'El Premio por cuidar el Petrel de Galápagos es para todo el equipo'
La bióloga galapagueña obtuvo un fondo que le permitirá desarrollar un plan de conservación de 70 nidos de petreles, un ave en peligro crítico, en Santa Cruz.
Por Marco Arauz
Paola Sangolquí, coordinadora de Conservación Marina de la fundación Jocotoco, acaba de recibir el Premio Whitley 2026 por su plan para conservar 70 nidos de petreles (Pterodroma feopigia) en la isla Santa Cruz, en Galápagos. Se trata de un ave migrante en peligro crítico.
La Whitley Fund for Nature selecciona a seis conservacionistas del Sur Global que trabajan con comunidades locales, integrando ciencia, participación y soluciones prácticas. Este año escogió a cinco mujeres y a un hombre. Dos proyectos propuestos por mujeres incluían trabajos con aves. Uno fue el de Sangolquí.
El Premio que entrega la organización inglesa a cada líder escogido consiste en 50.000 libras esterlinas (aproximadamente USD 67.000 USD), con el fin de impulsar el trabajo de campo y la protección de la biodiversidad.

"Tomo el reconocimiento desde la humildad y la humanidad que conlleva. El Premio reconoce al equipo con el que trabajo, a los guardaparques, a las comunidades, a las personas, a las escuelas".
Así responde esta galapagueña de 32 años, cuando se le pregunta qué significa para ella ser una de las seis personas que recibieron los que se consideran los "Óscar Verdes" del año. "Es un reconocimiento a ese esfuerzo de decir: tenemos que hacer algo conjunto para proteger las islas", ratifica.
Resalta que se trata de la primera vez que el premio es para alguien de Galápagos que trabaja en Galápagos, y explica que las actividades propuestas y premiadas cubrirán un año del proyecto. "Pero el Premio Whitley abre nuevas posibilidades de cooperación y financiamiento", dice con optimismo.
Jocotoco trabaja con el Petrel de Galápagos en la isla Santa Cruz en los dos últimos años, pero lo hace en San Cristóbal y Floreana desde 2018. La fundación está basada en Puerto Ayora y tiene una reserva en San Cristóbal. Cuenta con 17 miembros "100% galapagueños", dice.

Una vocación de años
Paola Sangolquí cree que, al crecer en un sistema biodiverso como Galápagos, se tiende a cuidarlo desde diferentes trincheras. Sus primeros llamados vocacionales se dirigieron a ser veterinaria o doctora, pero desde los 15 años supo que lo suyo era la Biología Marina.
La estudió en la Escuela Politécnica del Litoral (Espol). Después cursó una maestría en Biología y sociedades y un doctorado en Biología con mención en ecología, economía y ética de los sistemas, los dos en la universidad de Arizona.
¿Es posible alcanzar un equilibrio social, ambiental y económico? Considera que, al depender el 80% de la actividad de Galápagos del turismo de naturaleza, el bienestar de la población depende de una visión integral. "Pero no sé qué tanto equilibrio podemos alcanzar, se trata de equilibrios en constante dinamismo".
A su juicio, la actividad turística ha ido cambiando y el desafío actual para las autoridades y la población es ver la mejor manera de manejarla con base local, y sobre todo garantizar ingresos equitativos para la población.
"Siempre digo que esa dinámica no debe dejar de lado a las comunidades locales, que por la Ley tienen acceso preferente. No se protege lo que no se conoce, por eso se debe fomentar que disfruten de esos lugares y desarrollen una relación más profunda, una conexión y una apropiación, para que propongan y cuiden", señala.

La propuesta ganadora
Paola Sangolquí propuso aumentar el éxito reproductivo del Petrel en 70 nidos de la isla Santa Cruz no identificados previamente. El objetivo es que crezca el número de pichones. El plan se acompaña de control y monitoreo, comunicación, trabajo con los dueños de las propiedades para que sean beneficiarios.
Recuerda que el 97% de la superficie terrestre de las islas Galápagos está destinado a la conservación de su biodiversidad y el 3% restante, al desarrollo humano, que incluye zonas pobladas (urbanas y rurales) en cuatro islas principales: Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Floreana.
Las zonas de anidación del ave no solo están en áreas protegidas sino que coinciden con la zona agrícola. Por eso en Santa Cruz se trata de que habitantes adultos y estudiantes participen en la protección, explica Paola Sangolquí.
En las zonas de anidación, especies introducidas, como las ratas y los gatos ferales, depredan huevos y pichones. Y la mora, una especie de flora introducida, crece rápidamente y sus espinas impiden que las aves regresen a sus nidos en la noche.
Sangolquí explica que el petrel de Galápagos tiene una reproducción considerada lenta. La hembra pone un huevo por año; ambos padres comparten la incubación y el cuidado. Pasan entre 90 y 120 días antes de que el nuevo ejemplar pueda volar.
El pichón alcanza una madurez reproductiva entre los 5 y los 7 años. Un petrel de Galápagos, en promedio, alcanza o sobrepasa los 20 años de vida. Pero lo importante es asegurar que el proceso de anidación, bajo tierra, no se interrumpa.
La última evaluación de la UICN, realizada en 2018, ubicó a este pájaro en riesgo crítico y lo puso en su lista roja. Es un ave cuya población madura decrece. Se estima que hay entre 6.000 y 15.000 individuos de esa edad. El declive poblacional es extremadamente rápido durante los últimos 60 años (tres generaciones)
El Petrel de Galápagos es un ave presente en un área estimada de 16.800.000 kilómetros cuadrados, desde las costas mexicanas hasta las costas peruanas y mar adentro, incluyendo el archipiélago ecuatoriano.
Se reproduce endémicamente. El área de ocupación de cada ave se estima en 220 kilómetros cuadrados. La extensión oceánica de las islas Galápagos es de aproximadamente 45.000 kilómetros cuadrados. Paola Sangolquí y su equipo seguirán cuidándolos.
