'El área quemada cada año en Canadá se cuadruplicó desde 1970'

El cambio climático altera el comportamiento del fuego y obligará a replantear por completo el modo en que lo previene y combate, según el experto Mike Flannigan

'El área quemada cada año en Canadá se cuadruplicó desde 1970'
Bomberos de México llegaron a Vancouver para ayudar a combatir el fuego. Foto: Canadian Fire Services.

Por Nancy Verdezoto Feijóo

A simple vista, parece una mañana nublada. El sol apenas logra atravesar una espesa capa gris que cubre el cielo. Pero no son nubes. Es humo. Humo que viajó cientos, e incluso miles, de kilómetros desde los incendios forestales que consumen el bosque boreal canadiense.

Lo que durante años fue considerado un fenómeno estacional hoy se ha convertido en una de las mayores expresiones de la crisis climática. Canadá atraviesa una de las temporadas de incendios forestales más severas de su historia reciente. Las cifras reflejan la magnitud de la emergencia.

Solo en 2026, Canadá registra 4.400 incendios forestales, de los cuales cerca de 800 permanecían activos este 3 de agosto. Las llamas ya han consumido 3,8 millones de hectáreas, una superficie equivalente a 37.000 km2, mayor que el territorio de Bélgica o casi una vez y media el tamaño de la provincia ecuatoriana de Manabí.

En 2023, el país sufrió su peor temporada de incendios forestales, con 18.5 millones de hectáreas quemadas, más del doble que el anterior récord, registrado en 1995.

Aunque es imposible determinar con exactitud cuántos árboles han desaparecido, la magnitud del área afectada permite dimensionar el impacto ecológico. Una hectárea de bosque boreal puede albergar entre 500 y más de 2.000 árboles, dependiendo de la especie, la edad del bosque y la densidad de la vegetación. Miles de millones de árboles han resultado afectados, directa o indirectamente.

El bosque boreal canadiense cubre aproximadamente 270 millones de hectáreas, lo
que representa cerca del 28% de los bosques boreales del planeta y el 9% de la superficie forestal mundial. Además de capturar carbono, alberga cientos de especies de mamíferos, aves, anfibios e insectos y constituye el territorio ancestral de numerosas comunidades indígenas.

La pérdida no se limita a los árboles quemados: implica la destrucción de hábitats, alteración de las cuencas hidrográficas y liberación de carbono que contribuye al calentamiento. Pero la historia no comienza con el fuego. Comienza mucho antes, con un planeta que se calienta cada año un poco más.

Los incendios fuera de control hasta ayer se muestran en rojo, en la imagen de la CIFFC.

El bosque boreal canadiense es uno de los ecosistemas más importantes del mundo. Se extiende desde Yukon hasta Terranova. El profesor Mike Flannigan, uno de los mayores expertos en incendios forestales de Canadá y académico de la Universidad Thompson Rivers, ha explicado que el área quemada anualmente en el país casi se ha cuadruplicado desde la década de 1970.

Flannigan atribuye esta transformación al cambio climático. El aumento de las temperaturas prolonga la temporada de incendios, seca la vegetación y favorece tormentas eléctricas que generan nuevos focos de fuego, dijo en declaraciones recogidas por Reuters.

Emergencia que no siempre se ve

Paradójicamente, para la mayoría de la población el mayor peligro no son las llamas. Es el humo. La doctora Sarah B. Henderson, científica ambiental de la Universidad de British Columbia y referente canadiense en salud ambiental, explicó en una entrevista a CBC que incluso las personas sanas pueden experimentar síntomas cuando la contaminación por humo es elevada.

La principal preocupación son las partículas PM2.5, diminutos contaminantes de menos de 2,5 micrómetros de diámetro. Son aproximadamente treinta veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano y, debido a su tamaño, logran atravesar las defensas naturales del organismo, penetrar profundamente en los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo.

A diferencia del humo visible, que irrita los ojos, estas partículas representan un riesgo mucho mayor porque permanecen suspendidas en el aire y pueden inhalarse durante horas o incluso días.

Pero los efectos del humo de incendios forestales van mucho más allá del ardor en la garganta. Investigaciones citadas por Reuters muestran que la exposición prolongada al material particulado fino está asociada con un mayor riesgo de crisis asmáticas; bronquitis y neumonía, enfermedades cardiovasculares, infartos y accidentes cerebrovasculares, cáncer de pulmón, entre otros.

El científico climático Theodore Keeping, del Imperial College London, explicó
recientemente que la preocupación aumenta cuando la exposición al humo se prolonga durante varios días consecutivos. "Sabemos que esto tiene un efecto muy importante sobre la salud, especialmente cuando la exposición ocurre durante múltiples días", señaló al referirse a las elevadas concentraciones de PM2.5 registradas durante los incendios recientes.

Los impactos tampoco cesan cuando se extinguen las llamas. Una investigación
reciente de la Universidad de Hawái, citada por The Guardian, encontró que los
sobrevivientes de grandes incendios pueden experimentar, durante meses e incluso años, problemas respiratorios persistentes, trastornos de salud mental y síntomas depresivos.

Los investigadores concluyen que los incendios forestales deben entenderse no solo como desastres ambientales, sino también como emergencias de salud pública con consecuencias a largo plazo.

Los que pagan el precio más alto

Las consecuencias tampoco se distribuyen de manera equitativa. Las comunidades
indígenas del norte de Canadá han sido algunas de las más afectadas por las
evacuaciones, la pérdida de territorio y la exposición prolongada al humo.

En muchas de estas poblaciones, el acceso es posible únicamente por vía aérea
durante buena parte del año, lo que dificulta las evacuaciones y el abastecimiento
cuando el fuego amenaza sus comunidades.

Mientras tanto, ciudades ubicadas a cientos o incluso miles de kilómetros de los
incendios también han visto deteriorarse la calidad de su aire. Toronto, Chicago, Detroit, Minneapolis, Nueva York y Washington han registrado episodios de contaminación directamente vinculados al humo proveniente de Canadá.

Manitoba también respira humo. Aunque la provincia de Winnipeg no ha sufrido incendios urbanos de gran magnitud, ha enfrentado incendios importantes en el norte y numerosos episodios de humo durante el verano.

En varias ocasiones, las autoridades sanitarias recomendaron limitar la actividad física al aire libre, mantener puertas y ventanas cerradas y utilizar purificadores de aire cuando fuera posible.

Para muchos residentes, incluidos cientos de ecuatorianos que viven en Manitoba, el humo dejó de ser una imagen lejana y se convirtió en parte de la vida cotidiana.
Respirar ya no siempre significa respirar aire limpio.

El humo de incendios en Canadá sigue impactando en Nueva York
Los flagelos en verano son usuales en Canadá; los de 2023 fueron históricos y también afectaron a Estados Unidos. La final del Mundial de Fútbol se mantiene.

Una advertencia para el mundo

Los incendios forestales son un fenómeno natural en muchos ecosistemas. Lo que
preocupa a los científicos no es su existencia, sino la velocidad con la que cambian.
Cuando se habla de la Amazonía, todos entendemos su importancia para el equilibrio climático. Sin embargo, pocas personas conocen el papel del bosque boreal canadiense.

Este ecosistema se extiende por millones de kilómetros cuadrados y constituye uno de los mayores reservorios de carbono del mundo. Gran parte de ese carbono no está únicamente en los árboles, sino en extensas áreas de turberas y suelos ricos en carbono que tardaron siglos en formarse.

Cuando un incendio forestal arrasa estas zonas, no solo desaparecen los árboles.
También se libera una enorme cantidad de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, lo que alimenta un círculo vicioso: más emisiones generan un planeta más cálido, y un planeta más cálido favorece incendios más intensos.

Los científicos advierten que este ciclo se está acelerando y que el cambio climático
está modificando la duración e intensidad de las temporadas de incendios en gran
parte del hemisferio norte. De hecho, Flannigan cree que la evidencia científica es clara: el cambio climático está alterando el comportamiento del fuego y obligará a Canadá a replantear por completo el modo en que lo previene y combate.

Y seguramente a otros países como Estados Unidos. Este 3 de agosto, el Estado de Washington amaneció con incendios difíciles de controlar por las condiciones del tiempo. Decenas de miles de personas fueron evacuadas, mientras el fuego consumía edificaciones. Un escenario de alerta se vive también en Europa, con Grecia, España y Francia a la cabeza.