Laboratorio de economía circular para residuos avanza con apoyo alemán

La UDLA pone en marcha esta iniciativa para optimizar la gestión de residuos en Ecuador. El laboratorio no solo analizará materiales, sino que buscará desarrollar nuevos usos.

Laboratorio de economía circular para residuos avanza con apoyo alemán
Cristina Almeida, docente investigadora de la UDLA, y Yasser González, director académico de Ingeniería Ambiental de la UDLA, lideran el nuevo Laboratorio de Economía Circular. Fotos: Youtopía Ecuador

Cada día, en Ecuador, más de 14.000 toneladas de residuos cambian de manos: de los hogares a los camiones recolectores, y de ahí —en su mayoría— a rellenos sanitarios, botaderos o, en el peor de los casos, a ríos y quebradas.

Al año, la cifra supera los 4,4 millones de toneladas. Sin embargo, la mayor parte de esos desechos no tendría por qué terminar allí.

Se calcula que cerca del 61% de los residuos son orgánicos, con potencial para ser compostados o reincorporados en sistemas productivos. A esto se suman materiales reciclables como plástico, papel, cartón, vidrio, metales, entre otros.

Aun así, el país apenas recicla entre el 4% y el 6% de todo lo que desecha. La brecha es evidente: hasta el 89% de los residuos podría aprovecharse bajo esquemas más eficientes.

En esa fisura —entre lo que se desecha y lo que podría recuperarse— se inserta una nueva apuesta académica y técnica, gracias a la cooperación internacional.

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Un laboratorio para cerrar el círculo

La Universidad de Las Américas (UDLA) pondrá en marcha un Laboratorio de Innovación en Economía Circular como parte de WiseWaste, un proyecto internacional financiado por el Gobierno de Alemania, a través del Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio (BMFTR), y liderado por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hamburgo (HAW Hamburg).

Más que un espacio físico, el laboratorio se plantea como una plataforma de trabajo aplicada: investigación, prestación de servicios, transferencia de tecnología, formación y trabajo con comunidades, municipios y organizaciones.

Como parte de su arranque, se levantará una línea base de información para entender cómo se gestionan actualmente los residuos en Ecuador, en un contexto donde los datos existen, pero permanecen dispersos y poco articulados.

El foco inicial del laboratorio estará en los plásticos, uno de los flujos más problemáticos del país, aunque también se incluirán otros residuos, como los agroindustriales.

En Ecuador se consumen entre 1,3 y 1,5 millones de toneladas de plástico cada año. De ellas, unas 600.000 corresponden a envases y empaques. Pero apenas entre el 8% y el 12% de esos residuos se recupera. El resto se pierde.

“El objetivo es dar opciones para que los residuos que generamos puedan convertirse en productos”, explica Cristina Almeida, docente investigadora de la UDLA. En esa lógica, el laboratorio no solo analizará materiales, sino que buscará desarrollar nuevos usos, optimizar procesos existentes y generar conocimiento útil para distintos sectores.

Como núcleo del proyecto, el laboratorio estará enfocado en la revalorización de residuos, con la meta de consolidarse en los próximos tres años como una plataforma sostenible en el tiempo, con participación activa de diversos actores. "Al final queremos montar un piloto que tenga como frase esencial: 'tu basura, mi material o mi materia prima'", señala Cristina Almeida.

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En el fondo, el proyecto se sostiene sobre un cambio de paradigma.

La economía circular propone dejar atrás el modelo lineal —extraer, producir, usar y desechar— para avanzar hacia sistemas donde los materiales se mantienen en uso el mayor tiempo posible.

Esto implica diseñar productos que puedan reutilizarse, repararse o reciclarse; recuperar materiales al final de su vida útil; y reducir la generación de residuos desde el origen. No se trata solo de reciclar más, sino de producir y consumir de otra manera.

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Del laboratorio al territorio

Una de las apuestas centrales de WiseWaste es que el conocimiento no se quede en la academia. El laboratorio aspira trabajar de forma directa con ministerios, municipios, empresas, organizaciones sociales y recicladores de base, actores que hoy sostienen gran parte del sistema de recuperación en el país.

“La idea es responder a necesidades reales de empresas, ONGs, actores locales, todos vinculados con el manejo de residuos”, señala Yasser González, director académico de Ingeniería Ambiental de la UDLA. “Queremos que este sea un laboratorio al servicio de los ecuatorianos”.

En esa línea, el proyecto busca articular a un amplio ecosistema de actores públicos, privados y de la sociedad civil, incluyendo ministerios, cámaras de producción, organismos internacionales y organizaciones especializadas.

La intención es no duplicar esfuerzos, sino fortalecer iniciativas ya existentes y generar sinergias entre proyectos en marcha.

Como parte de este proceso, se prevé realizar encuentros de articulación —como uno programado para el 6 de mayo— para identificar oportunidades concretas de colaboración, alinear iniciativas y detectar nichos donde el laboratorio pueda aportar con conocimiento técnico y transferencia de tecnología.

Cooperación que se traduce en capacidades

La contribución de HAW Hamburg no es solo financiera. Supone un intercambio de metodologías, experiencia y conocimiento técnico que busca fortalecer las capacidades locales. Esta cooperación bilateral también permitirá adaptar soluciones internacionales al contexto ecuatoriano.

En ese sentido, uno de los retos clave será “tropicalizar” tecnologías y modelos desarrollados en Alemania y Europa, dice González, ajustándolos a las condiciones sociales, económicas y productivas del país, para que sean viables y sostenibles.

En ese marco, el proyecto contempla también un acercamiento directo entre docentes y estudiantes de la UDLA y sus pares en Hamburgo, en función de los proyectos que se desarrollen en Ecuador.

Este intercambio académico y práctico abre una vía para la formación conjunta, el desarrollo de investigación aplicada y la construcción de redes internacionales.

A la par, el laboratorio nace con vocación de apertura. La iniciativa se proyecta como una plataforma a la que puedan sumarse otras universidades, ampliando el alcance de la investigación y fortaleciendo un ecosistema colaborativo en torno a la economía circular.

El proyecto se desarrollará entre diciembre de 2025 y noviembre de 2028, con la expectativa de generar impactos concretos: reducir los residuos que llegan a disposición final, recuperar materiales con valor económico, mejorar las condiciones de trabajo de recicladores y fortalecer la gestión municipal.

La cooperación entre HAW Hamburg y UDLA también involucra a docentes y estudiantes. En la fotografía, docentes y alumnos en uno de los laboratorios de la Universidad.

Más allá del reciclaje

Aunque el reciclaje es una pieza clave del proceso, la apuesta va más allá. WiseWaste propone intervenir en toda la cadena: desde el diseño de los productos hasta su reincorporación en nuevos ciclos productivos.

En un país donde los residuos siguen creciendo más rápido que las soluciones, iniciativas como esta buscan cambiar la lógica del sistema. No se trata solo de gestionar mejor la basura, sino de dejar de verla como tal.

El desafío, ahora, será que esa transición —del discurso a la práctica— logre sostenerse en el tiempo y escalar más allá del laboratorio.