'Sostenibilidad, una herramienta estratégica para las empresas'

Evangelina Gómez-Durañona considera que cada vez hay menos espacio para el 'greenwashing' y se está pasando al 'greenhushing', por el mayor escrutinio público

'Sostenibilidad, una herramienta estratégica para las empresas'
Evangelina Gómez-Durañona dirige el Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social y Sostenibilidad. Foto: Cortesía.

La sostenibilidad, poco a poco y cada vez más, se está convirtiendo en un “factor de competitividad y gestión de riesgos” para las empresas ecuatorianas. Es una de las conclusiones de Evangelina Gómez-Durañona, directora del Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social y Sostenibilidad (Ceres).

El Consorcio está integrado por más de 100 organizaciones reconocidas por su trabajo enfocado en el desarrollo sustentable y la incorporación de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) a su modelo de gestión.

Youtopía sostuvo una entrevista con la experta. Ella señala que no se evidencia necesariamente un aumento en el monto total de dinero invertido, pero sí una mejor orientación de los recursos, integrando los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las decisiones centrales del negocio y su cadena de valor.

Asimismo, que se está pasando del greenwashing al greenhushing, pues el margen para las falsas promesas ambientales ha disminuido debido a un mayor escrutinio público, a las exigencias de los inversionistas y a estándares de verificación más estrictos, lo cual lleva a algunas organizaciones a ser mucho más cautelosas al comunicar sus esfuerzos.

Atribuye el limitado avance en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a crisis globales (pandemia, tensiones geopolíticas, inflación y cambio climático) que desviaron las prioridades y a falta de ejecución en países como Ecuador, donde no se logró traducir la agenda global en políticas públicas o presupuestos reales. Para revertir esa tendencia –dice– se requiere transitar hacia soluciones colectivas y coordinadas que involucren a gobierno, empresas y sociedad civil.

En 2025, Ecuador tuvo dos logros y dos retrocesos en los 17 ODS
Logros en Igualdad de Género y Agua limpia y retroceso en Educación de calidad y Paz e instituciones sólidas. Mejoras moderadas en siete y estancamiento en seis.

⁠¿Siente que los temas de sostenibilidad han perdido importancia entre las empresas que son parte de CERES?

No. Lo que ha cambiado es la forma en que las empresas entienden la sostenibilidad. Hace una década, muchas organizaciones la veían principalmente como responsabilidad social o reputación. Hoy la entienden como un factor clave para la competitividad, la gestión de riesgos, la resiliencia y la creación de valor a largo plazo.

De hecho, en el contexto complejo en que operan actualmente las empresas, marcado por incertidumbre económica, tensiones geopolíticas, cambios regulatorios y desafíos sociales y ambientales, la sostenibilidad deja de ser un complemento y se convierte en una herramienta estratégica para fortalecer la continuidad y adaptación de los negocios.

¿Cree que ahora hay más grupos empresariales interesados en aportar a la sostenibilidad?

Sí. Hoy vemos que cada vez más organizaciones incorporan criterios ambientales, sociales y de gobernanza porque entienden que los mercados, los inversionistas, los consumidores y las regulaciones lo exigen.

Más que un crecimiento cuantitativo, estamos observando una expansión hacia sectores donde antes la sostenibilidad no formaba parte de la estrategia de negocio. Esto demuestra que está dejando de ser un tema voluntario o reputacional para convertirse en un factor de competitividad y gestión de riesgos.

⁠¿Los grupos empresariales están aportando cada vez más cantidad de recursos para la sostenibilidad?

No existen suficientes estudios que permitan afirmar con certeza si las empresas están destinando más o menos recursos a la sostenibilidad. Sin embargo, lo que sí se observa es una evolución en la forma en que esos recursos se asignan. En mi experiencia, no necesariamente estamos viendo mayores inversiones en términos absolutos, sino inversiones mejor orientadas.

Estamos transitando de una lógica basada en proyectos aislados o acciones puntuales hacia modelos donde la sostenibilidad se integra en las decisiones de negocio, en la cadena de valor, en la gestión del talento, en la innovación y en la estrategia corporativa.

Esto es importante porque la sostenibilidad deja de ser un tema periférico para convertirse en un factor que influye en la competitividad, la gestión de riesgos y la creación de valor de largo plazo. Por eso, la pregunta ya no es únicamente cuánto se invierte en sostenibilidad, sino cuánto de la inversión total de una empresa incorpora criterios de sostenibilidad.

Hay muchas acciones sin impacto real en la sostenibilidad que son utilizadas para fines de mercadeo. ¿Cree que esa práctica ha aumentado, se ha mantenido o ha disminuido?

Creo que el greenwashing sigue existiendo, pero su margen de maniobra se ha reducido significativamente. Hoy los grupos de interés son más exigentes, existe mayor acceso a la información y los estándares de reporte y verificación son cada vez más rigurosos. Las empresas ya no son evaluadas únicamente por lo que dicen, sino por lo que pueden demostrar. Una afirmación ambiental o social sin evidencia puede convertirse rápidamente en un riesgo reputacional.

De hecho, estamos observando un fenómeno interesante: algunas organizaciones han pasado de comunicar excesivamente sus esfuerzos a ser mucho más cautelosas al hablar de ellos, lo que se conoce como greenhushing. Esto refleja que el nivel de escrutinio ha aumentado y que la sostenibilidad está dejando de ser un ejercicio de marketing para convertirse en un tema de gestión, transparencia y rendición de cuentas.

"La sostenibilidad está dejando de ser un ejercicio de marketing para convertirse en un tema de gestión, transparencia y rendición de cuentas"

⁠¿Qué piensa que ha provocado un resultado tan tímido respecto al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?

Los ODS nacieron como una agenda extraordinariamente ambiciosa y, quizás por eso mismo equerían una movilización sin precedentes de gobiernos, empresas, sociedad civil y organismos internacionales. Sin embargo, pocos años después de su adopción, el mundo enfrentó una pandemia, conflictos geopolíticos, crisis económicas, inflación, fenómenos climáticos extremos y un aumento de las desigualdades sociales. Todo ello desvió recursos, atención y capacidades hacia la gestión de emergencias.

Los ODS fueron concebidos bajo un escenario de cooperación global que hoy es mucho más complejo y fragmentado. Pero también debemos reconocer que, en muchos países, incluyendo Ecuador, no logramos traducir esta agenda en políticas públicas, inversiones y modelos de gestión con la velocidad y escala necesarias.

En muchos casos, los ODS fueron vistos como una aspiración o un marco de referencia, más que como una hoja de ruta para la toma de decisiones. El desafío no fue la falta de compromiso, sino la dificultad de incorporar los objetivos en los presupuestos, las estrategias empresariales y las prioridades de desarrollo. Por eso, más que hablar de un fracaso, deberíamos hablar de una brecha entre la ambición de la Agenda 2030 y la capacidad real que tuvimos para implementarla.

 ¿Qué debería pasar para revertir esta tendencia?

Necesitamos pasar de la lógica de proyectos aislados a una lógica de sistemas. Los desafíos actuales —cambio climático, pobreza, educación, empleo, biodiversidad y desigualdad— no pueden resolverse desde esfuerzos fragmentados. Requieren políticas públicas consistentes, inversión privada, innovación, financiamiento, cooperación internacional y una participación activa de la sociedad civil.

La próxima etapa de la sostenibilidad dependerá menos de la cantidad de compromisos anunciados y más de nuestra capacidad para construir soluciones colectivas, medibles y sostenidas en el tiempo. Para revertir la tendencia, debemos lograr que la sostenibilidad deje de ser una agenda paralela y se convierta en parte central de las decisiones de desarrollo, inversión y competitividad.

¿Qué nivel de responsabilidad tienen las empresas en este resultado?

El sector empresarial tiene una responsabilidad importante, pero no exclusiva. Los ODS fueron concebidos como una agenda compartida, por lo que ningún actor puede alcanzarlos por sí solo. Las empresas tienen la capacidad de innovar, invertir, generar empleo y transformar cadenas de valor, por lo que su aporte es fundamental.

Sin embargo, también se requieren políticas públicas consistentes, instituciones sólidas, financiamiento adecuado y una ciudadanía comprometida. La sostenibilidad no depende únicamente de lo que hagan las empresas; es una responsabilidad colectiva que exige la acción coordinada de todos los sectores.

"La sostenibilidad no depende únicamente de lo que hagan las empresas; es una responsabilidad colectiva que exige la acción coordinada de todos los sectores"

⁠¿Qué debería suceder en Ecuador para que encontremos una posición más sólida en sostenibilidad?

Contamos con enormes fortalezas: una biodiversidad única, recursos naturales estratégicos, talento humano y un sector empresarial cada vez más consciente de su rol en la sociedad. Sin embargo, para aprovechar ese potencial necesitamos fortalecer la institucionalidad, generar mayor confianza entre los distintos actores y consolidar políticas que trasciendan los ciclos políticos.

Los países que avanzan más rápido son aquellos que logran alinear crecimiento económico, inclusión social y protección ambiental bajo una misma visión de futuro. Ese debería ser también el camino para Ecuador.

¿Cómo evalúa el trabajo que realiza Ceres?

Ceres ha desempeñado un papel importante en la evolución de la sostenibilidad empresarial en Ecuador durante más de dos décadas. Hoy nuestra misión va más allá de sensibilizar. Buscamos acelerar la transformación empresarial, generar conocimiento, fortalecer capacidades y promover alianzas que permitan escalar el impacto.

Si tuviera que resumir nuestro aporte en una frase, diría que hemos contribuido a que la sostenibilidad deje de ser un tema periférico y se convierta en una decisión estratégica para muchas empresas ecuatorianas. Pero también somos conscientes de que los desafíos actuales exigen ir más lejos. La próxima década requerirá menos discursos y más evidencia de impacto, menos esfuerzos aislados y más acción colectiva. Ese es el desafío que seguimos impulsando.

Licenciada en Administración Ambiental, con maestría en Responsabilidad Social. Ha estado vinculada a la sostenibilidad desde la academia y la conservación, sobre todo en Galápagos. En la actualidad es Miembro del Consejo Consultivo de la sociedad civil del BID Ecuador y del Consejo Consultivo de Alliance for Integrity Ecuador.