mayor valor en los territorios.

USD 16 millones para bionegocios
De los USD 21,3 millones que conforman BASE, USD 16 millones corresponden al componente de financiamiento de bionegocios.
Otros USD 2,25 millones se destinan al Fondo de Cobertura FOCOB y USD 3,05 millones al fortalecimiento institucional de Conafips y las OSFPS participantes.
Los recursos de crédito están dirigidos principalmente a pequeños productores y microempresas, aunque el programa también contempla asociaciones, cooperativas rurales y empresas medianas o ancla, que puedan articular cadenas de valor.
Los montos referenciales llegan hasta USD 85.000 para microempresas y pequeños productores; hasta USD 200.000 para asociaciones y cooperativas; y hasta USD 300.000 para empresas medianas y empresas ancla.
Los pagos pueden adaptarse al ciclo productivo del negocio, con cuotas mensuales, trimestrales, semestrales, anuales u otras modalidades, según la actividad financiada y las características del producto financiero.
Conafips entrega los recursos a las cooperativas a una tasa nominal de segundo piso de 4,50%. El esquema establece que la concesionalidad debe trasladarse al beneficiario final mediante mejores condiciones de tasa, plazo, perfil de pago o período de gracia.

Compartir el riesgo para abrir una nueva cartera
El financiamiento viene acompañado de un mecanismo para reducir parte del riesgo que enfrentan las cooperativas, al incursionar en actividades de bioeconomía.
El Fondo de Cobertura FOCOB puede cubrir hasta el 50% del saldo de la cartera de préstamos de bioeconomía de una organización.
Para pérdidas individuales, el mecanismo contempla una cobertura de hasta 60%, que puede alcanzar el 80% para mujeres y pueblos y nacionalidades indígenas, bajo los incentivos previstos por el programa.
La cobertura no sustituye la evaluación crediticia. Los subpréstamos deben cumplir los criterios de elegibilidad y contar con una calificación de riesgo A o B al momento del desembolso de Conafips.
El programa también incorpora una taxonomía verde que permite determinar qué actividades son elegibles, cómo se verifica el destino de los recursos y qué objetivos ambientales están asociados a cada financiamiento.

Más de 550 créditos en la primera etapa
A junio de 2026, BASE había movilizado USD 904.795 mediante 553 créditos destinados a actividades de bioeconomía en la Amazonía. Ocho cooperativas de ahorro y crédito participaban en la canalización de los recursos.
Los primeros resultados también muestran el componente de inclusión que busca incorporar el programa. Más del 64% del monto financiado correspondía a mujeres y aproximadamente el 40% a pueblos y nacionalidades indígenas.
Entre las principales actividades que ya reciben financiamiento están el cacao, el plátano y los frutales tropicales.
La meta es que este tipo de cartera crezca y que las instituciones financieras puedan identificar nuevas oportunidades productivas en un territorio donde la biodiversidad es uno de sus principales activos.
Ecuador ocupa alrededor del 0,2% de la superficie terrestre mundial, pero concentra cerca del 6,1% de las especies del planeta, según la presentación del BID sobre el Programa BASE. Esa riqueza biológica es una de las razones por las que el país forma parte del grupo de 17 países considerados megadiversos.
Para la bioeconomía, esa diversidad no es únicamente un patrimonio que debe conservarse. También puede ser la base para desarrollar alimentos, cosméticos, productos medicinales, sistemas agroforestales, turismo de naturaleza y servicios ambientales, siempre que su aprovechamiento sea sostenible.
Casos como Kallari, Ikigam y Nunkui Wakan muestran que esas actividades ya existen en la Amazonía.
El desafío que plantea BASE es llevar más financiamiento a ese ecosistema de negocios y lograr que la biodiversidad se convierta en una fuente de ingresos, empleo y desarrollo local sin perder de vista el capital natural que los hace posibles.


