En 2025, el mar almacenó más calor desde que hay registros

El décimo Informe sobre el Estado del Océano -que incluye a todos los océanos- documenta un mar que se calienta, sube y se acidifica a un ritmo cada vez mayor.

En 2025, el mar almacenó más calor desde que hay registros
Preparativos para colocar una boya de medición en las aguas del sur de California. Foto: Programa de Acidificación Oceánica de la NOAA.

El océano absorbió en 2025 una cantidad récord de calor. Es la conclusión central del décimo Informe sobre el Estado del Océano (OSR10), publicado el 30 de septiembre de 2026 por el Servicio Marino de Copernicus, el programa europeo de observación de la Tierra, que implementa Mercator Ocean International.

El documento combina datos satelitales, mediciones in situ, reanálisis oceánicos y estudios revisados por pares, con la participación de más de 120 especialistas. Las mediciones empezaron a hacerse en 1960.

Según Copernicus, el océano ganó unos 23 zettajoules adicionales de calor en 2025. Un zettajoule equivale a mil trillones de julios; la cifra representa aproximadamente 40 veces la energía que consumió el mundo ese año.

"El océano se está transformando ante nuestros ojos", afirmó Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International. El informe distingue entre temperatura y contenido de calor.

La temperatura de la superficie puede variar de un año a otro. El contenido de calor mide la energía acumulada en un volumen de agua mucho mayor y, por eso, es un indicador más estable del calentamiento.

Mares que suben y se acidifican

El calor acumulado tiene consecuencias medibles. El nivel medio global del mar subió a un promedio cercano a 3,8 milímetros por año entre 1999 y 2025, y el ritmo aumentó a unos 4,2 milímetros anuales entre 2012 y 2025.

Según el informe, el calentamiento contribuye al ascenso del nivel del mar por la dilatación térmica del agua y porque las masas de hielo terrestres se derriten.

La química del océano también cambió: el agua se volvió cerca de un 17% más ácida entre 1985 y 2025.

Este proceso afecta a organismos con conchas y esqueletos calcáreos y, en consecuencia, a las cadenas alimentarias marinas.

Para la vida marina, el calor acumulado y la acidificación actúan al mismo tiempo. Las olas de calor prolongadas alteran los ecosistemas.

La mayor acidez, además, dificulta que moluscos, corales y plancton formen sus conchas y esqueletos calcáreos, una base importante de la cadena alimentaria.

Los arrecifes son el termómetro más visible de esa presión: según el OSR10, entre enero de 2023 y septiembre de 2025 el 84,4% de los arrecifes del mundo soportó un estrés térmico suficiente para provocar blanqueamiento.

El océano es un regulador del clima: ha absorbido la mayor parte del exceso de calor causado por los gases de efecto invernadero. Un océano más cálido favorece tormentas más intensas y un nivel del mar en ascenso.

Esos efectos recaen primero sobre las comunidades costeras. Karina von Schuckmann, directora del informe. Además, dijo que la pérdida de hielo ártico deja en riesgo el 60% de la infraestructura costera de esa región por la erosión y la subida del mar.

A ello se suma el efecto en las pesquerías y la economía costera, ya afectadas por las olas de calor marinas, según documentó la edición anterior del informe.

"El cambio oceánico es un desafío económico, de desarrollo y de seguridad para los países insulares": Karina von Schuckmann
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La pesquería y la economía de las zonas costeras disminuyen con el calor del mar. Foto: Unplash

Olas de calor bajo la superficie

 Las olas de calor marinas son otro foco del informe. En 2024, el Mediterráneo y el mar Negro registraron episodios récord en intensidad y duración.

Algunos superaron los 30 días, con temperaturas de más de 4,6°C por encima del promedio. Para medirlos, los científicos combinaron la temperatura superficial con el contenido de calor hasta los 40 metros de profundidad.

Así comprobaron que el calor puede persistir bajo la superficie y causar daños que la temperatura superficial por sí sola no revela.

Algunos expertos consultados por el Science Media Centre de España matizan el alcance del documento.

Ángel Borja, investigador principal del centro AZTI, señala que los datos analizados llegan, en la mayoría de los casos, hasta 2024, mientras que en 2025 y 2026 la situación ha seguido agravándose según otros informes recientes.

Borja también advierte que un "Súper El Niño" formado en el Pacífico podría tener consecuencias a escala global.

Carlos García-Soto, investigador del CSIC, subraya que las tendencias globales indican la dirección del cambio, pero el riesgo se define a escala local: un mismo evento extremo no tiene el mismo impacto en dos costas distintas.

La boya es colocada en el mar. Foto: Programa de Acidificación Oceánica de la NOAA.

Las mediciones de la NOOA

Los sistemas de anclaje (o fondeos) constituyen un método mediante el cual los científicos recopilan observaciones oceánicas continuas. Les permiten realizar un seguimiento de las condiciones cambiantes en el tiempo y comparar patrones entre distintos entornos.

Como parte del programa de Monitoreo y Observación Oceánica Global y del programa de Acidificación Oceánica de la NOAA, los sistemas de anclaje del Ecosistema de la Corriente de California (CCE, por sus siglas en inglés) son un ejemplo de este enfoque.

Situados frente a Point Conception, en el sur de California, los sistemas CCE-1 a CCE-4 se distribuyen tanto en aguas de mar abierto como en aguas costeras, proporcionando a los investigadores datos de diversas zonas de la región.

Estas observaciones revelan cuándo el agua más ácida se acerca a la superficie y cuánto tiempo persisten dichas condiciones. El análisis permite comprender cómo el fenómeno de afloramiento afecta a las aguas costeras y con qué frecuencia la vida marina se ve expuesta a condiciones de mayor acidez.

Asimismo, aportan información sobre la absorción de carbono por parte del océano, ayudando a determinar si actúa como fuente o como sumidero de carbono, señala la NOOA.

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