El agua del río Puyo supera 24 veces los límites para ser usada
Agroquímicos, aguas servidas, desechos plásticos y lixiviados del botadero son parte del problema. La decisión judicial sobre los derechos del río está pendiente.
Textos y fotos de Álvaro Samaniego
Desde el puente carrozable sobre el río Motolo se logra apreciar las piedras del fondo gracias a que el agua es transparente y da una percepción de pureza.
Esa sensación se mantiene casi igual durante el trayecto por el cual el río Puyo y sus afluentes cruzan la “Ciudad canela”, capital de la provincia de Pastaza.
Pero las percepciones pueden sufrir desengaños aparatosos. Es una realidad que verificó una jueza del Consejo de la Judicatura de Pastaza, como parte del proceso interpuesto para reclamar los derechos del río Puyo.
A pesar de que el puente sobre el río Motolo está a unos 10 kilómetros de su naciente, ya tiene rastros de contaminación, especialmente de agroquímicos, por las actividades agrícolas y ganaderas.
Es un secreto a voces que en la producción agropecuaria se usa, por ejemplo, glifosato, una sustancia que la Organización Mundial de la Salud clasifica como probable cancerígeno, pero sobre la cual no hay prohibición nacional específica.
Ahí se inicia la historia de un río que, en su descenso hasta desembocar en el río Pastaza, es castigado por varias formas de contaminación.
No existe una legislación clara que determine el tratamiento que se debe dar a los desechos antes de ser vertidos al río. No se ha hecho antes campañas de educación de la población, para que se adapten a sistemas no contaminantes.
Tampoco existen alternativas en el territorio. En los alrededores del río Motolo hay una planta para mejorar la calidad del agua, pero está marcado en la cultura que lo que ya no sirve se va al río.

Algunos kilómetros al sur, es visible el llamado estero Citiyaku, que ya atraviesa por la zona poblada de Puyo.
El Municipio realiza, con una frecuencia desigual, la limpieza de las orillas. Retira desde típicos envases de gaseosas y fundas de papas fritas hasta neumáticos.
Sin embargo, son visibles las tuberías que conducen las aguas negras hacia el estero Citiyaku.
El área metropolitana de Puyo es la tercera más grande entre las capitales amazónicas, con alrededor de 60.000 habitantes.
Su nombre original es Puyuk y fue rebautizado en épocas de la colonia como Nuestra Señora del Rosario de Pompeya de Puyo.

En busca de amparo legal
La organización Pakkiru, que forma parte de la nacionalidad kichwa de Pastaza, junto con la Defensoría del Pueblo, presentaron una demanda en defensa del río Puyo y su afluente, el río Pindo.
Como parte de la demanda presentada, se determinó que los niveles de contaminación superan hasta 24 veces los límites permitidos para uso recreativo y ecológico.
Hay presencia de coliformes fecales y otros contaminantes biológicos que rompen los ciclos naturales del cauce y generan riesgos para la población ribereña.
El objetivo de la demanda es exigir que se reconozca al río Puyo como sujeto de derechos, se ordene su reparación integral y se establezcan medidas de protección permanentes.
La constatación más impactante es la de los efectos del relleno sanitario (un botadero de basura de la ciudad).
Durante años se dejado los desechos a las orillas del pequeño río Chilcayaku. La selva es tan poderosa que hay zonas completamente cubiertas por la maleza.
Pero, basta raspar el piso con el zapato y comienzan a aparecer envases de plástico, vidrio, materiales de construcción. La ciudad produce 90 toneladas diarias de basura.
No hay ningún sistema para evitar que los lixiviados se filtren a las fuentes de agua. Bajo la capa vegetal están las señales de la contaminación.
Algunos kilómetros al sur, el estero Talanga se encuentra con el río Puyo. Mientras el río tiene un recorrido perimetral, el estero atraviesa por el centro de la ciudad.
La diferente coloración del agua es una muestra visible de todo lo que ha sufrido el agua que atraviesa cotidianamente la ciudad.
Si bien hay personas que usan este río para fines recreativos, a nadie se le ocurre beber el agua ni utilizarla para, por ejemplo, cocer alimentos.
Sigue siendo agua cristalina, pero la justicia determinó, a través de los exámenes de laboratorio, el alto nivel de contaminación.
A espaldas de esta unión, están las costillas de lo que debió ser una planta de potabilización, abandonada por años.

¿Agua y nada más?
Puyo es un centro en el que se encuentran personas de al menos siete nacionalidades. Ahí está la sede de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana.
Cerca de su sede, en el barrio Unión Base, trabajadores se apuran para embaular el río Puyo. No es seguro que esa construcción esté pensada para protegerlo, porque a esas alturas ya está muy contaminado.
Los detractores temen que una crecida destruya la infraestructura, sin contar con el efecto sobre la biodiversidad que significa eliminar el agua del entorno.
La palabra puyu, en su versión original, significa niebla. La denominación describe una realidad: es bosque húmedo tropical, en el que los flujos de agua son impredecibles.
Cientos de metros más abajo está la unión de los ríos Puyo y Pindo. Los integrantes de la comunidad San Jacinto del Pindo dejaron de usar el río, que antes fue sinónimo de vida.
Deben beber agua embotellada, porque ni siquiera les ha llegado la obra pública del agua entubada: agua semi tratada, no potable.
La percepción de agua cristalina cambia, al final del día, por la de indefensión. No hay instrumentos –y, al parecer, tampoco voluntad– para considerar a un río como un medio de vida fundamental.
Hoy, un paso hacia los derechos del río Puyo está en manos de la justicia local, bajo la vigilancia de las organizaciones locales.

