Ecuador comienza a conocer su gran diversidad de escarabajos

A las 16 especies registradas oficialmente, se han agregado 399, así como 18 nuevos géneros. La mayoría fueron halladas en un único sitio de muestreo.

Ecuador comienza a conocer su gran diversidad de escarabajos
Vistas dorsal, ventral y lateral de las especies Arthmius (A-C), Tungurahua (D-F), Pachamama (G-I). Fotos del estudio.

Un informe novedoso ha provocado una eclosión de especies de escarabajos, diminutos coleópteros que han sido poco estudiados en Ecuador.

El entomólogo Michael S. Caterino, investigador de la Universidad de Clemson (Estados Unidos) y el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio) han logrado documentar escarabajos Pselaphinae.

Viven en la hojarasca y están distribuidos en distintos ecosistemas, como bosques nublados, bosques costeros, tierras bajas amazónicas y páramos de alta montaña de Ecuador.

El hallazgo, publicado en la revista Megataxa, multiplica por más de veinte el número de especies del grupo conocidas en el país hasta ahora.

Hasta hace pocos años, ese conocimiento era casi nulo: apenas una especie había sido reportada formalmente en la década de 1940, y el registro nacional no superaba la docena.

La nueva investigación, construida sobre colecciones científicas previas y expediciones de campo recientes, reveló que la mayoría de las especies fueron halladas en un único sitio de muestreo.

Este es un indicativo de endemismo local extremo y de una diversidad biológica concentrada en áreas muy pequeñas. "Incluso estas 339 especies apenas 'rasgan la superficie'", afirma Caterino, quien explica que el proyecto nació de dos hitos.

El primero fue un viaje de campo de tres semanas a Ecuador en 2011 y, luego, la posterior colaboración, entre 2015 y 2019, con su entonces estudiante de doctorado Sofía Muñoz, ecuatoriana hoy vinculada a Inabio.

Según datos de la institución, Ecuador tenía registradas solo 16 especies de Pselaphinae antes de este trabajo, frente a más de 500 en Panamá, un país mucho más pequeño.

Para Caterino, la diferencia se explica casi por completo por la estación de campo de Isla Barro Colorado, administrada desde 1923 por el Instituto Smithsonian, que ha atraído investigadores de todo el mundo ese país.

"Si se pusiera un enfoque similar en los Pselaphinae en Ecuador al que se pone en Panamá, creo que la diversidad real de este grupo aquí superaría las 2.500 especies": Michael S. Caterino

La metodología combinó taxonomía clásica con códigos de barras de ADN. En el terreno, el trabajo consistía en tamizar hojarasca recogida en laderas empinadas de bosques nublados, entre los 1.800 y 2.500 metros de altitud.

Luego, se procesó en embudos de Berlese: al exponer el material a calor, los insectos se desplazan hacia abajo hasta caer en bolsas con alcohol, donde recién pueden ser observados.

Varias de las especies llevan nombres en kichwa o ligados a la cultura local, entre ellas, especies de géneros emparentados descritos en estudios paralelos del mismo equipo, como Tungurahua, Pachamama, Bibrax, Panabachia y Metopiellus.

"Sentí que era importante que muchos de los nombres reflejaran esa herencia", dice Caterino, quien además nombró especies en honor a biólogos ecuatorianos activos en la catalogación de la biodiversidad del país.

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Los obstáculos para investigar

El investigador advierte que persisten obstáculos estructurales para que este tipo de inventarios no dependa de colaboraciones externas.

Se trata de la escasez de plazas profesionales para taxónomos formados en el país –problema que califica de mundial– y la dificultad de acceso a especímenes tipo, mayoritariamente custodiados en colecciones europeas y norteamericanas.

"Espero que un joven científico del país asuma el reto y pueda continuar donde yo lo dejé", señaló el científico estadounidense.

Desde Inabio, su director ejecutivo, Diego Inclán, destacó que el estudio "representa un avance significativo para los esfuerzos de conservación de la biodiversidad".

Afirmó, también, que permite "dimensionar con mayor precisión la extraordinaria riqueza biológica de una nación megadiversa".

El trabajo se concentra en microhábitats poco explorados, como la hojarasca de los bosques nublados, "donde habitan numerosas especies endémicas con distribuciones muy restringidas". Visibiliza organismos que podrían desaparecer antes de ser conocidos.

Para Inclán, esta investigación ofrece una referencia para que científicos de América Central y del Sur identifiquen y conserven el patrimonio compartido de insectos hiperdiversos de la región.

Aunque se trata de organismos de pocos milímetros, los Pselaphinae cumplen funciones ecológicas relevantes en la descomposición y el reciclaje de nutrientes forestales.

Pero Caterino pide cautela sobre su uso como indicadores de salud ecosistémica: "Todavía no sabemos lo suficiente sobre su historia natural o sus relaciones ecológicas como para afirmar algo concluyente en ese sentido".

Lo que sí parece confirmado es que Ecuador alberga una riqueza entomológica muy superior a la documentada hasta ahora, y que buena parte de ella sigue, literalmente, bajo la hojarasca.

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