‘En ciencia dura, diferenciar entre hombres y mujeres crea sesgos’
La científica analiza los efectos del concepto de equidad en la ciencia, tanto en el día a día de los investigadores como en el desarrollo de la ciencia en sí misma
A juicio de la biogeógrafa Sheika Aragundi, las políticas inclusivas ponen la barra más baja en las ciencias duras. Hay que inscribirse en un gremio para que te publiquen o te contraten, afirma.
Piensa que, al sesgo tradicional de la supremacía de los hombres en la ciencia, sobre todo a partir de las guerras mundiales, se suma el que se ha creado con los criterios de paridad y equidad, pues premian a quienes son parte de gremios.
Esto se debe, argumenta, a que los organismos que financian proyectos se han fijado más en estos criterios que en la verdadera calidad de la investigación. Y esa actitud -dice- relega a científicos y científicas con alta valoración pero no agremiados.
-¿Está de acuerdo con el énfasis que se pone sobre la participación igualitaria de las mujeres en la ciencia?
Desde mi experiencia, creo que podría dar lugar a un sesgo. Por ejemplo, como evaluadora anónima ad honorem de artículos con potencial de publicación, puedo decir que el nivel de exigencia ha disminuido desde cuando las publicaciones científicas, incluso las mejores, tomaron los conceptos de proporcionalidad e inclusión.
Eso hace que a mucha gente valiosa no se la visibilice. Las políticas inclusivas están poniendo la barra más baja en las ciencias duras. Cuando priorizo la inclusión social voy relegando el valor científico en sí mismo.
-Si ese es un sesgo, es inevitable pensar en otro: el de las mujeres científicas frente a los hombres científicos.
El ámbito de la biogeografía ha sido dominado por hombres y pocas mujeres han entrado en él. La geografía tuvo muchísimas aplicaciones en la fotografía aérea y hoy se usa en sistemas remotos y sistemas para evaluar la biodiversidad y la conservación.
Este dominio ha sido tradicional y es una herencia de las ciencias que se desarrollaron durante las guerras. La biogeografía nació como una herramienta muy poderosa y estuvo dominada muchísimo tiempo por los hombres. Y en el ámbito civil, la ingeniería geográfica siguió con un amplio dominio masculino.

-¿Ese último sesgo dura hasta la actualidad?
Dura hasta hoy y se refleja en el porcentaje de gente que se inscribe en geografía física, que es generalmente donde mayor porcentaje alcanzamos las mujeres: somos un tercio. Ha habido una idea tradicional de que los hombres son mejores en este campo y las mujeres en otros, y eso no es cierto.
Las mujeres son conocidas tradicionalmente en ámbitos de laboratorio y hay muchas más mujeres en el estudio de la ecología, que requiere detalle en botánica, floración, plantas endémicas. Y también se tiende a ubicarlas en la parte humana de las ciencias. Puedes sobrepasar con títulos a los hombres, pero por ser mujer debes encajar en un ámbito específico.
-¿Por qué su reparo a que se enfatice sobre mujeres en la ciencia?
Al igual que los hombres, las mujeres están en la ciencia ya muchísimas décadas, desde la ejemplar Maria Curie. Hay universidades donde no se hace la diferencia entre el aporte de hombres y mujeres en la ciencia. No sé si solo es mi perspectiva, pero la he escuchado también de colegas de Estados Unidos e Inglaterra.
En Ecuador y Latinoamérica, al no tener un equivalente de hombres en la ciencia, hablar de mujeres en la ciencia puede sonar divisionista, inclusive quizás esconde un prejuicio, que quizás es una palabra muy dura.
"Pienso que tanto a hombres como a mujeres nos afecta que haya personas que se inscriben en grupos de ciencia, en colegios de biólogos, de inteligencia artificial, de matemáticas": Sheika Aragundi
Debemos preguntarnos qué tanta ventaja te puede dar pertenecer a estos cuerpos colegiados. La proporcionalidad y la inclusión traen más posibilidades de reconocimiento a las mujeres por pertenecer a un cuerpo colegiado. Eso no es justo, porque hay que ser parte de ellos para tener más acceso a que te publiquen o te contraten.
Hombres y mujeres pasamos por ese cedazo: por mucho que hayas estudiado y publicado, en el momento en que dejas de pertenecer a un gremio, entonces tus posibilidades de publicar y de conseguir trabajo bajan. Tanto a hombres como mujeres nos afecta por igual en lo académico.
Si tengo que incluir artículos publicados en proporción balanceada, ahí puede haber una inclusión arriesgada científicamente, porque aunque no sea de excelente calidad, debo mantener un criterio políticamente correcto. Y eso sucede en la cooperación internacional en un altísimo porcentaje, porque quieren cumplir esos criterios y además tienen relaciones con estos cuerpos colegiados.
Más todavía, ahora muchas revistas cobran por la publicación, incluso las buenas. Entonces ya se pasa de una obligación no necesariamente académica a una necesidad de publicar para obtener réditos. Se puede bajar el nivel de exigencia y la ciencia se perjudica.
¿Y cómo puede afectar en lo laboral a las personas de ciencia?
Si como organización internacional me preocupo de que el proyecto que voy a financiar tenga equidad de género y que incluya grupos minoritarios, si no consigo una mujer en este ámbito y no me van a financiar, puedo estar sacrificando un colega que ha trabajado mucho pero es hombre.

