118 especies de peces en primera fase exploratoria del río Conambo
Siete órdenes taxonómicos y 31 familias fueron registrados; aún es necesario cubrir todo el ciclo hidrológico anual. Se aplicó un enfoque etnobiológico.
Por Álvaro Samaniego
Hasta hace poco, el río Conambo era un espacio apenas descrito en los mapas científicos de la ictiofauna ecuatoriana. Ha permanecido como un territorio inexplorado en términos de biodiversidad acuática.
Hoy, gracias a un esfuerzo interinstitucional, ese vacío comienza a llenarse: el primer inventario sistemático de peces de agua dulce en la cuenca del Conambo ha documentado 118 especies, con hallazgos que superan las expectativas iniciales.
El río, de 215 kilómetros, nace en las estribaciones orientales de los Andes y desemboca en el río Tigre, que es tributario del Marañón y, finalmente, del Amazonas.
El estudio, publicado en marzo de 2026 en la revista PeerJ, fue liderado por el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio) junto a universidades nacionales e internacionales, la Wildlife Conservation Society, la Confeniae y la WWF.
Los resultados son tan reveladores como alentadores: siete órdenes taxonómicos y 31 familias de peces han sido registrados, con predominio de Characiformes– pirañas, bocachicos, sábalos– y Siluriformes –bagres–. Las familias más diversas fueron Characidae, Loricariidae y Cichlidae.
Entre los hallazgos más notables figura Crenuchus spilurus, nunca reportada en Ecuador. Los nombres comunes con los que se les conoce en la zona son characín enano, chulla chaqui yacua o bariza jita.
Especímenes como este no pudieron asignarse a ninguna especie conocida, lo que sugiere la presencia de peces aún no descritos en el sistema científico de clasificación jerárquica de los seres vivos.
Una raya de agua dulce del género Potamotrygon, colectada en una sola ocasión, permanece en proceso de identificación definitiva.
El trabajo de campo se realizó en dos fases hidrológicas —aguas altas en marzo de 2025 y aguas bajas en octubre de 2024- y en tres zonas longitudinales: Kawao (alta), Yandanaentza (media) y Juyuintza (baja).
“A la cuenca del río Conambo prácticamente solo se puede ingresar en avioneta, lo que implica una logística compleja, altos costos y una planificación muy precisa”, relató Fernando Sánchez, científico líder de la expedición.
Las técnicas incluyeron redes agalleras, anzuelos y redes de mano, pero también métodos ancestrales como el barbasco (Lonchocarpus utilis), aplicado en afluentes menores, con la colaboración de comunidades locales.
"La investigación integró la pesca ancestral de sus sabios ancianos con metodologías científicas convencionales, lo que le da un valor intercultural único”: Fernando Sánchez
Todos los especímenes fueron depositados en el Inabio, con sus respectivos códigos de voucher, asegurando así su disponibilidad para futuras investigaciones.

Un enfoque etnobiológico
Más allá de la dimensión científica, el estudio destaca por su enfoque etnobiológico. Los investigadores entrevistaron a 15 pescadores shiwiar y 48 sapara, quienes aportaron nombres vernáculos en sus lenguas, descripciones de hábitats y patrones de captura según la temporada.
Para estas comunidades, especies como el bagre manchado (Pseudoplatystoma punctifer), el guanchiche (Hoplias malabaricus), el bocachico negro (Prochilodus nigricans) y el sábalo de cola negra (Brycon melanopterus) son pilares de subsistencia y cultura.
“Para nosotros los peces no son solo números, son nuestro alimento y nuestra vida”, expresó la dirigencia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae) durante la presentación de resultados.
Subrayó que este inventario les brinda herramientas legales para defender su territorio frente a amenazas extractivas.
El contexto territorial refuerza la importancia del hallazgo. La nación shiwiar, junto a comunidades sapara y achuar, conserva el 98,6% de su cobertura forestal original en más de 220.000 hectáreas.
Esta área, en la que está el río Conambo, es uno de los últimos reductos de bosque primario maduro de la Amazonía ecuatoriana.
“El Conambo es uno de los pocos ríos en la Amazonía ecuatoriana que se mantiene en un estado casi prístino. Este inventario es una línea base crítica; si no sabemos qué hay ahí, no podemos protegerlo”, advirtió Francisco Villa, investigador de la Universidad de las Américas (UDLA).
Un inventario por completarse
Las curvas de acumulación de especies muestran que el inventario realizado entre 2024 y 2025 en el río Conambo aún no ha cubierto todo el ciclo hidrológico anual.
El muestreo se realizó en momentos específicos, por lo que es necesario incorporar más períodos para comprender mejor la dinámica estacional, explicaron los científicos.
Nuevas campañas de campo seguramente ampliarán el listado, pero la información ya disponible –coordenadas georreferenciadas, fotografías de voucher, temporada hidrológica y nombres indígenas por especie– está en la plataforma SISBio Ecuador del Inabio.
Para Windsor Aguirre, investigador principal, “no solo es el número (118), sino el hecho de que muchas de estas especies podrían ser nuevas para la ciencia o registros que no sabíamos que llegaban hasta estas latitudes del Ecuador”.
El financiamiento provino de WWF y la UDLA, en el marco del Proyecto de Pagos por Resultados REDD+Ecuador, con apoyo del PNUD y la Confeniae. El proyecto estuvo liderado por Gabriela Echeverría.
Sánchez opinó que este trabajo “además, confirma que es posible generar ciencia de calidad mediante un trabajo conjunto con pueblos indígenas, integrando sus conocimientos y prácticas en el proceso investigativo”.
Es, además, un recordatorio de que la primera barrera de defensa frente a la deforestación, la minería y la expansión petrolera es el conocimiento documentado. Nombrar y registrar la vida es, en este caso, limitar el avance de esas actividades.
¿Qué se puede hacer para que este oasis de naturaleza pura se mantenga así? Lo primero que menciona Fernando Sánchez es fortalecer la gobernanza territorial de las nacionalidades indígenas, principales guardianes de estos ecosistemas.
También es fundamental evitar la expansión de actividades extractivas (minería o explotación petrolera).
Sin duda, promover la investigación científica continua es clave, tanto como generar políticas públicas que reconozcan el valor estratégico de estos territorios.
“En esencia, la conservación del Conambo depende de mantener y respetar la relación equilibrada que las comunidades han construido con su entorno a lo largo del tiempo”, concluye Fernando Sánchez.
