Para tener una huella de carbono negativo, hay que empezar por medir

Aglomerados Cotopaxi tiene un excedente positivo y lo gestiona a través del sistema de compensación. Se basa en prácticas de producción responsable.

Para tener una huella de carbono negativo, hay que empezar por medir
La plantación principal está en Cotopaxi y Pichincha, con dos especies de pino y dos de eucalipto. Fotos: AC

Algunas publicaciones han dado cuenta de una empresa ecuatoriana que tiene una medición de carbono negativo. Esto supone que, gracias al modo en que maneja su actividad productiva, captura más gases de efecto invernadero, dióxido de carbono o CO2, de los que emite.

Es decir, su huella de carbono es negativa. Lo han logrado por factores relacionados con producción responsable. La empresa captura 225.000 toneladas CO2de carbono al año. Tras neutralizar sus emisiones, tiene un excedente de 190.000 toneladas, lo que emitirían 45.000 automóviles en un año.

“Nos aventuramos con mucha frecuencia en decir somos esto, somos el otro, y no somos rigurosos en la medición”. Lo dice Isabel Arteta, gerente de Sostenibilidad y Comunicación de Aglomerados Cotopaxi (AC), empresa que mantiene este récord.

Una rigurosidad que parte de la manera en cómo se mide la huella de carbono. La empresa AC tiene certificación FSC: es un sello emitido por el Consejo de Administración Forestal (Forest Stewardship Council).

Garantiza que los productos de madera, papel y otros productos forestales provengan de bosques gestionados de manera responsable, en los que se protege la biodiversidad y los derechos de los trabajadores y se apoya la economía local.

Se ha logrado, entre otras cosas, debido a cómo se ha medido. “Las ecuaciones que se usan en el norte global no representan lo que sucede en esta latitud y en esta altura”, explica Arteta. Técnicos ambientales ajustaron los parámetros a estándares internacionales para tener una medición real.

La medición de AC fue ajustada a estándares internacionales para tener resultados reales.

Este concepto se aplicó a un examen que abarcó toda la unidad productiva. “Tenemos casi 20.000 hectáreas de plantaciones forestales. La mayoría son propias, pero tenemos ya algunos convenios forestales”, agregó.

De esta superficie, 5.500 hectáreas están destinadas a conservación: remanentes de bosque, pajonales, bosques de ribera y fuentes de agua.

Arteta cree que “entender que el bosque plantado no deja de ser bosque y no deja de ser un ecosistema también te abre la mente a todo lo que el bosque aporta, entre ello, la captura de carbono, pero también biodiversidad, agua, paisajes”.

La plantación principal está sobre todo en la provincia de Cotopaxi y en parte en Pichincha, con dos especies de pino y dos de eucalipto. Arteta explica que, en algunos lugares, han llegado hasta a tres ciclos de rotación. "Estamos hablando de que tenemos 60 años de presencia con árboles”.

Ambigüedades del mercado de carbono

La funcionaria estima que “el mercado de carbono sataniza mucho a las soluciones basadas en la naturaleza cuando tienen un matiz productivo”. Se refiere a que, según las normas aceptadas, un bosque productivo ni es reciente ni es permanente, y no es objeto de bonos de carbono.

Es de algún modo, dice, la razón para que ese mercado de bonos de carbono siga siendo esquivo y no cumpla el papel para el que se creó. Y si bien Uruguay está desarrollando un método que podría ayudar a la empresa a acceder a ese mercado, por ahora su preferencia son los sistemas de compensación.

Para Isabel Arteta, esto es va más allá que tener muchos árboles en pie. Todos los procesos han sido tomados en cuenta. Desde el principio del ciclo de vida: por ejemplo, parte de los residuos del procesamiento de la madera sirven para compostaje, como nutriente básico de los viveros.

Parte de los residuos del procesamiento de la madera sirven para compostaje, como nutriente de los viveros.

La sostenibilidad como pilar

Las plantaciones no necesitan ningún producto traído del exterior porque se aprovechan todos los servicios ecosistémicos que apoyen el resultado del proceso. Vale mencionar que AC lidera la producción de MDF, aglomerado, madera sólida y molduras, con calidad de exportación.

La consecuencia de estos procesos es la mejora en la estructura del suelo, de la microbiota y de la cantidad de materia orgánica del suelo. La preparación de la tierra es mecanizada. Se usa una rastra gigante, con baja emisión, que evita que el CO2 capturado quede expuesto.

Igualmente, la cosecha es mecanizada, con menor disrupción del suelo. El circuito para transportar la tala a la planta es corto. A la vez, 80% de la energía que se usa se genera con biomasa, con los desperdicios del proceso de producción. Inclusive se aprovecha el polvo del lijado.

La energía que no se puede generar con recursos propios se compra y mantiene los niveles mínimos de emisiones, explica Isabel Arteta.

La estructura del suelo, la microbiota y la cantidad de materia orgánica del suelo mejoran.

 Antídoto para el incendio forestal

 Las grandes extensiones de bosques, en teoría, cada vez corren más peligro de perecer por incendios, debido al calentamiento global: menos lluvias y temperaturas más altas.

A Isabel Arteta este no es un asunto que le quite el sueño, particularmente. La que se conoce como “ecología del fuego", y que provoca devastaciones descomunales en el hemisferio norte, no sucede en Ecuador.

“Cuando hay sequías prolongadas, lo que está debajo del bosque puede estar muy seco y puede causar un incendio rastrero. ¿Cómo se evita que se convierta en un incendio de copas? Manejando el bosque”: Isabel Arteta

La empresa tiene brigadas forestales propias, y su conocimiento del campo les permite monitorear los posibles riesgos.

Un principio básico es que los incendios forestales son provocados. La relación con la comunidad es indispensable: los pastores están, también, vigilantes para que se mantenga la naturaleza. Hay una relación de cooperación que provoca un desarrollo recíproco.

Con la suma de estos elementos, queda claro que en la industria maderera se puede mitigar y que la adaptación es posible, cuando existe un compromiso que parte de mediciones y de acciones puntuales y auditables.

578 empresas adheridas al Programa Ecuador Carbono Cero
Este plan se desarrolla desde el 2021. El objetivo es reducir la huella de carbono.