La Costa, con la mayor cantidad de lluvias por El Niño en Ecuador
Según datos de la SNGR, Los Ríos sufrió más inundaciones durante la alerta roja. Pero Esmeraldas tiene el mayor número de emergencias, seguida de Guayas.
Desde la declaratoria de alerta roja, el 29 de agosto, hasta el 4 de octubre de 2026 (último boletín oficial), la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) identificó más de 210 eventos adversos en 21 de las 24 provincias y en 82 cantones.
La mayoría son inundaciones por precipitaciones. Se determinó que las personas damnificadas pasaron de 2.300 a más de 13.300 en un período de apenas doce días.
El saldo acumulado incluye 3.352 viviendas con daños y 33 destruidas, 188 familias (395 personas) lo perdieron todo o casi todo. Hubo una víctima mortal, en Pasaje (El Oro), el 26 de septiembre.
La información determina que 1.302 hectáreas sufrieron daños y 332 quedaron destruidas, todas en Los Ríos.
Sin embargo, Esmeraldas registra el mayor número de eventos por lluvias, seguida por Guayas, Santo Domingo de los Tsáchilas, Los Ríos, Azuay, Manabí, Pichincha, Bolívar, Carchi, Cotopaxi, El Oro, Morona Santiago, Pastaza, Chimborazo y Sucumbíos.

En Guayaquil, septiembre fue el más lluvioso desde 1961 y por encima de los de 1982 y 1997, los “superniños” anteriores.
También se registraron récords mensuales en Milagro, Portoviejo y Chone. Los caudales en San Pablo (Palmar) superaron el máximo histórico de referencia, así como los de Puyango.
La SNGR, en su último boletín oficial, el 135, de finales de julio de 2026, señaló que los daños alcanzaron el Nivel 4: “Desastre”, que “supera la capacidad de respuesta local y provincial, requiriendo la movilización de recursos del Estado central y el COE Nacional”. Hay una sola categoría más, la 5, de “Catástrofe”.
En este contexto, pero sin relación con El Niño, Quito vivió el 4 de octubre una de sus tradiciones. El "Cordonazo de San Francisco”, una lluvia fortísima que marca la transición definitiva a la época lluviosa, provocó inundaciones sin víctimas mortales pero con daños materiales, sobre todo en el sector norte.
Se considera la transición hacia el invierno y volvió a dejar su marca con una cantidad inusual de granizo distribuido por calles, techos y las montañas vecinas.

El Niño y el calentamiento global unidos
Los dos fenómenos distintos, uno de tendencia y otro de variabilidad natural, coinciden en 2026 y amenazan con multiplicar los impactos climáticos, desde China hasta la costa de Ecuador.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advierte que el mundo está "peligrosamente cerca" de cruzar el límite de 1,5°C, fijado en el Acuerdo de París.
La temperatura global ya alcanza cerca de 1,4 °C sobre los niveles preindustriales, y los estudios prevén que el umbral se supere entre 2029 y comienzos de la década de 2030.
Para la organización, un rebasamiento temporal no es una meta perdida, sino una señal para actuar más rápido.
"Cuanto más tiempo permanezca el mundo por encima de esta cifra, mayores serán los riesgos", señaló Manuel Pulgar-Vidal, líder global de Clima y Energía de WWF.
Stephanie Roe, científica principal de la entidad, precisó que importa cuánto suben las temperaturas y cuánto tiempo se quedan allí. Con las políticas actuales, el planeta iría hacía unos 3 °C a fin de siglo; con los compromisos vigentes, hacia 1,8°C.
Juntos, pero no revueltos
El Niño y el calentamiento global son fenómenos independientes. El primero es variabilidad natural, un ciclo de dos a siete años originado en el debilitamiento de los vientos alisios y la acumulación de agua cálida en el Pacífico.
El segundo es un resultado antrópico, una tendencia de décadas, impulsada por los gases de efecto invernadero emitidos por los seres humanos.
El problema es que ya no actúan sobre una base neutra. El que algunos ya llaman “Superniño 2026” se monta sobre un océano más caliente que el de 1997 ó 2015, los dos eventos previos con mayor impacto.
Sus efectos se suman. Los expertos advierten, además, que no todo evento extremo debe atribuirse a El Niño: la ola de calor europea de este verano responde sobre todo al calentamiento de fondo.
En este sentido, el 29 de septiembre de 2026, China anunció que espera el "súper El Niño más fuerte jamás registrado", con el pico de impactos en otoño e invierno del hemisferio norte.
El patrón previsto es dividido: lluvias por encima del promedio y riesgo de inundaciones en el sur (cuenca del Yangtsé, Guangdong y Guangxi), y sequía en el norte y el noreste (Heilongjiang y Mongolia Interior).
La preocupación central gira alrededor de la cosecha tardía de arroz y el agua para la siembra de primavera, la principal fuente de alimentos del Asia.
El Niño sigue creciendo
Las agencias coinciden: el evento es fuerte y se encamina a ser muy fuerte. La NOAA, agencia estadounidense para el clima, mantiene su alerta.
Asigna más de 90% de probabilidad a una intensidad muy fuerte en el invierno boreal 2026-2027.
Según su lectura, El Niño de la zona de Pacífico 3.4 llegó a +3,1 °C el 23 de septiembre.
Copernicus confirmó condiciones fuertes ya establecidas, y medios que combinan sus datos proyectan un pico cercano a 4,1 °C sobre lo normal en diciembre, alrededor de un grado más que en 2015.
La Agencia Meteorológica de Japón registró en agosto la mayor anomalía de su serie desde 1949, y la Organización Meteorológica Mundial calcula en casi 100% la probabilidad de que persista hasta febrero de 2027.

Los más vulnerables por sequía
El fenómeno redistribuye las lluvias: sequía en unos lugares, inundaciones en otros. En Asia, el monzón débil ya redujo en cerca de 50% las lluvias de septiembre en algunas zonas de la India, e Indonesia enfrenta embalses en niveles históricamente bajos.
En Oceanía, Australia acumula déficit de lluvia desde enero y el evento podría durar hasta el otoño de 2027.
En África, la ONU alertó del riesgo para millones de personas en el este y el sur; el sur sufre sequía y el Cuerno de África espera más lluvias.
En América, la temporada de huracanes atlánticos ha sido inusualmente tranquila, mientras el Pacífico sudamericano recibe lluvias intensas.
Los países más vulnerables, por exceso de lluvias e inundaciones, son: Ecuador, Perú, Kenia, Somalia, Etiopía, Uganda, Tanzania, el sur de Brasil, Uruguay y el norte de Argentina.
En el otro extremo, los más vulnerables por sequía, calor e incendios, son: Indonesia, Filipinas, Tailandia, Vietnam, Camboya, Australia, India, Pakistán, Sudáfrica, Zimbabue, Zambia, Botsuana, Namibia y partes de Mozambique.
Brasil sufre ambos extremos: sequía en el norte y nordeste, e inundaciones en el sur.


