Quinindé pide reparación integral por el nuevo derrame de petróleo

Una fisura en el SOTE, con 50 años de operación, revivió la emergencia ambiental en esa provincia. El río Cupa es una arteria vital para los habitantes de la zona.

Quinindé pide reparación integral por el nuevo derrame de petróleo
El petróleo se derramó en el río Cupa. Petroecuador aseguró que la fuga fue controlada. Foto: Cuerpo de Bomberos de Quinindé.

Un nuevo episodio de contaminación por hidrocarburos puso en alerta a la provincia de Esmeraldas.

La noche del 11 de octubre de 2026, una fisura en el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) provocó el vertido de petróleo a la altura del recinto Cupa, en el cantón Quinindé.

La mancha de crudo avanzó rápidamente sobre el río Cupa y puso en peligro la calidad del agua de la zona. Las autoridades locales activaron medidas de precaución.

La Empresa Pública Municipal de Agua Potable y Saneamiento de Esmeraldas (EPMAPSE) y la administración del sector Viche suspendieron de manera temporal la captación y distribución de agua potable desde la planta de tratamiento de San Mateo.

La EPMAPSE informó en la tarde del 12 de octubre que restableció el servicio, una vez que técnicos de Petroecuador confirmaron "que el derrame de crudo registrado a la altura de Cupa ha sido superado".

Pero anunció que seguirá monitoreando el río, para garantizar que el agua se mantenga en condiciones seguras.

El GAD municipal de Quinindé alertó sobre la posible contaminación de la fuente hídrica que abastece a Viche, mientras los pobladores exigían la llegada de tanqueros de agua para cubrir sus necesidades básicas. 

Petroecuador EP no informó la cantidad de crudo derramado y ratificó que el accidente se produjo por la rotura del SOTE. Anunció que desplazó equipo humano y técnico para la contención y aseguró que la fuga fue controlada.

Comunicado de la EPMAPSE, el 12 de octubre de 2026.

Indignación y pedidos de reparación

La población ha reaccionado con malestar por la frecuencia con que se repiten estos desastres socioambientales. El río Cupa es una arteria vital para las familias del sector, que dependen de sus aguas para el consumo humano y riego de cultivos.

Dirigentes comunitarios afirman que los derrames constantes han dejado severas pérdidas económicas en las plantaciones de cacao y en los medios de subsistencia locales.

Los habitantes exigieron la presencia de los directivos de Petroecuador y amenazaron con el cierre de vías si no reciben compromisos concretos de reparación integral, abastecimiento de agua segura y remediación de los daños. 

El recinto Cupa aún no tiene sistema de agua potable. Su construcción ha avanzado el 80%. Foto: GAD Quinindé.

Historial de reincidencia y vulnerabilidad

 Este nuevo evento se suma a una preocupante cadena de incidentes hidrocarburíferos que sitúan a Ecuador en un promedio histórico de un derrame de petróleo por semana.

Según los registros de Petroecuador, el SOTE ha contabilizado más de 77 roturas de magnitud en sus 50 años de operación. El vertido acumulado, sin contar con este último derrame, supera los 767.000 barriles de crudo.

Si bien factores naturales como los deslizamientos de tierra causan fracturas en la tubería, cerca del 28% de las fugas responde al desgaste y corrosión de una infraestructura expuesta y envejecida. 

La vulnerabilidad de la provincia es recurrente. En la zona se han registrado ya problemas, como la contaminación del río Zapotal en 2015 y la afectación en la vía Roto-Cube en 2023.

Uno de los antecedentes más graves y recientes ocurrió apenas en marzo de 2025 en el sector El Achiote/El Vergel.

Un derrame de petróleo cada semana, el promedio en Ecuador
La afectación del derrame en Esmeraldas es grave. Es parte de un largo historial de fugas y daños del SOTE, el OCP y tuberías menores.

En esa ocasión, la rotura del SOTE causó la fuga de más de 25.000 barriles de petróleo, contaminando 86 kilómetros de los ríos Caple, Viche y Esmeraldas, hasta llegar al Pacífico.

Aquel desastre perjudicó a más de 500.000 personas, afectó a zonas protegidas como el Refugio de Vida Silvestre Estuario del Río Esmeraldas y forzó el despliegue de prolongados planes de remediación. 

En una provincia donde el 56% de la población vive en condición de pobreza y el 40% de los hogares carece de red de agua potable, los derrames petroleros agravan de forma crítica la precariedad de las comunidades ribereñas.

La nueva mancha revive el reclamo por soluciones definitivas a la vetusta infraestructura petrolera que atraviesa la zona.