Galápagos: más tensión entre presión humana y biodiversidad
Los indicadores turísticos deben combinarse con la capacidad de equilibrar población, territorio y protección de la biodiversidad. El turismo y la población crecieron.
Por Álvaro Samaniego
Galápagos vive en la cuerda floja. Mientras el mundo celebra su biodiversidad única y la expansión de la reserva marina y en Ecuador se conmemora su Día, el archipiélago experimenta los efectos de la presión humana.
Esta tensión no es nueva y es muy difícil de resolver. En el primer cuarto de este siglo XXI, hay tantas señales de mejoramiento como de debilidades recurrentes.
En 25 años, el turismo se cuadruplicó, la población residente casi se duplicó y la generación de residuos se triplicó.
El desafío ya no es solo conservar especies emblemáticas, sino sostener un territorio finito que funciona como una pequeña red de microciudades en medio del océano Pacífico.
Un primer asunto es la presión humana en un espacio limitado. En el 2000, Galápagos recibía cerca de 68.000 visitantes; en 2019 alcanzó un récord de 271.238, y para 2025 las proyecciones bordearon las 300.000 visitas anuales.
Este crecimiento no ocurrió principalmente en cruceros regulados, sino en el turismo terrestre, que exige hoteles, restaurantes, transporte y expansión urbana.
A la par, la población residente pasó de alrededor de 20.700 personas a más de 40.000 “habitantes día” en 2025.
Esto resulta de la suma de residentes permanentes, temporales y turistas simultáneamente presentes. Y hubo el consiguiente un aumento de la huella de carbono.
La infraestructura -agua, energía, manejo de residuos- debe responder a esa presión cotidiana, no solo a los datos oficiales de censo.

La consecuencia visible de ese metabolismo urbano es la basura. A comienzos de siglo se estimaban unas 4.500 toneladas anuales de desechos.
En 2023, la cifra superó las 12.500 toneladas y para 2025 se proyectaron más de 13.000 toneladas al año.
Aunque los centros de reciclaje locales logran recuperar hasta la mitad de los residuos (un hecho extraordinario en el Ecuador), el volumen refleja un cambio profundo en el estilo de vida insular y en la dependencia de productos importados.

El paraíso natural funciona, en términos logísticos, como una economía altamente dependiente del continente.
Alrededor del 85% de lo que se necesita viene del Ecuador continental, otro factor determinante en cuanto a la huella de carbono.
Seguridad de la biodiversidad amenazada
El segundo tema paradójico tiene relación con las especies invasoras y la bioseguridad. Si la presión humana es visible, la amenaza biológica es silenciosa.
Más de 1.500 especies introducidas han sido registradas en el archipiélago, muchas de ellas con impactos severos sobre aves, reptiles y flora endémica.
Proyectos emblemáticos como la erradicación de cabras en Isabela o la fase actual de restauración en Floreana muestran que el control es posible, pero costoso y permanente.
Cada vuelo, cada barco y cada contenedor que llegan desde fuera del archipiélago representa un riesgo potencial de nuevas introducciones.
Los ejércitos de la mosca Philornis downsi, de las plantas de mora y de guayaba, tienen en vilo a las autoridades de control.
La bioseguridad no puede cerrarse como una frontera convencional: debe mantenerse activa y financiada de forma sostenida, lo que conecta directamente con el modelo turístico y con la gestión pública del territorio.

Los conflictos de la gobernanza
Galápagos tiene un régimen especial y una de las mayores reservas marinas del mundo. Pero la sostenibilidad no depende solo de proteger áreas.}

La economía del archipiélago gira en torno al turismo: tensión entre conservación estricta, el empleo local, control migratorio y demanda de servicios especializados, entre grandes operadores y economías familiares.
En 2025, el aumento de la tasa de ingreso a las islas y el discurso de “menos cantidad, más calidad” buscaron estabilizar el crecimiento y financiar la conservación.
Sin embargo, la pregunta de fondo permanece abierta: ¿puede un destino recibir cerca de 300.000 visitantes al año y sostener al mismo tiempo su carácter de laboratorio natural único en el planeta?
Tres retos prioritarios
Mónica Calvopiña, directora de Galápagos Life Foundation, identificó tres temas clave. El primero es la protección de la biodiversidad y ecosistemas marinos.
“Nuestra biodiversidad garantiza el equilibrio de nuestros océanos y la seguridad alimentaria, por lo que su protección y el desarrollo de actividades sostenibles son importantes”: Mónica Calvopiña
Luego, considera que se debe contrarrestar la pesca ilegal y no regulada. Afecta al océano y "desencadena muchas otras amenazas, como la contaminación y el impacto en especies marinas migratorias, así como en nuestros recursos pesqueros”.
Finalmente, da relevancia a la promoción de actividades sostenibles (pesca y turismo) que, sumados a iniciativas educativas, conectan a la comunidad con los desafíos y retos.
La respuesta no está solo en los indicadores turísticos, sino en la capacidad colectiva de equilibrar población, territorio y biodiversidad sin romper el delicado tejido ecológico que dio fama mundial a las islas.
Para ello se requiere una gobernanza adecuada, que logre desembarazarse del inmediatismo y el sentido de privilegio de la política cotidiana.
