El cambio climático interfiere en las aspiraciones de Trump
El clima extremo impide la posesión al aire libre de Trump. ¿Complicará también su plan de gobierno?

Donald Trump se posesionó como el nuevo presidente de Estados Unidos para los próximos cuatro años, paradójicamente la ceremonia fue dentro del Capitolio, por las condiciones extremas del clima.
A cinco grados bajo cero, Donald Trump de 78 años, y quien no cree en el cambio climático, no pudo jurar como el presidente número 47 de Estados Unidos al aire libre, como él hubiera querido.
Trump, no solo no cree en el cambio climático, sino que piensa que financiar iniciativas para detener el calentamiento global es desperdiciar el dinero de los que pagan impuestos.

Lo anterior en medio de la promesa de arreglar la economía, reducir impuestos y recortar la deuda pública que actualmente llega a los 36 billones de dólares, lo que significa una reducción del gasto público.
Pero el cambio climático no solo le ha obligado a jurar bajo techo sino que está poniendo en riesgo su promesa de reducir el costo de los alimentos, para traer un alivio a los hogares estadounidenses frente a la inflación.
El alza de precios de los alimentos no está desligada de los efectos del calentamiento global: sequías prolongadas que han impactado la agricultura, incendios forestales, como los que se han visto en California, además de inundaciones y temperaturas extremas.
La gran estafa
Trump destacó en su discurso inaugural que "la crisis de inflación ha sido causada por un gasto público masivo y por los crecientes precios de la energía".
¿El remedio? Declarar una emergencia nacional para perforar más pozos petroleros. "We will drill baby drill", dijo en su discurso, entre aplausos.
En contravía con las iniciativas para buscar una transición de los combustibles fósiles, como el petróleo, hacia las energías limpias, Trump expandirá las actividades hidrocarburíferas, y para esto ha nombrado a Chris Wright como secretario de Energía.
Wright es ex presidente ejecutivo de Liberty Energy, una empresa petrolera especializada en fracturación hidráulica para extraer crudo y gas, con sede en Denver.
A Trump la transición de los combustibles fósiles a las energías limpias o renovables, le parece una estafa que beneficia a China.

El petróleo de Alaska
Haciendo a un lado anuncios que han causado polémica, como la idea de comprar Groenlandia para extraer todos sus recursos petroleros y mineros, Trump se propone echar para atrás algunas de las políticas de su antecesor, el demócrata Joe Biden.
Uno de sus primeros anuncios fue el nombramiento del magnate sudafricano Elon Musk, dueño de la red social X, al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental.
La tarea de Musk será "pavimentar el camino para el desmantelamiento la burocracia gubernamental, quitar la regulación excesiva, recortar el exceso de gasto y reestructurar agencias federales", dijo Trump.
Trump tiene el ojo puesto en el levantamiento de la prohibición, decretada por el gobierno anterior, a la perforación petrolera en 5,3 millones de hectáreas en el Ártico Occidental de Alaska.
Y es muy posible que, ahora que el Partido Republicano tiene mayoría en las dos cámaras del Congreso, intente bajar el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), una movida en la que fracasó en su primer periodo presidencial.
Nada de pactos verdes
Es de esperar también un fuerte recorte de los USD 370 mil millones para fomentar el desarrollo de energías limpias, previsto en la Ley de Reducción de la Inflación, de Biden.
Trump considera que apoyar actividades destinadas a mitigar el cambio climático es un desperdicio del dinero de los contribuyentes.
El nuevo presidente anunció el fin de lo que él llama "El nuevo Pacto Verde", que no es otra cosa que la Ley de Reducción de la Inflación.
Trump va en camino a revocar los incentivos para la compra de vehículos eléctricos, y a elevar los aranceles para los componentes, baterías y autopartes fabricadas en China para este tipo de vehículos.
Y posiblemente se vienen la desaparición del crédito tributario para las inversiones en energía solar y eólica, así como de los apoyos financieros que han mantenido bajos, hasta ahora, los precios de los vehículos eléctricos.
Adiós París
La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París está a la vuelta de la esquina: Trump había sacado al país del Acuerdo pero Joe Biden, en una de sus primeras medidas de gobierno, firmó el retorno el 20 de enero de 2021.
Completar los trámites para abandonar el Acuerdo de París, que agrupa a 200 naciones que buscan reducir la polución ambiental y la emisión de gases de efecto invernadero, podría tardar apenas un año.
Posiblemente, Estados Unidos también abandonará la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Lo anterior significa que habrá menos dinero para combatir el cambio climático en los países que dependen de fondos de Estados Unidos, el mayor donante para este tipo de proyectos.

Energías renovables
El día después de la victoria de Trump una ola de pánico invadió al mercado de energías renovables estadounidense, cuyo indicador WilderHill Clean Energy Index cayó 6,6%.
Pero desde entonces el valor de las acciones de las empresas del sector se ha estabilizado.
Aunque Trump hable de estafa, la verdad es que romper los negocios de las empresas dedicadas a la energía renovable sería como darse un tiro en el pie, porque estas firmas crean empleos en los estados republicanos y los fondos de inversión siguen apostando por ellas.
Si Estados Unidos vuelve inviable el negocio de las energías renovables, esas inversiones y empleos migrarán a otros países.
Y no se trata de cifras despreciables. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2024 se invirtieron en el mundo dos trillones de dólares en energías limpias y renovables, versus una inversión de 1,1 trillones en energías de origen fósil: petróleo y carbón.
La incertidumbre, sobre todo para las empresas de energía solar que dependen de insumos importados desde China, nace del anuncio de Trump de que subirá los aranceles para proteger a la industria estadounidense.
Esto es una señal de que su administración reactivará el proteccionismo frente a otras economías, al tiempo que apostará por la guerra comercial con China.
'Villanos' ambientales
El pánico también llegó a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos.
Durante su primer mandato presidencial (entre 2017 y 2021) Trump intentó reducir el presupuesto de la EPA en 30%, aunque no lo logró porque los republicanos se opusieron en el parlamento.
Algunos medios independientes, como ProPublica, han querido ver la hoja de ruta que seguirá Trump en materia ambiental en unas declaraciones de Russell Vought, quien fue secretario de la Administración y Presupuesto durante el primer gobierno del republicano.
Vought, quien lidera el tanque de pensamiento afín a Trump conocido como Centro para la Renovación de América, aseguró que querían ver a los burócratas de la EPA "traumáticamente afectados".
Video publicado por ProPublica.
"Cuando se despierten por la mañana, queremos que no tengan ganas de ir a su trabajo porque serán vistos como villanos. Queremos que su financiamiento sea recortado de tal manera que la EPA ya no pueda poner en marcha todas las reglas contra nuestra industria energética", aseguró Vought.
Una cosa es decir...
La realidad es más compleja que el discurso político. Si bien Trump es un abierto promotor de la industria petrolera, durante el gobierno del demócrata Biden la extracción de petróleo creció robustamente.
De hecho, el gobierno del saliente Biden aprobó el controvertido proyecto petrolero Willow, en un área protegida de Alaska, que podría contener 600 millones de barriles de crudo.
Tanto los demócratas como los republicanos de Alaska se unieron para apoyar el proyecto Willow, como una fuente de empleos e ingresos en una zona remota y poco próspera.
El yacimiento será desarrollado por Conoco Phillips y, según las organizaciones ambientalistas, su explotación a lo largo de los próximos 30 años liberará 260 millones de toneladas de dióxido de Carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero.
Willow es un ejemplo de que en el largo plazo la realidad económica moldea las acciones políticas, más allá de los discursos.
El impacto renovable
Por otro lado, el desarrollo y la expansión de las energías limpias en el mundo está empezando a contener el crecimiento de las emisiones de CO2, y abriendo nuevas oportunidades de negocios.
Las emisiones de CO2 aumentaron 1,1% en 2023, es decir, siguen creciendo pero a un ritmo más lento que en décadas pasadas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Sin los nuevos proyectos de energía eólica y solar, sin las plantas nucleares y los autos eléctricos, las emisiones de CO2 habrían sido tres veces mayores en 2023, según la AIE.
En 2023 la capacidad global de generación de energía solar y eólica aumentó 540 gigavatios o 75% frente a 2022, un récord histórico.
Mientras que las ventas de vehículos eléctricos en el mundo crecieron 35% o el equivalente a 14 millones de unidades más en el mismo periodo.
Buena parte de este nuevo mercado está siendo captado por empresas y tecnologías chinas.
El papel de China
China es el país en donde más crecieron las emisiones de CO2 en 2023 (ver gráfico), pero también es donde más aumentó la capacidad de generación con energía solar (44%) y eólica (24%).

El gigante asiático podría aprovechar el cambio de rumbo en Estados Unidos para tomar el liderazgo mundial en materia de energías renovables, como una manera de afianzar su influencia política y económica internacional.
Algo que Trump tendrá que considerar si no quiere perder oportunidades de negocios, teniendo en cuenta que una de las 20 promesas de su campaña es hacer de Estados Unidos la mayor potencia energética del mundo.