La IA acelera la presión sobre la transición energética
La expansión de la IA incrementa la demanda eléctrica y desafía los objetivos climáticos. El consumo de electricidad de los centros de datos se dispara.
La acelerada expansión de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando silenciosamente uno de los pilares de la sostenibilidad global: el sistema energético.
A partir de 2026, el crecimiento de esta tecnología dejará de ser solo un desafío digital para convertirse en un reto ambiental, de planificación energética y de gobernanza, con implicaciones directas sobre la transición hacia sistemas bajos en carbono.
Análisis recientes del Foro Económico Mundial, del Informe de Energía de Centros de Datos 2025 de Bloom Energy y de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) coinciden en un punto central.
Este es: la demanda eléctrica asociada a la IA crecerá de forma sostenida hasta 2030 —y más allá—, poniendo a prueba la capacidad de los países para conciliar innovación tecnológica, seguridad energética y compromisos climáticos.

2026: la energía marca el rumbo de la IA
Tras un 2025 marcado por la volatilidad geopolítica y económica, los gobiernos comenzaron a priorizar la seguridad del suministro y la estabilidad de precios por encima del discurso climático. Sin embargo, la transición energética no se detuvo.
Según la Agencia Internacional de la Energía, la inversión global en energía superó los 3,3 billones de dólares en 2025, de los cuales 2,2 billones se destinaron a tecnologías limpias.
En este contexto, el Foro Económico Mundial anticipa que 2026 no será un año de grandes promesas climáticas, sino una etapa de ejecución crítica, enfocada en tres ejes: crecimiento, resiliencia y competencia.
"La IA emerge como uno de los principales factores de presión sobre los sistemas eléctricos, al convertir al suministro de energía en un insumo estratégico para el desarrollo tecnológico". Foro Económico Mundial
Esta tendencia quedó reflejada a comienzos de 2026, con el anuncio de Siemens y NVIDIA de una ampliación estratégica de su alianza, para desarrollar el denominado “sistema operativo de la IA industrial”.
El acuerdo busca integrar inteligencia artificial nativa en toda la cadena de valor industrial —desde el diseño y la ingeniería hasta la simulación, la fabricación, las operaciones y las cadenas de suministro—, acelerando el despliegue de fábricas de IA y sistemas productivos altamente digitalizados.

Más allá de su impacto tecnológico, este tipo de iniciativas anticipa un aumento estructural de la demanda energética.
La expansión de la IA desde los centros de datos hacia la industria física multiplica los requerimientos eléctricos, no solo por el cómputo, sino también por la simulación avanzada, la automatización adaptativa y la operación continua de infraestructuras industriales inteligentes.
Centros de datos: cuello de botella ambiental y energético
El despliegue de modelos de IA cada vez más grandes y complejos ha transformado a los centros de datos en grandes consumidores de electricidad.
De acuerdo con Bloom Energy, el acceso a la energía es hoy el principal criterio para definir la ubicación de estas instalaciones, por encima de factores tradicionales como la conectividad.
El informe advierte que los desarrolladores están subestimando los plazos necesarios para obtener suministro eléctrico.
En los principales mercados de Estados Unidos, las empresas de servicios públicos reportan retrasos de hasta dos años adicionales frente a las expectativas de los hiperescaladores, lo que introduce riesgos no solo económicos, sino también ambientales, al incentivar soluciones de emergencia con mayor huella de carbono.

Más escala, más consumo y energía in situ
La presión sobre el sistema eléctrico se intensificará por el tamaño de los centros de datos.
Bloom Energy estima que la capacidad promedio de estas instalaciones crecerá cerca de un 115% en la próxima década, pasando de unos 175 MW a alrededor de 375 MW, impulsada por cargas de trabajo de IA altamente variables.
Ante la incapacidad de la red para acompañar este ritmo, la industria avanza hacia la generación de energía in situ.
Para 2030, el 38% de los centros de datos prevé utilizar generación local como fuente principal, mientras que el 27% planea abastecerse completamente con energía propia.
El avance de la IA industrial —impulsado por alianzas entre proveedores de infraestructura digital y actores industriales globales— refuerza esta tendencia.
Fábricas inteligentes, gemelos digitales y sistemas de simulación en tiempo real requieren suministro eléctrico estable, continuo y cercano al punto de consumo.
Aunque esta estrategia mejora la resiliencia, plantea interrogantes ambientales clave: el tipo de tecnología utilizada y su alineación con los objetivos de descarbonización serán determinantes para su impacto final.

Impacto en América Latina
En América Latina y el Caribe, el desafío adquiere una dimensión particular. Según un documento técnico de OLACDE, la IA podría representar el 5% del consumo total de electricidad de la región hacia 2035, equivalente a más de 120 teravatios hora (TWh) anuales.
Actualmente existen 455 centros de procesamiento de datos dedicados a aplicaciones de IA en la región.
Con un consumo promedio estimado de 50 GWh por centro al año, estas instalaciones ya representaban alrededor del 1,6% del consumo eléctrico regional en 2023.
Bajo una proyección de crecimiento global del 165% en el número de centros de datos entre 2023 y 2030, la demanda energética asociada a la IA crecerá de forma acelerada, especialmente por el entrenamiento de algoritmos y los sistemas de enfriamiento.
El secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo, advirtió que “la transformación digital de nuestros sistemas productivos debe ir de la mano con una planificación energética responsable y sostenible, pues la IA podría competir por recursos energéticos con sectores prioritarios como el residencial, el industrial o el transporte”.
"La IA podría competir por recursos energéticos con sectores prioritarios como el residencial, el industrial o el transporte”. Andrés Rebolledo.
IA, energía y Objetivos de Desarrollo Sostenible
El avance de la IA y su demanda energética intersectan directamente con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
En particular, el ODS 7 (Energía asequible y no contaminante) se ve tensionado por el aumento del consumo eléctrico, mientras que el ODS 9 (Industria, innovación e infraestructura) impulsa la expansión de la infraestructura digital.
Asimismo, el ODS 13 (Acción por el clima) enfrenta un desafío clave: garantizar que el crecimiento de la IA no ralentice los esfuerzos de mitigación del cambio climático.
En este sentido, tanto Bloom Energy como OLACDE subrayan la necesidad de mejorar la eficiencia energética de los centros de datos, fortalecer los marcos regulatorios y acelerar la integración de fuentes renovables para absorber el impacto ambiental del crecimiento tecnológico.
El impacto de la IA será uno de los temas a tratar en la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial (19–23 de enero de 2026) en Davos, Suiza.
Un equilibrio crítico hacia 2030 y 2035
Entre 2026 y 2030, la demanda energética de la Inteligencia Artificial redefinirá la relación entre tecnología y sostenibilidad.
Para 2035, especialmente en América Latina y el Caribe, la IA podría convertirse en un actor relevante en la competencia por la electricidad disponible, no solo desde el sector digital, sino también desde la industria productiva.
El desafío para los países no será frenar la innovación, sino integrarla en una planificación energética que priorice la resiliencia, la equidad y la descarbonización.
En un mundo cada vez más digital, el futuro de la IA dependerá tanto de los algoritmos como de la capacidad de los sistemas energéticos para sostenerlos sin comprometer los objetivos ambientales globales.


