'Tenemos que prepararnos para eventos extremos, cada vez más frecuentes'

La investigadora y docente de la UDLA, Rasa Zalakeviciute, explica cómo El Niño y otros eventos asociados al cambio climático pueden intensificar las lluvias y los riesgos

'Tenemos que prepararnos para eventos extremos, cada vez más frecuentes'
Rasa Zalakeviciute es docente e investigadora en la Universidad de las Américas (UDLA). Foto: Youtopía Ecuador

La presencia del Fenómeno de El Niño comienza a sentirse con más fuerza en la Costa ecuatoriana. Las provincias de Esmeraldas, Guayas, Santo Domingo de los Tsáchilas y Los Ríos concentran buena parte de los eventos adversos monitoreados por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos.

Mientras tanto, el Distrito Metropolitano de Quito ha registrado fuertes precipitaciones durante octubre, con episodios intensos recientes el 4 y el 7 de octubre de 2026.

En este contexto, Youtopía conversó con Rasa Zalakeviciute, investigadora y docente en Ciencias Atmosféricas de la Universidad de las Américas (UDLA), sobre los efectos de El Niño en Quito, los riesgos asociados con el cambio climático y la necesidad de preparar a las ciudades para eventos extremos.

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¿Qué particularidades tiene Quito frente a los efectos de El Niño?

Cuando comparamos la Costa con Quito, la Costa recibe el impacto directo de El Niño porque está experimentando más precipitaciones. En el caso de Quito, normalmente esperamos condiciones más cálidas y secas.

El Niño tiene diferentes zonas de influencia. En la Costa está el llamado El Niño Costero, mientras que en la zona central del Pacífico se mide otro componente del fenómeno.

Actualmente estamos observando temperaturas muy altas en el océano, y eso es importante porque el agua caliente genera más evaporación. Esa humedad se condensa y produce precipitaciones.

Por eso la Costa recibe el golpe directo. En cambio, Quito tiene una respuesta diferente por su ubicación y por la complejidad de su geografía.

En 2023-2024, por ejemplo, tuvimos un año de El Niño. La Costa recibió más precipitaciones, mientras la Amazonía y Quito tuvieron condiciones más secas de lo normal.

Entonces, ¿Quito sí recibe los efectos de El Niño?

Sí, pero de una manera diferente. Normalmente, en Quito El Niño está asociado con condiciones más cálidas y secas. Eso no significa que no pueda llover.

El clima es mucho más complejo. Tenemos las montañas, los microclimas y también la influencia de la humedad que llega desde la Amazonía. Por eso podemos tener un año que, en términos generales, sea más seco y, al mismo tiempo, registrar eventos de lluvia muy intensos.

Eso es justamente lo que estamos viendo. Puede ocurrir que en uno o dos eventos se concentre la cantidad de lluvia que normalmente recibiríamos durante varias semanas o incluso un mes.

"Normalmente, en Quito, El Niño está asociado con condiciones más cálidas y secas. Eso no significa que no pueda llover".

¿El cambio climático está haciendo que estos eventos sean más intensos?

Tenemos investigaciones que muestran que, con el cambio climático, estamos recibiendo precipitaciones cada vez más intensas. Puede pasar que no llueva durante varios días y después tengamos un evento muy fuerte, con una gran cantidad de agua en poco tiempo.

Para Quito esto es especialmente importante porque la ciudad está construida sobre laderas. En la parte central tenemos zonas bajas hacia las que se concentra el agua de escorrentía, lo que puede generar inundaciones.

Normalmente, durante La Niña recibimos más precipitaciones en Quito y un ejemplo de eso es lo que pasó en La Gasca en 2022, pero eso no significa que durante El Niño no podamos tener estos eventos extremos.

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¿Qué señales permitirían identificar que Quito está sintiendo con mayor fuerza la influencia de El Niño?

Una de las señales es la temperatura alta. En una investigación que realizamos encontramos que durante El Niño las temperaturas son más elevadas.

Otra señal puede ser la presencia de cielos más despejados y, con ello, una mayor exposición a radiación ultravioleta. El calor es una de las firmas de El Niño: el océano se está calentando y ese calentamiento también tiene efectos en nosotros.

¿Cómo pueden la geografía y la expansión urbana de Quito amplificar los efectos de estos fenómenos?

No toda la ciudad recibe el mismo impacto. Hay zonas que reciben más agua que otras.

Por ejemplo, algunas áreas bajas de Quito pueden inundarse porque están rodeadas por montañas y laderas. El agua cae en toda la ciudad, pero termina desplazándose hacia las zonas más bajas.

También sabemos que el sur de Quito y Los Chillos suelen recibir más precipitaciones. La humedad que llega desde la Amazonía encuentra las condiciones geográficas que favorecen que se produzca lluvia.

¿Qué sectores de Quito son más vulnerables?

Las zonas de ladera son especialmente vulnerables. La ciudad se ha expandido hacia las montañas y, muchas veces, se han retirado árboles para construir viviendas.

Eso vuelve más inestable el suelo. Al quitar la vegetación también se reduce la capacidad de infiltración, de modo que el agua se desplaza por la superficie y puede arrastrar tierra.

Las zonas cercanas a quebradas también tienen un riesgo importante. Las quebradas son cauces naturales que históricamente han conducido el agua de lluvia. Si construimos viviendas cerca de ellas, eliminamos vegetación o aumentamos las superficies impermeables, el riesgo aumenta.

Hay además quebradas que fueron rellenadas y sobre las que posteriormente se construyó. Esas zonas pueden presentar problemas importantes.

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¿Qué relación existe entre El Niño, las lluvias intensas y los deslizamientos o inundaciones?

El calor asociado con El Niño puede contribuir a que se produzcan eventos extremos. Si tenemos mucha lluvia, una quebrada puede desbordarse o una ladera puede erosionarse y terminar afectando las vías.

Pero también hay un problema relacionado con la urbanización. Cuando quitamos la vegetación natural y construimos casas, calles, veredas y otras superficies impermeables, reducimos el área de infiltración. Entonces una mayor cantidad de agua se desplaza por la superficie o hacia zonas más bajas y pueden producirse deslizamientos e inundaciones.

Por eso el problema no es solamente la lluvia. También importa cómo hemos construido la ciudad y cómo manejamos el agua.

“El problema no es solamente la lluvia. También importa cómo hemos construido la ciudad y cómo manejamos el agua”.

¿Hasta qué punto podemos anticipar el comportamiento de El Niño en Quito?

En el caso del Inamhi, tenemos predicciones bastante buenas para los siguientes días. La predicción es mejor para un día y va perdiendo precisión conforme aumenta el plazo, pero incluso con unos tres días de anticipación se pueden tomar decisiones importantes, como organizar una evacuación.

El problema es que no siempre la población sigue las redes oficiales. Si vivimos en una zona de riesgo de inundación o deslizamiento, deberíamos prestar atención a los pronósticos del Inamhi o del Inocar.

Este tipo de información también sirve para tomar decisiones cotidianas. Si se pronostica una precipitación muy fuerte, por ejemplo, podemos decidir si viajar o cancelar un viaje.

¿Por qué es importante seguir estos pronósticos?

Porque el clima influye cada vez más en la toma de decisiones. Afecta la producción, el trabajo y la energía.

En agricultura, por ejemplo, los pronósticos pueden ayudar a decidir qué cultivar. Si se espera un año con más precipitaciones, se pueden tomar decisiones diferentes a las que se tomarían en un escenario más seco.

En la región interandina, durante El Niño podríamos esperar menos precipitación, pero al mismo tiempo debemos considerar la posibilidad de eventos extremos. Estos pueden afectar una cosecha incluso si, en términos generales, el año es más seco.

"El clima influye cada vez más en la toma de decisiones. Afecta la producción, el trabajo, la energía".

¿Qué podemos esperar durante los próximos meses?

Los modelos indican que El Niño podría mantenerse hasta el próximo verano, aunque no podemos saberlo con 100% de certeza. Hay varios modelos que apuntan en esa dirección.

Para Quito, yo esperaría condiciones algo más secas de lo normal. Eso podría tener consecuencias también para la generación eléctrica, porque sabemos que algunas zonas donde se encuentran importantes centrales hidroeléctricas pueden recibir menos lluvia.

Pero que el escenario general sea más seco no significa que no vayamos a tener eventos extremos. Especialmente con el cambio climático, todo puede ser más extremo: más calor, mayor radiación ultravioleta y precipitaciones más intensas, como la que se registró el fin de semana (4 de octubre) y que la llaman el 'Cordonazo de San Francisco'.

Si tuviera que identificar una sola prioridad para Quito, ¿cuál sería?

Mejorar la infraestructura. Eso es algo que sugeriría para todas las ciudades.

Ya sabemos por dónde nos golpean estos eventos. En Quito tenemos zonas de ladera donde pueden producirse deslizamientos y zonas bajas donde se concentran las inundaciones.

Entonces debemos preguntarnos: ¿cómo podemos prepararnos para esos eventos? Porque van a seguir ocurriendo y tenemos que estar mejor preparados.

Si una zona se inunda, debemos analizar cómo mejorar la infiltración y el manejo del agua. Si ocurre un deslizamiento, debemos preguntarnos qué podemos hacer para reducir el riesgo.

"La ciudad de Quito debería concentrar la atención en las zonas que ya sabemos que son de alto riesgo".

Entonces, más allá de El Niño o La Niña, ¿debemos prepararnos para eventos extremos?

Exactamente. Tenemos que prepararnos para eventos más extremos, cada vez más frecuentes. Esto no ocurre solamente en Quito. El cambio climático no significa necesariamente que durante una sequía no va a llover.

Puede significar que no llueve durante mucho tiempo y, de repente, cae en un día la cantidad de agua que normalmente recibiríamos durante todo un mes.

¿Estamos preparados para algo así? No.

Cuando recibimos una cantidad enorme de agua en poco tiempo, muchas de esas gotas no pueden infiltrarse. Entonces colapsan los sistemas de drenaje y el agua se desplaza hacia las zonas bajas.

Por eso tenemos que pensar en cómo distribuir mejor el agua, cómo aumentar la infiltración y cómo hacer que los sistemas de alcantarillado funcionen adecuadamente. Es, en buena medida, un problema de infraestructura.

"Tenemos que prepararnos para eventos más extremos, cada vez más frecuentes".

¿Con qué idea resumiría esta conversación?

Tenemos que dar un paso atrás y dejar de ocuparnos solamente del problema del momento. Tenemos que planificar hacia el futuro.

Si reaccionamos únicamente el día que ocurre un evento, no vamos a llegar a buenas decisiones ni a buenas planificaciones. Podemos aprender de los desastres naturales y utilizar esa experiencia.

Necesitamos recoger las experiencias de las comunidades y trabajar juntos: la ciudad, la academia y el Gobierno, con un objetivo común. Tenemos que planificar para los próximos días, pero también para los próximos 20 años. Se trata de planificar y prevenir.

Rasa Zalakeviciute. PhD e investigadora especializada en Ciencias Atmosféricas, Contaminación del Aire y Cambio Climático. Tiene una maestría en Ingeniería Ambiental del Royal Institute of Technology, en Suecia; un doctorado en Washington State University y un posdoctorado en la Universidad de Cornell. Su investigación se centra en la contaminación atmosférica, el cambio climático y el modelamiento del aire en ciudades de altura. Es docente de la Universidad de las Américas (UDLA), miembro de la American Geophysical Union y participa en el Grupo de Investigación BIOMAS.