Un apagón simbólico global que ilumina la acción climática
La Hora del Planeta cumple dos décadas. Se trata de un recurso simbólico, que promueve acciones reales frente a la crisis climática.
El sábado 28 de marzo de 2026, entre las 20:30 y las 21:30, ciudades y sitios emblemáticos del mundo volverán a quedar parcialmente a oscuras.
No se trata de un fallo eléctrico ni una coincidencia: millones de personas, ciudades e instituciones apagarán sus luces de forma voluntaria, para sumarse a La Hora del Planeta. Se trata de una acción colectiva en favor del medio ambiente impulsada por World Wildlife Fund (WWF).
Lo que comenzó en 2007 en Sídney como un gesto simbólico se ha transformado, dos décadas después, en un movimiento global que trasciende fronteras.
En esta edición 2026, además, la campaña adquiere un significado especial al celebrar sus 20 años de historia, consolidada como un llamado urgente frente a la crisis climática.

Monumentos que se apagan
Como cada año, algunos de los monumentos más emblemáticos del planeta se sumarán al apagón.
De acuerdo con National Geographic, espacios icónicos como la Sagrada Familia, la Torre Eiffel, el Coliseo o la Ópera de Sídney apagarán sus luces durante una hora, en un gesto que busca captar la atención global.
Sin embargo, el verdadero alcance de esta acción no está en la oscuridad momentánea de estos lugares, sino en su capacidad de inspirar.
El mensaje es claro: la lucha contra el cambio climático no depende solo de grandes decisiones políticas, sino también de millones de acciones cotidianas.
Más allá del símbolo: avances y desafíos
A lo largo de estos 20 años, La Hora del Planeta ha contribuido a algo más que a generar conciencia.
Según datos de WWF, la iniciativa ha acompañado un crecimiento sostenido en la participación social, el desarrollo de tecnologías limpias y la incorporación de políticas ambientales en múltiples sectores.
Pero el contexto sigue siendo crítico. Los fenómenos extremos, como sequías prolongadas, incendios forestales o lluvias intensas, son cada vez más frecuentes.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de cara a 2030 aún están lejos de cumplirse, lo que refuerza la necesidad de mantener —y acelerar— el compromiso global.

América Latina se suma con identidad propia
En la región, la campaña ha encontrado formas creativas de conectar con la ciudadanía. En Chile, por ejemplo, la iniciativa incluye intervenciones urbanas, actividades culturales y propuestas educativas que invitan a repensar la relación con la naturaleza.
Bajo el lema “El Papel de la Naturaleza”, la edición 2026 pone el foco en la biodiversidad y en la importancia de proteger los ecosistemas.
La invitación no es solo a apagar la luz, sino a observar, informarse y adoptar hábitos más sostenibles en la vida diaria.
Veinte años, veinte logros
La publicación Corresponsables destaca que este aniversario también es una oportunidad para mirar atrás y reconocer avances concretos.
Entre ellos, el impulso a acuerdos internacionales como el Acuerdo de París, el crecimiento de las energías renovables, el retroceso del uso del carbón en Europa y el avance de la economía circular.
Estos logros demuestran que la acción colectiva sí tiene impacto, especialmente cuando involucra a ciudadanos, gobiernos y empresas en una misma dirección.
La Hora del Planeta no pretende ser una solución en sí misma. Es, más bien, un recordatorio. Un llamado a detenerse por 60 minutos para reflexionar sobre el presente y, sobre todo, sobre el futuro.



