Animales que sienten: un cambio en los criterios de sostenibilidad
La ciencia que muestra que peces, pulpos y crustáceos tienen experiencias subjetivas redefine la explotación del mar. Preocupación en América Latina.
Por Álvaro Samaniego
Durante décadas, la sostenibilidad marina se midió con una sola vara: la biomasa. Si las poblaciones de peces se reproducían lo suficientemente rápido como para soportar la presión de la pesca, el sistema era considerado sostenible.
El sufrimiento de los individuos capturados no entraba en la ecuación. Pero un conjunto creciente de evidencia científica está cambiando esa lógica desde sus fundamentos.
La sintiencia, es decir, la capacidad de tener experiencias subjetivas como el dolor, el miedo o el bienestar, no era, hasta hace poco, un atributo que la biología reconociera en los animales acuáticos.
Los peces se consideraban autómatas con reflejos; los crustáceos, meras máquinas de estímulo-respuesta.
Ese paradigma comenzó a derrumbarse con investigaciones como las de la neurobióloga Lynne Sneddon, quien demostró que las truchas expuestas a estímulos dolorosos alteran su comportamiento de formas que van mucho más allá del reflejo espinal: dejan de alimentarse, protegen la zona afectada y responden a analgésicos. El dolor, en esos peces, tiene una dimensión experiencial.
Los pulpos llevaron el debate a otro nivel. Con unos 500 millones de neuronas, más que muchos vertebrados, y dos tercios de ellas distribuidas en sus brazos, los cefalópodos exhiben comportamientos asombrosos.
Destacan por su gran inteligencia, sus tres corazones, su capacidad para camuflarse al instante y sus ocho brazos con racimos de neuronas independientes. National Geographic ha documentado exhaustivamente sus comportamientos, como el uso de herramientas y la creación de mapas cognitivos espaciales.
Estos atributos resultan difíciles de explicar sin una vida interior: resuelven problemas en múltiples pasos, muestran personalidades individuales consistentes y, según un estudio publicado en 2021 en la revista iScience, experimentan algo que podría ser sueño activo, con patrones de cambio de color que sugieren actividad onírica.
El biólogo Robert Elwood, por su parte, documentó en cangrejos Shore una evaluación motivacional ante el dolor —sacrificar recursos para proteger una herida— que es imposible explicar solo como reflejo.
La regulación comenzó a moverse. En 2021, el Reino Unido incluyó a cefalópodos y crustáceos decápodos en su legislación de bienestar animal, reconociendo explícitamente su sintiencia.
La Unión Europea protege a los cefalópodos en experimentación científica desde 2010. Suiza prohibió hervir langostas vivas en 2018.
Son tanto gestos simbólicos como la expresión jurídica de un consenso científico que ya no puede ignorarse, formalizado en buena medida por Jonathan Birch, de la London School of Economics.
Este filósofo propuso el principio de precaución aplicado a la sintiencia: ante evidencia razonable de experiencia subjetiva, la carga de la prueba se invierte.

América Latina observa este proceso desde una posición incómoda. La región concentra una fracción enorme de la producción acuícola y pesquera global.
Chile es el segundo productor mundial de salmón; Ecuador, uno de los grandes exportadores de camarón; Brasil, Perú y Colombia sostienen pesquerías de escala industrial.
Ninguno de estos países cuenta con legislación específica sobre sintiencia de animales acuáticos y la mayoría de sus leyes de bienestar animal no mencionan peces ni crustáceos o los excluyen expresamente.
Esta brecha tiene efectos éticos, comerciales y reputacionales crecientes frente a mercados europeos que ya exigen estándares mínimos de bienestar. Es aquí donde la ciencia de la sintiencia empieza a redefinir el concepto mismo de sostenibilidad.
Hasta ahora, las grandes certificaciones internacionales (MSC para pesca silvestre, ASC para acuicultura) evaluaban básicamente la salud de las poblaciones y el impacto sobre los ecosistemas.
Pero una pesquería puede ser ecológicamente sostenible y al mismo tiempo causar sufrimiento masivo e innecesario a millones de individuos sintientes.
Si el bienestar de esos individuos empieza a contar, el modelo se quiebra por dentro. El MSC ya tiene un programa de trabajo activo sobre bienestar animal.
Varios minoristas europeos han adelantado sus propios estándares para proveedores. La sostenibilidad que no incluya la dimensión del sufrimiento está quedando obsoleta.

Hace poco se estrenó el documental Seantience, una trabajo profundamente conmovedor, que se puede ver aquí: https://youtu.be/DfpuhKMN9Vs?si=V9yBi8a21f8GyO_s.
El mar no es solo un stock de recursos ni un ecosistema que gestionar. Es, también, el hogar de millones de seres con experiencias propias. Es un momento en la historia que seguramente traerá cambios, basados en lo que la ciencia ya sabe.
