Minería presiona ecosistemas estratégicos del sur amazónico
Un monitoreo satelital de EcoCiencia detectó impactos de la minería en áreas protegidas y zonas de conservación. Al menos 111 hectáreas están afectadas.
La minería aurífera continúa expandiéndose sobre algunos de los ecosistemas más sensibles y biodiversos del Ecuador.
Un reciente monitoreo desarrollado por Fundación EcoCiencia, a través del informe MAAP #243, documenta que al menos 111 hectáreas ubicadas dentro de áreas protegidas y zonas de conservación de la provincia de Zamora Chinchipe han sido afectadas por actividades mineras, entre 2011 y 2025.
Los hallazgos se sustentan en el análisis de imágenes satelitales de alta resolución, monitoreo multitemporal y sobrevuelos con drones, herramientas que permitieron identificar procesos de deforestación, remoción de cobertura vegetal, erosión de suelos y alteraciones en sistemas hídricos dentro de territorios cuya función principal es la conservación de la biodiversidad.
La investigación se concentra en cuatro áreas consideradas estratégicas para la conectividad ecológica de la Amazonía ecuatoriana (ver mapa adjunto).
Se trata de la Reserva Natural Maycú (Caso 1), el Bosque Protector Cuenca Alta del Río Nangaritza CARN (Caso 2), el Parque Nacional Podocarpus (Caso 3) y la Reserva Biológica Cerro Plateado (Caso 4).

Una provincia estratégica bajo presión
Ubicada en el extremo sur de la Amazonía ecuatoriana, Zamora Chinchipe constituye una de las regiones ecológicamente más importantes del país.
Su ubicación entre la cordillera de los Andes y la llanura amazónica favorece la coexistencia de bosques nublados, páramos, bosques tropicales y formaciones geológicas únicas, como los tepuyes subandinos.
Estos ecosistemas conforman un corredor biológico fundamental para especies emblemáticas como el jaguar, el tapir amazónico y el oso de anteojos, además de desempeñar un papel crucial en la regulación hídrica regional.
Sin embargo, el creciente interés por la extracción de oro ha convertido a la provincia en uno de los principales focos de expansión minera de la Amazonía ecuatoriana.
Los datos recopilados por EcoCiencia (ver gráfico inferior) muestran que la superficie afectada por minería pasó de aproximadamente cinco hectáreas (ha) en 1995 a más de 6.800 ha en 2024, una expansión que equivale a más de 4.800 canchas de fútbol profesional.

Minería en el Parque Nacional Podocarpus
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe corresponde al Parque Nacional Podocarpus, una de las áreas protegidas más importantes del país.
El monitoreo detectó 44 hectáreas impactadas por minería, entre agosto de 2023 y diciembre de 2025 (ver gráfico inferior), en las riberas del río Loyola, dentro de los límites del parque.
La cifra equivale a unas 62 canchas de fútbol profesional y representa una intervención directa, en una zona donde la explotación de recursos minerales está prohibida por la legislación ecuatoriana.

Además de la pérdida de cobertura forestal, las imágenes satelitales evidencian alteraciones en el río Loyola, parte de una compleja red hídrica integrada por más de 100 ríos y quebradas que abastecen los ecosistemas de alta montaña del parque.
La zona constituye hábitat de especies amenazadas, como el cóndor andino, el tapir de montaña, el jaguar y el oso de anteojos.

Actividad minera irregular en Cerro Plateado
Otro de los casos analizados se localiza en la Reserva Biológica Cerro Plateado, considerada una zona núcleo de conservación en el sur del Ecuador.
Entre agosto de 2024 y diciembre de 2025 se identificaron 13 ha afectadas por minería (ver gráfico inferior), de las cuales 1,59 ha se encuentran dentro de la propia reserva.

Sin embargo, el aspecto más relevante del hallazgo radica en la ubicación de las áreas intervenidas. El análisis determinó que aproximadamente 12 hectáreas —equivalentes al 92% de la superficie afectada— se encuentran fuera de las concesiones autorizadas por el catastro minero.
Para los investigadores, este dato evidencia indicios de actividades mineras irregulares en una zona ambientalmente sensible y considerada estratégica para la conectividad ecológica regional.
Las inspecciones realizadas mediante drones en abril de 2026 permitieron identificar piscinas de sedimentos, áreas extensamente deforestadas, suelos erosionados y campamentos abandonados asociados a la actividad extractiva.

Más presión sobre reservas y bosques protectores
La expansión minera también fue detectada en la Reserva Natural Maycú y en el Bosque Protector Cuenca Alta del Río Nangaritza.
En el caso de Maycú, los investigadores registraron 21,22 ha impactadas dentro del área de conservación. El monitoreo total del sector del río Nangaritza identificó cerca de 78 hectáreas afectadas por minería entre 2021 y 2025.

Mientras tanto, en el Bosque Protector Cuenca Alta del Río Nangaritza (CARN) se contabilizaron 44,27 ha intervenidas dentro del área protegida.
El estudio revela que la superficie afectada pasó de 6,86 ha en 2024 a casi 60 ha en 2025, evidenciando una aceleración significativa de la actividad minera en apenas un año.
Ambos territorios forman parte de un corredor ecológico que conecta áreas protegidas amazónicas y andinas, considerado esencial para el desplazamiento y supervivencia de numerosas especies de fauna silvestre.

Un patrón de expansión y abandono
Más allá de la pérdida directa de bosque, el informe identifica una dinámica recurrente en los frentes mineros observados.
Según EcoCiencia, numerosas zonas muestran evidencias de apertura de áreas de explotación, abandono temporal y posterior desplazamiento hacia nuevos sectores, generando un mosaico de impactos acumulativos difíciles de controlar y restaurar.
Las imágenes captadas por drones revelan caminos improvisados, piscinas de sedimentación, claros abiertos en el bosque y áreas erosionadas que permanecen activas incluso después del retiro de maquinaria y trabajadores.
Esta modalidad, frecuente en actividades auríferas artesanales y de pequeña escala, incrementa la complejidad del control ambiental y dificulta los procesos de recuperación de los ecosistemas afectados.

Tecnología para vigilar territorios remotos
Ante la expansión de la actividad minera en zonas de difícil acceso, EcoCiencia plantea fortalecer el uso de tecnologías de monitoreo, como herramienta de gestión ambiental.
El informe destaca el potencial de sistemas satelitales de observación terrestre, plataformas de georreferenciación y monitoreo mediante drones para detectar nuevas áreas de deforestación, en tiempo casi real.
Parte de este esfuerzo se apoya en Amazon Mining Watch, una plataforma desarrollada por Amazon Conservation, Earth Genome y el Pulitzer Center que utiliza aprendizaje automático para identificar áreas afectadas por minería en toda la Amazonía.
Desde finales de 2025, esta herramienta cuenta con actualizaciones trimestrales que permiten un seguimiento más continuo de los cambios en el territorio.
El desafío para la gobernanza ambiental
Las conclusiones del informe de EcoCiencia apuntan a un problema que trasciende la pérdida de bosque y alcanza dimensiones institucionales.
La expansión de actividades mineras en áreas protegidas, bosques protectores y zonas de conservación privada pone a prueba la capacidad del Estado para ejercer control territorial en regiones remotas y ambientalmente sensibles.
Por ello, EcoCiencia recomienda fortalecer los mecanismos de vigilancia, integrar evidencia tecnológica en procesos administrativos y judiciales relacionados con delitos ambientales, y consolidar sistemas de alerta temprana que permitan una respuesta más rápida frente a nuevas intervenciones.
El estudio advierte que la protección efectiva de la Amazonía ecuatoriana dependerá no solo de la existencia de figuras legales de conservación, sino también de la capacidad de las instituciones para detectar, prevenir y sancionar actividades extractivas que amenazan algunos de los ecosistemas más importantes del país.