Nuevo modelo busca ordenar el tratamiento de residuos electrónicos en Ecuador
Ecuador genera 80.000 toneladas de residuos electrónicos al año. Un nuevo modelo sin fines de lucro busca ordenar su recolección, reciclaje y trazabilidad.
Ecuador genera cada año cerca de 80.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), un volumen creciente vinculado con el aumento del consumo tecnológico y la rápida obsolescencia de los dispositivos.
Frente a este escenario, el país presentó un modelo colectivo que busca organizar la recolección, tratamiento y reciclaje de estos desechos, dentro de un esquema de economía circular. Se trata de la iniciativa denominada GTREES (Gestión de Tratamiento de Residuos Eléctricos y Electrónicos).
Según los datos expuestos durante el lanzamiento de este nuevo modelo, en Ecuador cada habitante genera en promedio 5,4 kilogramos de residuos electrónicos al año.
En muchos casos, estos equipos —que van desde teléfonos celulares y computadoras hasta electrodomésticos de gran tamaño— permanecen almacenados en hogares o terminan en circuitos informales de reciclaje.
“Cuando hablamos de residuos electrónicos, mucha gente piensa en basura técnica. Pero estamos generando alrededor de 80.000 toneladas al año. Es como si cada año acumuláramos más de una torre Eiffel hecha de aparatos electrónicos que ya no usamos”, explicó José Javier Guarderas, director ejecutivo de GTREES.
Las 80.000 toneladas de residuos equivalen a llenar cuatro veces el Estadio del Barcelona de Guayaquil.
Un problema ambiental y de salud pública
El manejo inadecuado de estos residuos implica serios riesgos ambientales y sanitarios.
Los aparatos eléctricos y electrónicos contienen materiales potencialmente peligrosos, como mercurio, plomo o cadmio, que pueden liberarse al ambiente cuando los dispositivos se rompen, se queman o se manipulan sin procesos técnicos.
José Javier Guarderas advierte que, en muchos casos, el reciclaje informal implica prácticas riesgosas.
“Cuando alguien rompe una pantalla a martillazos o quema cables para extraer cobre, se liberan metales pesados y sustancias tóxicas que terminan en el aire, en el suelo o en el agua. Esto no es solo un problema ambiental, sino también un tema de salud pública”, señaló.
Un modelo colectivo sin fines de lucro
El nuevo sistema propone una forma distinta de abordar el problema. GTREES funciona como una corporación sin fines de lucro que articula a distintos actores de la cadena de valor de los residuos electrónicos, incluyendo empresas productoras e importadoras, distribuidores, gestores ambientales, gobiernos locales, recicladores de base y ciudadanía.
“Lo que buscamos es crear un mecanismo colectivo que permita manejar este problema de manera técnica y ordenada. Hasta ahora, la lógica era que cada empresa resolviera el tema por su cuenta, o en muchos casos que nadie hiciera nada. Este modelo cambia esa dinámica”, explicó Guarderas.
El directivo señaló que el sistema actúa como un articulador que organiza la logística, el cumplimiento normativo y la trazabilidad de los residuos.
“En lugar de tener decenas de empresas intentando inventar cada una su sistema, construimos un solo engranaje que se ocupa de la logística inversa, la trazabilidad y el cumplimiento legal para todos”, afirmó.
Las primeras empresas del sector adheridas al modelo son: Importadora Tomebamba, Whirlpool, Mabe, Corporación El Rosado, Ferrisariato, Venture Trading, Fibroacero, Medexa, Go Corp, Radio Control Electronics, Motsur e Importanciones Abramowicz Ricaurte.
Entre las autoridades presentes en el acto de presentación de GTREES, realizado el 11 de febrero de 2026 en Quito, estuvieron la Viceministra de Ambiente y Energía, Alicia Jaramillo; el Viceministro de Producción, Andrés Robalino; el Secretario de Ambiente del Municipio de Quito, Santiago Sandoval, entre otras.

Trazabilidad y cumplimiento de la normativa
El modelo opera a través de una plataforma digital que permite registrar el recorrido de los residuos electrónicos desde su recolección hasta su tratamiento final. Cada equipo que ingresa al sistema es pesado, identificado y seguido a lo largo del proceso.
“Lo importante es que cada paso quede documentado. Sabemos quién generó el residuo, dónde se recogió, qué gestor lo trató y qué porcentaje terminó reciclado o en disposición final segura”, indicó Guarderas. “Al final, lo que no se mide no existe. Por eso, la trazabilidad y la transparencia son claves”.
Este sistema también busca facilitar el cumplimiento del principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que establece que las empresas que fabrican o importan productos deben asumir la gestión ambiental de estos cuando llegan al final de su vida útil.
El modelo funciona con base en un sistema de trazabilidad que cumple seis etapas:
1. Ingreso de los registros de las importaciones y de la producción de aparatos eléctricos y electrónicos, al sistema de trazabilidad GTREES.
2. Acabada su vida útil, los aparatos se entregan a un punto de recepción.
3. El punto de recepción solicita a GTREES la recolección de los desechos.
4. Se transportan los aparatos en desuso a un gestor ambiental de disposición final y aprovechamiento.
5. El gestor ambiental hace el proceso de tratamiento.
6. Las materias primas aprovechadas son reintegradas a procesos productivos.
Financiamiento y economía circular
Para sostener el sistema se prevé la aplicación de un 'Ecovalor', un monto reducido que se incorpora al precio de los aparatos eléctricos o electrónicos y que financia las actividades de recolección, transporte y tratamiento de los residuos.
Según Guarderas, este aporte permite que el sistema funcione de forma autosostenible. “Cuando el consumidor paga ese pequeño valor ambiental tiene la tranquilidad de que, cuando el equipo se dañe o termine su vida útil, habrá una estructura que se encargue de recogerlo y manejarlo de forma adecuada”.
El directivo subrayó que, al tratarse de una organización sin fines de lucro, los recursos recaudados se reinvierten en el propio sistema. “Nada se reparte como dividendos. Todo vuelve al proceso: a financiar recolección, transporte, reciclaje, educación ambiental y fortalecimiento de la cadena”.

Construir un ecosistema de gestión
El modelo busca consolidar un ecosistema de economía circular alrededor de los residuos electrónicos, en el que participen autoridades, empresas, gestores ambientales, recicladores de base, academia y consumidores.
“Para que la economía circular funcione tiene que existir todo un ecosistema. Tiene que estar la autoridad que regula, las empresas que producen o importan, los municipios que están cerca del problema, la academia que investiga y, por supuesto, la ciudadanía que participa”, señaló Guarderas.
El sistema comenzó a operar en Quito, Guayaquil y Cuenca, con la intención de expandirse progresivamente a nivel nacional. Para su primer año de funcionamiento se plantea gestionar unas 200 toneladas de residuos electrónicos.
Aunque la cifra representa por ahora una fracción del total generado en el país, los impulsores del modelo sostienen que el objetivo es construir gradualmente una infraestructura -con la atracción de nuevas inversiones y generación de empleo- capaz de manejar de forma más eficiente un flujo de desechos, que seguirá creciendo a medida que aumenta el acceso a la tecnología.

