Menos producción y precios más altos del café por el calentamiento global
La contaminación por carbono afecta a productores y consumidores de una de las bebidas más populares del mundo. La agroforestería es una alternativa en Ecuador.
Por Álvaro Samaniego
Un incremento sostenido de los días de calor dañino o subóptimo está amenazando las cadenas de producción y suministro de café en el mundo.
Disminución de la producción, producto con menor calidad, volatilidad de precios, ingresos inestables y riesgo para economías dependientes del café, son algunos de las consecuencias de esta amenaza.
Las conclusiones del informe de Climate Center van en varias direcciones, pero la principal es que el futuro de una de las mayores bebidas del mundo está comprometido.
Climate Center es un grupo independiente de científicos y comunicadores que investigan e informan los hechos sobre el clima y cómo afecta la vida de las personas. En este caso, sobre el consumo de café.
Los 25 países estudiados, que exportan el 97% del café que se consume en el mundo, “experimentaron un promedio de 57 días adicionales anuales de calor dañino para el café debido al cambio climático”.
Hay dos variedades de café que se producen, principalmente: arábiga y robusta. Sobre todo el arábiga es sensible a los cambios producidos por la contaminación por carbono.
Se desarrolla a gusto en temperaturas que oscilan entre 18 °C y 22 °C. Cuando pasa de los 30 °C comienza a dañarse.
Cada día se consumen en el mundo unas 2.000 millones de tazas de café. Los productores tratan de cubrir esa demanda. La alternativa es mudar las plantaciones a tierras más altas, en busca de temperaturas más frescas.
Pero el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, siglas en inglés), de Naciones Unidas, estima que “la adaptación agrícola puede convertirse en motor de degradación ambiental”.
Una alternativa es mudar las plantaciones a tierras más altas, con temperaturas más bajas. Pero la adaptación agrícola más bien puede empujar la degradación ambiental, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático

No todos los aproximadamente 6 millones de productores de los cinco países del cuadro anterior (el 85% pequeños agricultores) tienen iguales posibilidades de adaptación.
Esto es clave, porque el estudio prevé que la mitad de las tierras que hoy se usan para producir café ya no serán aptas en 2050.
El calor dañino está concentrado en el que se conoce como el “cinturón del café”, países que están al norte y al sur del equinoccio.
Más días de calor dañino significan la alteración de los ciclos de precipitación y, en definitiva, sequías más frecuentes, lluvias irregulares, menor humedad del suelo y alteración del calendario de cosecha.
Esto afecta la floración y el desarrollo del fruto, reduce producción y calidad. Y favorece la presencia de la broca y la roya del café, enfermedades fúngicas y otras plagas antes limitadas por la temperatura.
El impacto esperado es una menor producción, disminución de la calidad, volatilidad de precios, ingresos inestables y riesgo para economías dependientes del café.
Esto es especialmente grave para países que han experimentado mayor cantidad de días de calor que el promedio, como El Salvador (99), Nicaragua (77) y Tailandia (75).

Las perspectivas de Ecuador
La caficultura ecuatoriana es predominantemente de pequeña escala: más del 95% de los productores de café son pequeños agricultores.
Ecuador no tiene extensiones suficientes para ser un productor de volumen, pero se destaca en cuanto a la calidad. El reto de la Asociación Nacional Ecuatoriana de Café es potenciar al país como productor de cafés especiales diferenciados.
La producción en 2024 llegó a 200.000 quintales y cubre solo el 50% de la demanda interna. Según la Red Universitaria de Investigación y Desarrollo Cafetalero citada por Perfect Daily Grind, la demanda de la industria local es de 1,2 millones de sacos de 60 kg.
La producción se concentra en la Amazonía (44%), Costa (30%) y Sierra (27%). Produce una mezcla equilibrada de variedades arábica y robusta.
Alrededor del 75% de las unidades agrícolas nacionales corresponden a agricultura familiar, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO).
Históricamente, muchos cultivos tropicales se han desplazado montaña arriba para buscar temperaturas menos severas, pero invaden el bosque húmedo.
Esto ya ha sucedido con la ganadería amazónica, la palma aceitera y la soja, tanto en Ecuador como en el resto de Sudamérica.
Si esa migración a tierras altas sucede con la industria agrícola y los grandes productores, se puede esperar una expansión rápida de monocultivo y la pérdida del bosque nublado.
El resultado será una aceleración del calentamiento global por la deforestación. Sin embargo, los pequeños agricultores podrían tener la salida.
En muchos países cafetaleros -incluido Ecuador- el café campesino se produce bajo la sombra de árboles nativos, en sistemas mixtos.
Es una biodiversidad funcional de suelos cubiertos y microclimas regulados que reducen la temperatura local, retienen humedad, protegen suelos y capturan carbono.
El pequeño productor puede ser climáticamente más resiliente que la agricultura industrial, pero es más vulnerable a condiciones económicas difíciles, como la caída de precios.
Los sistemas cafetaleros de pequeña escala basados en agroforestería ofrecen una vía de adaptación climática con menor impacto ambiental.
Lo fascinante, en el caso ecuatoriano, es que podría convertirse en un laboratorio de adaptación climática del café.
