Cómo mejorar la condición de los animales de granja en la subregión

En un taller internacional, se discutió sobre la producción y los riesgos sanitarios y ambientales. También se propuso una meta para la industria avícola.

Cómo mejorar la condición de los animales de granja en la subregión
La carne de pollo y los huevos tienen precios accesibles pero demandan producción masiva. Imagen: Freepick.

Sensibilizar sobre la importancia de adoptar prácticas que prioricen el bienestar de los animales de granja y reduzcan los riesgos para las personas y el medio ambiente. Ese fue el objetivo de un taller internacional para comunicadores.

Lo promovieron el Observatorio de Bienestar Animal (con sede en España) y Compromiso Verde (con domicilio en Perú), organizaciones que buscan modelos más sostenibles para la producción animal en la subregión andina.

Sandra Lopes, directora ejecutiva de Compromiso Verde Perú, afirma que “la verdad dentro de las granjas nadie la sabe". En cuanto a las gallinas ponedoras, dice que “se quedan atrapadas en jaulas por toda la vida. Nunca pudieron caminar o ejercer sus comportamientos naturales”.

Además de cuestionamiento éticos, dice, esta realidad ha abierto el debate de su posible vínculo con riesgos sanitarios asociados a la concentración masiva de animales y la propagación de enfermedades.

Durante el taller Miriam Martínez, en representación del Observatorio de Bienestar Animal, promovió un diálogo sobre regulación, industria y tendencias internacionales.

Considera que “esta iniciativa es fundamental para impulsar una visión más ética y responsable en la producción animal”. En los cuatro países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) se producen, por ejemplo, 3,5 millones de toneladas de carne de pollo.

Estos datos, traducidos en individuos, son importantes. Ecuador habría sacrificado alrededor de un millón de reses en 2024 para alcanzar su producción.

Se considera a escala internacional un promedio de entre 200 y 250 kg obtenidos por cada res sacrificada. Sin embargo, el costo más asequible de los huevos y del pollo ha empujado un crecimiento acelerado de esta producción.

En términos de consumo, Perú, Ecuador y Colombia muestran un nivel elevado, con un rango que va de 200 a 270 huevos por habitante por año. Bolivia tiene una escala menor, pero con crecimiento sostenido en avicultura. Pero Ecuador destaca por su avicultura intensiva.

Riesgo sanitario y ambiental

La OIE es la oficina de la Organización de las Naciones Unidas que se enfoca en la sanidad animal. Fija los estándares internacionales y trabaja de cerca con Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La FAO ha concluido que la producción animal intensiva genera beneficios económicos y de seguridad alimentaria, pero acarrea riesgos serios para la salud pública. Los más comunes son zoonosis y resistencia antimicrobiana.

El Observatorio de Bienestar Animal agregó la salmonela. Lopes señala que se administra a las aves antibióticos para que no se contaminen. Sin embargo, eso provoca que bacterias y virus hagan mutaciones para vencer la barrera antibiótica.

Mientras tanto, la ganadería está en la cima de las tres actividades humanas que más emiten gases de efecto invernadero, junto al uso de los combustibles fósiles y a la generación de electricidad.

Además, la producción de carne de res es la que genera la huella hídrica más profunda: para un kilo de carne se necesitan unos 15.400 litros de agua. El kilo de carne de cerdo demanda de unos 6.000 litros, y el de pollo unos 4.300.

Sandra Lopes afirma que pocas personas toman en cuenta que la hamburguesa que tienen en sus manos ha usado 3.000 litros de agua.

Bienestar y seguridad, ¿opuestos?

Los productores argumentan que la eficiencia ha hecho posible que la carne, los huevos y los lácteos sean accesibles a poblaciones que antes no podían permitírselos.

También, que se ha logrado un menor uso de tierra por unidad producida, que la concentración de animales facilita el control sanitario y que las cadenas sostienen millones de empleos.

El argumento de los detractores es que el hacinamiento, la privación de comportamientos naturales y el estrés constituyen un problema ético. Varios estudios vinculan la producción intensiva con el origen o la amplificación de brotes como la gripe aviar o la influenza porcina.

Sandra Lopes anunció que su objetivo es mejorar "sustancialmente" el porcentaje de gallinas ponedoras libres. “Estamos pidiendo eliminar las jaulas en la industria de huevos. No hay cómo hacer un cambio de la noche para el día. Pedimos un cambio que es posible”, dijo.

Un cambio que, esperan, provoque otros para que las mejoras del bienestar de los animales de granja sean reales y objetivas.

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