El espíritu de Runahurco: fuerza comunitaria que protege el agua
La segunda área de protección hídrica más grande de Ecuador está en el cantón Gualaquiza. La historia de cómo se organizó una comunidad para cuidar el recurso.
Por Johana Estefanía Duche
Runahurco es un cerro imponente que parece jugar con las nubes. Alto, como ninguno en la zona, se eleva sobre los 3.700 metros y le permite alcanzar hasta los rincones del cielo, en el cantón Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago.
Desde la parroquia Nueva Tarqui, da la impresión de que el Runahurco —o la ‘Montaña del hombre’, en su traducción del kichwa— pretendiera esquivar el clima cálido y húmedo de la Amazonía para alcanzar los Andes ecuatorianos; y en sus entrañas guarda su más grande riqueza: el agua. Hay tanta, que la comunidad decidió protegerla y en agosto de 2025, fue declarada como Área de Protección Hídrica (APH).
En sus laderas bajas sobreviven los pastizales que dejaron años de agricultura y ganadería, actividades que realizaron hasta donde el cerro lo permitió. Más arriba, el camino parece desvanecerse mientras la neblina se mueve espesa en medio de la
vegetación y comienza un espacio que pocos han caminado: un área de donde brota el agua de la que dependen más de 22.000 personas.
En Nueva Tarqui viven unas 700 personas. Se asienta en un margen del río Cuyes, de caudal ancho y aguas verdosas: el único río libre de concesiones mineras en la zona, según el Catastro Minero 2026.
Su ubicación, a 800 metros sobre el nivel del mar, le otorga un clima cálido y húmedo. Su gente está orgullosa y consciente de que en Runahurco el agua importa, y mucho. Lo dicen sus habitantes al ser consultados. Aquí hay 72.061 hectáreas formalmente protegidas.
Para conocer la zona, se toma un camino de piedras hacia la comunidad Buenos Aires Alto. Cuesta arriba y en vehículo, en menos de diez minutos de ascenso el paisaje cambia, se alcanzan rápidamente los 1.470 metros de altitud y aparecen los primeros pastizales. Hay viviendas esporádicas, pero una en especial: la de Rodrigo Vicente López Astudillo, un hombre de 71 años, de sonrisa amplia y amabilidad intacta.
Llegó en 1973, a sus 18 años, desde Azuay, cruzando el cerro Runahurco constantemente para dirigirse a vender ganado en Morona Santiago. Es un hombre que lo conoce, que lo recorrió y aún lo camina.
Con paso firme y machete en mano, acompaña el ascenso, apoyándose en la memoria de los antiguos caminos que conducen hasta cerca de los 1.600 metros de altura, retando el terreno con la fuerza de sus piernas y la experiencia de cinco décadas recorriendo estas laderas.
“Hay agua por donde quiera”, dice López Astudillo: “A casi 300 metros de separación brotan vertientes. Hay tantas que de allí nacen todos afluentes del río Cuyes. También hay puro árboles bajos. Hay llashipa (tipo de helecho andino perenne nativo). ¿Le conoce?”, pregunta y él mismo se contesta: “Es un monte que cría solo en las partes áridas, es espeso, espeso. Y también hay harto suro (bambú de los Andes), un monte muy duro, como el carrizo. Ya más arriba no hay árboles”.
Y en una de esas vertientes, la Junta Parroquial de Nueva Tarqui implementó el sistema de captación para abastecer de agua a los 700 habitantes de la parroquia.

La segunda APH más grande del país
En Ecuador hay 41 áreas de protección hídrica y, por su extensión, Runahurco es la segunda más grande, sólo después de la Aguarico-Chingual Cofanes, que cubre 101.017 hectáreas, también en la Amazonía. Abarca 9 parroquias: Gualaquiza, Amazonas, Bermejos, Bomboiza, Chinguinda, El Rosario, Nueva Tarqui, San Miguel de Cuyes y El Ideal.
Según el Ministerio del Ambiente y Energía (MAE), “un área de protección hídrica es una zona delimitada que tiene como objetivo proteger los recursos hídricos y los ecosistemas naturales que los rodean y garantizan el suministro de agua limpia para consumo humano, soberanía alimentaria y producción sostenible”.
En Runahurco hay 14 unidades hidrográficas, que son espacios territoriales ocupados por grandes ríos formados por miles de vertientes de agua y riachuelos. Son los ríos Cuyes, Cuchipamba, Bomboiza, Amarillo, Morirá, Gualaceo, Kalaglás, Gualaquiza, Yacuambi, Paute, Indanza y tres unidades más sin nombre.
Para la Declaratoria, el Mae, el Municipio de Gualaquiza, técnicos de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI), autoridades de las 9 parroquias, junto a los habitantes de comunidades, trabajaron durante 90 días (tiempo que ordena la Ley Orgánica de Recursos Hídricos, Usos y Aprovechamiento del Agua) en la elaboración de cuatro informes.
Este trámite incluyó socialización, delimitación de linderos, declaración de área de interés público a las fuentes de agua, hasta llegar al expediente final, para demostrar que, aparte del agua, se conservan elementos ambientales primordiales para el país.
“Crear un APH es como organizar una minga: requiere que todos los actores
involucrados estén de acuerdo desde el inicio y trabajen de manera conjunta para
demostrar al Estado que estas fuentes de agua son esenciales para el abastecimiento y bienestar de la población”, explica José Romero, coordinador del programa de conservación de fuentes de agua de NCI.
Las etapas contaron con el apoyo total de los habitantes. “No hubo oposición, más bien la gente decía: tengo una finca, que tiene una cascada, un nacimiento de agua, y queremos protegerlas. Tuvimos muy buena acogida, todo esto se logró gracias al apoyo de la comunidad”, recuerda Juan Diego Ávila, técnico de la Unidad de Gestión Ambiental del Municipio de Gualaquiza.
El 27 de agosto de 2025, bajo la Resolución MAATE-DZ10-APH-2025-001-R del
Ministerio de Ambiente, fue aprobada como APH.

Hidroeléctricas vs. minería
El 30% del territorio del cantón Gualaquiza está concesionado para actividades de extracción de oro y cobre, según información de la Dirección de Gestión Ambiental del Municipio. Incluso, hay zonas con presencia de minería ilegal.
Los habitantes sienten alivio de recibir un APH. La resolución MAATE-DZ10-APH-2025-001-R, en su artículo 3, “prohíbe actividades de minería,
destrucción de la vegetación nativa existente… y otras que no sean afines a la
conservación y protección de los recursos hídricos”.
“Si observamos lo que ocurre en otros lugares afectados por la minería, vemos que
muchas comunidades enfrentan serias dificultades para acceder al agua. Aquí, en
cambio, tenemos una riqueza natural que debemos proteger”, afirma Rodrigo López, presidente de la Junta Parroquial de Nueva Tarqui.

Añade que la preocupación de la comunidad aumentó al tener cerca una operación
minera de gran escala. Están separados por apenas 34 kilómetros del Proyecto Minero Mirador, operado por Ecuacorriente S.A. (ECSA), la mina a cielo abierto más grande del Ecuador y el principal proyecto de minería de cobre a gran escala del país, enfocado principalmente a la extracción y exportación de concentrado de cobre, con capacidad para procesar 60.000 toneladas diarias.
Mientras la minería genera preocupación por sus impactos sobre la zona y las fuentes de agua, el MAE anunció la construcción de un Complejo Hidroeléctrico que aportará 100 megavatios de energía limpia al Sistema Nacional Interconectado. Esto es visto como una potencial fuente de financiamiento para devolver a la población el cuidado de sus fuentes hídricas.
Dos de los cuatro proyectos que serán parte de este complejo avanzan con los trabajos previos a su ejecución y construcción. La hidroeléctrica Omega 12, que se construirá en el río Amarillo, uno de los afluentes del Cuyes, aportará con 20 megavatios. Se encuentra en fase de estudios avanzados y licenciamiento ambiental.
Y el Eco Proyecto Santa Rosa, con una capacidad de generación eléctrica de 49,9 megavatios, ya cuenta con su licencia ambiental aprobada, de acuerdo con el boletín 143 del Ministerio.
“Entre tener minería y tener una hidroeléctrica, preferimos una hidroeléctrica que va a tener menos impacto en la zona”: López mientras sonríe y mueve su cabeza en modo de aceptación.
La misma impresión tiene Juan Diego Ávila: “No es una amenaza, nosotros, como Municipalidad, hemos revisado el proyecto y sabemos que no van a realizar grandes represas, sino que se van a implementar con otro sistema técnico de turbinas. No va a haber mayor afectación al caudal del río”.

Siete ecosistemas, miles de vidas
Los climas de Runahurco transitan entre los mundos andino y amazónico, que dan
origen a diversidad de ambientes. Desde sus laderas hasta las partes más altas, se
distribuyen siete tipos de ecosistemas, entre ellos, bosques siempreverdes montanos, arbustales siempreverdes y herbazales de páramo. Además, el 92% de su superficie permanece libre de intervención humana.
No es habitual hallar esta variedad de ecosistemas en un mismo lugar. Esta
característica ha hecho que biólogos como Mario Andrés Ávila, oriundo de Gualaquiza. Según sus registros de campo, hay 400 tipos de aves en el cantón, validados por la aplicación eBird. De ese total, 320 habitan en Runahurco. Él también ha validado 29 especies de aves muy raras o poco comunes; por eso califica a la zona como un “hotspot” para el aviturismo en Gualaquiza.
Entre las aves más habituales están las tangaras doradas (Tangara arthus), de plumaje amarillo, dorado brillante, que vuela entre los árboles de cedro amazónico (Cedrela sp), guarumos (Cecropia peltata) y pigües (piptocoma discolor). Otra especie habitual es el trogón enmascarado (Trogon personatus), que presenta dimorfismo sexual, lo que significa que los machos y las hembras lucen muy diferentes. Les gusta estar en zonas de clima templado, desde los 1.400 hasta los 1.600 metros de altitud.
También surca el cielo de Runahurco el águila andina, en peligro crítico en Ecuador, pues solo hay 200 ejemplares en el país, según la Fundación Cóndor Andino. Ha sido vista en reiteradas ocasiones por los pajareros de Gualaquiza, en el sector de las antenas, en la comunidad Tumbes.
En los últimos 3 años, la gente de Nueva Tarqui ha notado un cambio en las laderas de Runahurco. La capa vegetal se expande en los lugares donde antes quedaban solo pastizales y ganado. Esto se debe a que esta actividad económica ha ido decreciendo y hoy la realizan solo dos familias del lugar. Nadie más.
Muchos han optado por buscar otras formas de generar ingresos económicos y le
apuestan al turismo de conservación como una forma de preservar el sitio sin alterar su funcionamiento. El aviturismo es una de ellas. El APH Runahurco, por esta particularidad ya se posiciona como un referente mundial, pues desde 2022 es parte del Global Big Day, el evento de pajareo simultáneo más grande del planeta.
Se realiza a mediados de mayo, para registrar la mayor cantidad de especies en 24 horas a través de la plataforma eBird. También se hace el conteo navideño, en diciembre y enero, que atrae a grupos de 15 y hasta 30 personas, que recorren 5 rutas de aviturismo en el lugar.
Pesca deportiva, senderismo, kayak en el río Cuyes son algunas alternativas que impulsan sus habitantes mientras cuidan su agua y piensan en el uso sostenible de una de las zonas hídricas más importantes de Morona Santiago.
Alejarse de la montaña Runahurco confirma que el agua toma un viaje silencioso cuesta abajo para entender que su verdadero valor no está solo en las alturas donde nace, sino en cada gualaquicense que encuentra vida en sus cauces.

