'Ecuador tiene alto potencial para captar financiamiento sostenible'

Christian Cutiupala, gerente del Programa País en Ecuador del GGGI, afirma que se puede atraer más recursos, si se plantean proyectos sostenibles bien estructurados.

'Ecuador tiene alto potencial para captar financiamiento sostenible'
Christian Cutiupala es el Gerente del Programa País de GGGI en Ecuador. Foto: Youtopía Ecuador

Durante los últimos años, Ecuador ha ampliado su participación en iniciativas vinculadas al financiamiento sostenible, la acción climática y la conservación de la biodiversidad.

En ese proceso, el Instituto Global para el Crecimiento Verde (GGGI, por sus siglas en inglés) ha acompañado a instituciones públicas y privadas del país, en el diseño de políticas, instrumentos financieros y proyectos orientados a atraer inversión para el desarrollo sostenible.

En esta entrevista con Youtopía, Christian Cutiupala, Gerente del Programa País en Ecuador del Instituto Global para el Crecimiento Verde-GGGI, analiza los avances alcanzados, las oportunidades para captar más recursos internacionales y los desafíos para consolidar una agenda de crecimiento verde.

P. ¿Cuál es la visión del Instituto, cuáles son sus principales líneas de trabajo en Ecuador y desde cuándo lo están haciendo?

R. Me gustaría empezar explicando nuestra creación a nivel global. El Instituto Global para el Crecimiento Verde (GGGI) fue creado en 2012, durante la Conferencia Río+20. A partir de entonces surgió como una iniciativa global para promover el crecimiento verde en países en desarrollo y economías emergentes.

El Instituto inició con 18 países miembros fundadores. Actualmente tenemos 55 países miembros a nivel global; 12 están en América Latina y uno de ellos es Ecuador, que se convirtió en miembro de GGGI en 2019.

Desde entonces, hemos impulsado una agenda de trabajo conjunta, con el sector público y privado, para promover temas relacionados con crecimiento verde, desarrollo inclusivo y finanzas sostenibles.

¿Cómo se da esta incorporación de Ecuador?

Ecuador participa en varias convenciones internacionales y GGGI, como organismo internacional intergubernamental de cooperación internacional, también forma parte de estos espacios. Un ejemplo es la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP), que se celebra anualmente.

En una de estas conferencias, el Ministerio del Ambiente y la delegación oficial de Ecuador establecieron contacto con GGGI. A partir de ese acercamiento comenzó la relación entre la organización y el país.

¿Cómo se diseña la línea de trabajo de GGGI en Ecuador? ¿Desde cuándo puede hablarse de una presencia efectiva del Instituto?

Es importante puntualizar que la forma en la que trabajamos en GGGI consiste en identificar cuáles son las prioridades del país. No traemos una receta estándar ni planteamientos predefinidos basados únicamente en experiencias internacionales; construimos soluciones a partir de las prioridades y de la realidad nacional.

En ese sentido, desde 2019 comenzamos a conversar con el Ministerio del Ambiente y de Finanzas, para identificar prioridades en materia de financiamiento e implementación de acciones relacionadas con cambio climático y conservación ambiental.

Las primeras líneas de trabajo definidas por el Ministerio estuvieron orientadas a acelerar la movilización de financiamiento sostenible, particularmente financiamiento climático.

"No traemos una receta estándar; construimos soluciones a partir de las prioridades y la realidad nacional".

Una vez identificadas esas prioridades, ¿cuáles fueron las primeras acciones concretas de GGGI en Ecuador?

Uno de nuestros ejes de trabajo precisamente es el de finanzas sostenibles, abordando toda su cadena de valor. Es decir, la evaluación de las capacidades del país para acceder a financiamiento internacional o gestionar recursos nacionales, hasta el diseño e implementación de instrumentos financieros.

También brindamos asistencia técnica para fortalecer procesos relacionados con formulación, financiamiento, implementación y evaluación de impacto de iniciativas sostenibles.

Durante los primeros años de trabajo en Ecuador nos concentramos en fortalecer las capacidades de ambos ministerios, para que pudieran gestionar operaciones de financiamiento climático y sostenible. Paralelamente, apoyamos el diseño de instrumentos innovadores de financiamiento.

En el caso de los ministerios de Ambiente y de Economía, ¿hacia qué líneas específicas se orientó ese fortalecimiento de capacidades?

A nivel temático, nos hemos enfocado en cambio climático, tanto en mitigación como en adaptación; trabajamos también en bioeconomía, fortalecimiento de instrumentos financieros en la banca pública y en mecanismos nacionales de financiamiento innovador relacionados con la sostenibilidad.

Hemos brindado asistencia técnica para desarrollar políticas orientadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; además, formulación de planes de inversión para mitigación del cambio climático, alineados con las metas establecidas en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) del Ecuador.

Hemos trabajado en adaptación al cambio climático y propuesto alternativas para fortalecer y focalizar las intervenciones contempladas en el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático.

Además, hemos impulsado la incorporación de nuevas tecnologías para la gestión de información vinculada con adaptación climática. Específicamente, integramos herramientas de inteligencia artificial para el pronóstico de severidad de tormentas de corto plazo, que realizamos con el Inamhi el año pasado.

Para mostrar cifras, ¿cuántos proyectos han desarrollado hasta el momento y con cuántas instituciones han trabajado?

Es difícil precisar un número exacto de instituciones porque procuramos que nuestro trabajo sea lo más colaborativo posible y reúna a la mayor cantidad de actores. Algunos tienen rol de liderazgo, otros participan como asesores y otros como beneficiarios.

En términos de proyectos, hemos desarrollado más de diez iniciativas durante los últimos seis años, vinculando actores del sector público y privado.

Respecto a instituciones, además de los Ministerios (Ambiente y Economía), hemos trabajado con el Banco Central del Ecuador, Banco de Desarrollo del Ecuador, Corporación Nacional de Finanzas Populares y Solidarias (Conafips), el Inamhi. También dialogamos con el Ministerio de Agricultura.

En el sector privado hemos compartido espacios de trabajo con Asobanca y con entidades financieras específicas. Por ejemplo, en uno de nuestros primeros proyectos de finanzas sostenibles colaboramos con el Banco General Rumiñahui.

Actualmente impulsamos el mecanismo de gobernanza de finanzas sostenibles y trabajamos también con las superintendencias de Bancos y de Economía Popular y Solidaria.

Buscamos que este mecanismo sea altamente colaborativo, con participación del sector público, sector privado, cooperación internacional y academia. Considero que uno de los hitos de nuestro trabajo en Ecuador ha sido precisamente fortalecer este espacio de gobernanza, denominado Mesa de Finanzas Sostenibles.

"Hemos desarrollado más de diez proyectos en los últimos seis años vinculando actores del sector público y privado".

Cuando hablamos de crecimiento verde, ¿qué significa en la práctica?

Desde la perspectiva de GGGI, el crecimiento verde implica promover soluciones que permitan alcanzar un crecimiento económico sólido, sostenido e inclusivo, sin deteriorar el patrimonio natural. Además, debe incorporar un fuerte componente de inclusión social.

¿Esta visión se está consolidando como una tendencia entre los países?

La tendencia global apunta a avanzar hacia modelos de desarrollo y crecimiento compatibles con la naturaleza y con el bienestar social.

En ese sentido, diría que se trata de una de las principales tendencias a escala internacional. Está reflejada en instrumentos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París y las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional que han asumido los países.

Por supuesto, hay contextos políticos que pueden ralentizar o replantear el ritmo de avance de esta agenda, pero en términos generales la mayoría de los países mantienen compromisos vinculados al desarrollo sostenible y al crecimiento verde.

En el caso ecuatoriano, ¿cuáles son las oportunidades que identifica para consolidar estos esfuerzos en el corto, mediano y largo plazo?

Ecuador está realizando esfuerzos importantes para avanzar en temas de sostenibilidad, tanto desde el sector público como desde el sector privado.

Una de las principales oportunidades consiste en visibilizar mejor esos resultados. Muchos de los esfuerzos que se realizan en el país permanecen poco conocidos, incluso a nivel nacional. Hay poca divulgación.

Parte de nuestra asistencia técnica busca poner en valor esos avances. Para ello se requieren herramientas como clasificadores estandarizados, métricas comparables, armonización con estándares internacionales y una participación más activa de representantes nacionales en espacios globales, donde puedan mostrar resultados e impactos.

¿Por qué esto es importante? Porque la visibilidad puede abrir nuevas oportunidades de cooperación internacional, financiamiento, asistencia técnica, transferencia tecnológica y alianzas estratégicas que permitan acelerar el avance hacia un modelo de crecimiento verde.

En Ecuador existen resultados concretos: mecanismos de canje de deuda, cooperación internacional y financiamiento multilateral, entre otros instrumentos. Sin embargo, aún hay espacio para consolidar impactos más visibles y escalables.

"No se trata de desarrollar un proyecto tradicional y luego incorporar un indicador ambiental para acceder a financiamiento verde".

¿Dónde está el principal potencial para lograr una mayor incidencia y aprovechar condiciones como la biodiversidad del país o mecanismos como los canjes de deuda?

Los canjes de deuda constituyen un ejemplo muy relevante.

Como GGGI participamos como asesores técnicos de los ministerios involucrados en las operaciones de canje de deuda para Galápagos y para el Biocorredor Amazónico. Nuestro papel no fue el de una entidad financiera ni ejecutora de las operaciones, sino el de un facilitador técnico.

Nuestro aporte consistió en facilitar la coordinación entre instituciones, traducir conceptos técnicos entre las áreas ambiental y económica, fortalecer capacidades de negociación y brindar elementos técnicos para la definición de las estructuras financieras y los compromisos ambientales asociados con las transacciones.

Este ejemplo refleja el rol que buscamos desempeñar: ser un asesor técnico de confianza para las instituciones públicas.

A partir de experiencias como los canjes de deuda, identificamos condiciones habilitantes que permiten acelerar flujos de financiamiento y potenciar impactos ambientales y climáticos. Además, existen otras alternativas y nuevos actores que pueden incorporarse a estos procesos.

El canje de deuda externa para Galápagos ya rinde resultados
En Galápagos Life Found participan los pescadores artesanales y la academia, junto a la Armada y ONG, entre otras. Se centra en la pesca sostenible.

¿Cuáles son los otros instrumentos financieros?

Por ejemplo, actualmente trabajamos con el Banco de Desarrollo del Ecuador (BDE) para que pueda realizar su primera emisión de bonos verdes.

Esto significa acceder a un mecanismo alternativo de financiamiento para apoyar proyectos de los gobiernos autónomos descentralizados (GAD). De esta manera se incorporan nuevos actores a la agenda de financiamiento sostenible.

Los gobiernos subnacionales están realizando esfuerzos importantes en materia de sostenibilidad. Sin embargo, el financiamiento aún no llega en la magnitud que requieren. Se trata de un proceso en construcción.

Contar con financiamiento a través de bonos verdes puede representar una oportunidad para ampliar posteriormente el acceso a otros mecanismos de financiamiento y fortalecer la capacidad de inversión de los gobiernos locales.

Además de los canjes de deuda y los bonos verdes, ¿qué otros espacios existen para acceder a financiamiento? ¿Cómo puede Ecuador atraer más inversión nacional e internacional para proyectos sostenibles?

El principal punto para atraer inversión y financiamiento internacional es estructurar proyectos ambiciosos en términos de impacto ambiental y climático.

Para ello debemos reconocer cuáles son los objetivos nacionales en materia de reducción de emisiones, cuáles son las necesidades de conservación en los territorios y cómo enfocar proyectos que generen beneficios concretos en esos ámbitos.

Hay un aspecto que considero fundamental: no se trata de desarrollar un proyecto tradicional y luego incorporar un indicador ambiental para acceder a financiamiento verde. Lo importante es que los objetivos ambientales formen parte del diseño mismo del proyecto desde su formulación.

Cuando los proyectos nacen con un propósito ambiental claro y, además, generan beneficios sectoriales, existe una mayor capacidad para atraer inversión internacional y acceder a nuevas fuentes de financiamiento.

¿Ecuador resulta atractivo para este tipo de inversiones?

Sí. Ecuador tiene un alto potencial para captar financiamiento sostenible, tanto desde la perspectiva pública como privada.

El país reúne condiciones muy favorables: es un territorio megadiverso y, al mismo tiempo, altamente vulnerable a las amenazas derivadas del cambio climático. Esto lo convierte en un escenario idóneo para canalizar financiamiento orientado a la agenda ambiental y climática internacional.

Existe interés por parte de inversionistas y organismos internacionales en este tipo de impactos. Sin embargo, es necesario presentar las propuestas en los espacios adecuados de discusión internacional para generar oportunidades concretas.

Cuando se abre la posibilidad de dialogar con fondos de inversión, organismos multilaterales o potenciales financiadores, es indispensable contar con propuestas sólidamente estructuradas.

En materia de política pública y planificación estratégica, el país tiene mucho que ofrecer. El siguiente paso consiste en traducir esos marcos estratégicos en proyectos específicos y presentar esos proyectos a nivel internacional para acceder al financiamiento disponible.

¿Qué características deberían tener esos proyectos?

Existen áreas con gran potencial. Una de ellas son los mercados de carbono, que representan una oportunidad para acceder a nuevas fuentes de financiamiento. Estos mecanismos se relacionan directamente con proyectos orientados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El cambio climático ocupa un lugar prioritario en la agenda internacional y muchos países canalizan recursos a través de mercados de carbono, fondos climáticos, créditos concesionales, garantías para el sector privado e inversiones de capital.

Por ello, una de las principales áreas de oportunidad es la descarbonización de la economía, tanto en el sector público como en el privado.

A partir de ese objetivo pueden desarrollarse proyectos en sectores como agricultura, movilidad sostenible, energías renovables y producción.

También lo es la economía circular, que promueve la reutilización de materiales y la reducción de emisiones asociadas al consumo energético y al uso de recursos como el agua.

Desde una perspectiva territorial, la riqueza en biodiversidad del país permite afirmar que prácticamente todas las regiones tienen potencial para recibir financiamiento orientado a conservación y adaptación al cambio climático.

Existe interés, existen fuentes de financiamiento y Ecuador tiene potencial. ¿Qué hace falta para que se concrete esa conexión?

En materia de marcos estratégicos y política pública, Ecuador ha logrado avances importantes. Desde esa perspectiva, existe una base sólida para formular propuestas y alinearlas con los ODS y la acción climática.

La principal brecha está en la capacidad de transformar una idea en un proyecto suficientemente estructurado, para atraer financiamiento e inversión internacional.

Las ideas existen. Durante los últimos años se ha fortalecido el conocimiento técnico tanto en el sector público como en el privado. Existe una masa crítica de actores que comprende estas temáticas y genera propuestas innovadoras.

Sin embargo, aún debemos cerrar la brecha entre la etapa conceptual y la formulación de proyectos listos para ser financiados.

La solución pasa por identificar una cartera de proyectos prioritarios y acompañar esos procesos desde la prefactibilidad hasta la factibilidad. Esto requiere estructuración financiera, definición de compromisos ambientales y climáticos, y preparación técnica suficiente para la implementación.

En términos generales, la calidad de los diseños de proyectos en Ecuador es buena. Lo que falta es avanzar hacia una etapa en la que existan más proyectos maduros, listos para recibir financiamiento y generar impactos ambientales significativos.

Otro aspecto importante es el fortalecimiento de capacidades a nivel territorial. Aunque Ecuador cuenta con capacidades técnicas importantes, especialmente en las principales ciudades, todavía existe el desafío de ampliar esas capacidades hacia ciudades intermedias y pequeñas.

Los gobiernos subnacionales deberán desempeñar un papel cada vez más relevante en esta agenda y, para ello, necesitarán fortalecer sus capacidades o generar alianzas que les permitan formular proyectos de calidad.

"La principal brecha está en la capacidad de transformar una idea en un proyecto capaz de atraer financiamiento".

¿Qué expectativas existen sobre la hoja de ruta de la taxonomía verde? ¿En qué etapa está y qué se espera lograr con su implementación?

Ecuador viene trabajando en la construcción de una taxonomía verde desde hace más de cuatro años. Han existido esfuerzos tanto desde el sector público como del sector privado. Por ejemplo, el sector financiero ya cuenta con una taxonomía referencial promovida por Asobanca, que constituye una base importante para la construcción de una taxonomía verde nacional.

En diciembre del año pasado se concluyó la hoja de ruta para este proceso. Con asistencia técnica de GGGI, durante dos años se fortalecieron las capacidades de las instituciones que lideran la construcción de la taxonomía.

Puede parecer un proceso largo, pero era necesario que autoridades y equipos técnicos comprendieran con claridad para qué sirve una taxonomía, cómo se construye y cómo puede convertirse en una herramienta efectiva para movilizar financiamiento hacia actividades sostenibles prioritarias para el país.

¿En qué etapa se encuentra actualmente el proceso?

La hoja de ruta corresponde a la fase preparatoria. Una vez concluida esa etapa, se inicia el proceso de construcción de la taxonomía.

Desde GGGI, con apoyo del Gobierno del Reino Unido a través del proyecto UK PACT, hemos acompañado las primeras fases de involucramiento de actores estratégicos, que inluyen talleres sobre energía, transporte y ambiente, incluyendo actores vinculados a cambio climático e institutos de investigación.

Estos espacios buscan transmitir un mensaje central: la taxonomía no debe entenderse únicamente como un documento técnico que establece estándares o umbrales para definir qué es una actividad verde. Su objetivo principal es facilitar la movilización de financiamiento.

Actualmente el proceso es liderado por los Ministerios de Economía y Ambiente, con apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La consulta pública del documento está prevista para finales de este año y la expectativa es contar con la taxonomía verde nacional durante el próximo año.

Taxonomía verde en Ecuador: qué es y cuándo se implementará
Ecuador presentó la hoja de ruta para construir su taxonomía verde. El proceso se desarrollará por fases y está previsto que concluya en 2026.

También se ha trabajado con el Banco Central del Ecuador en la iniciativa de "enverdecer" la institución. ¿Qué significa este proceso?

Este es un buen ejemplo de iniciativas que muchas veces permanecen dentro de los círculos técnicos y no siempre logran suficiente difusión.

Desde mi perspectiva, el Banco Central ha sido una de las instituciones que más ha avanzado en la integración de criterios ambientales dentro de sus operaciones y de su gestión institucional.

A nivel internacional existe una tendencia creciente para que los bancos centrales incorporen el riesgo climático dentro de sus análisis económicos y financieros.

Durante los próximos años, los riesgos climáticos tendrán una incidencia cada vez mayor sobre las perspectivas económicas.

En este contexto, el Banco Central desarrolló el año pasado un ejercicio piloto para incorporar estos riesgos en el análisis de la economía ecuatoriana y del sistema financiero nacional.

¿Cuál es el alcance de ese trabajo?

Uno de los principales componentes consiste en entender los riesgos climáticos e integrarlos en el análisis económico nacional.

La metodología desarrollada incorpora elementos relacionados con cuentas nacionales y estabilidad financiera, evaluando cómo los riesgos climáticos podrían afectar el desempeño económico y financiero del país.

Todavía se trata de procesos piloto. Ecuador, como muchos países en desarrollo, enfrenta desafíos relacionados con disponibilidad y calidad de datos. Sin embargo, los primeros pasos ya se han dado.

¿Existen otros avances dentro de este proceso?

Sí. Uno de ellos está relacionado con la construcción de una política de gobernanza ESG dentro del Banco Central.

El año pasado apoyamos el diseño de las bases de esta política y de una estrategia de implementación que permita incorporar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) dentro de la institución.

Esta estrategia contempla también el desarrollo del inventario de gases de efecto invernadero del Banco Central y actualmente avanza en el proceso de verificación correspondiente.

Además, en la Junta de Política y Regulación Financiera, el Banco Central mantiene espacios de diálogo para promover normativa vinculada a criterios ESG en distintos segmentos del sistema financiero y empresarial.

¿Por qué el crecimiento verde es clave para el futuro del Ecuador?

Estamos en un momento único a nivel global en el que Ecuador debe tener una posición clara sobre cuáles son sus principales fortalezas.

Su patrimonio natural, su biodiversidad y su gente constituyen algunos de sus activos más valiosos.

En ese contexto, el crecimiento verde propone avanzar hacia un modelo de crecimiento económico inclusivo, capaz de convivir en armonía con la naturaleza y de fortalecer la resiliencia frente a un futuro que será cada vez más complejo debido a los efectos del cambio climático.

Por eso considero que avanzar hacia el crecimiento verde es uno de los principales desafíos que tiene el Ecuador.

Christian Cutiupala. Ingeniero en ciencias económicas y financieras de la Escuela Politécnica Nacional, con más de 15 años de experiencia en planificación, gestión financiera y formulación de proyectos a nivel nacional y subnacional en instituciones del sector público y de la cooperación internacional. Actualmente es el Gerente del Programa País en Ecuador del Instituto Global para el Crecimiento Verde-GGGI.