Las lagunas de Ozogoche y Atillo, con basura y abandonadas
Los dos complejos lacustres son parte del Parque Nacional Sangay y no están debidamente cuidadas. La Ley de 2025 y el Reglamento de 2026 no se aplican.
Un campesino que participó en el segundo día del ya famoso Festival Turístico Intercultural Cuvivíes 2026, el 27 de septiembre de 2026, buscaba, entre la basura y la tierra, la llave de su casa y su teléfono celular a las 7:30 del día siguiente.
Los perdió, dijo, mientras bailaba al ritmo de la música nacional que se escuchó desde el escenario montado por el GAD Cantonal de Alausí, provincia de Chimborazo, en la explanada que sirve de entrada al sistema lacustre.
Ese domingo 27 llegaron centenares de personas y muchas se quedaron hasta entrada la noche, y él fue uno de ellos. El festival rinde tributo al misterioso viaje de los cuvivíes (aves migratorias que se lanzan a las aguas frías) y se lleva a cabo anualmente en las Lagunas de Ozogoche, explican los organizadores.

Las Lagunas de Ozogoche son un impresionante sistema formado por entre 45 y más de 300 cuerpos de agua de origen glaciar, ubicado en el Parque Nacional Sangay, en Chimborazo. Las dos lagunas más grandes del complejo son la Laguna de Cubillín y la Laguna de Magtayán.
La primera ocupa una extensión aproximada de 700 hectáreas, tiene aguas cristalinas y el viento de la zona llega a formar olas en su superficie. A unos 20 kilómetros de la orilla se observa la caída de un río a la laguna. La segunda está muy cerca y mide unas 400 hectáreas.

Llegar a esos cuerpos de agua toma más o menos una hora desde Guamote, otro cantón de Chimborazo. Después de sortear empinadas cuestas se llega al páramo y empieza el descenso. Pocos metros antes de entrar al área, que ese 28 no estaba a cargo de nadie, hay un mirador rodeado de desechos plásticos que dejan los visitantes.
Ya en la parte baja, la explanada donde Juan (nombre ficticio) buscaba sus pertenencias estaba llena de restos plásticos, de vidrio, metálicos, orgánicos, entre otros. Quedaron como huella del festival, lo mismo que el escenario metálico. En este también hay restos de basura, igual que en una construcción aledaña. Tampoco hay ni un solo basurero.
En el escenario todavía se podía ver una tela impresa con el motivo de la celebración. Por ahí desfilaron autoridades y los músicos que encendieron la fiesta. Detrás del escenario, estaba aparcado un camión del GAD de Alausí, donde también se leía el nombre del Alcalde.

El campesino finalmente no halló sus objetos perdidos y se marchó en su motocicleta, el medio de transporte más usado en toda esa zona de páramos. Hasta tanto ha llegado otro campesino que tampoco proporciona su nombre.
Al responder si ha visto cuvivíes por la laguna, dice que algunos se lanzaron al espejo de agua en los días anteriores al festival, pero fueron recogidos por las familias que viven en los sectores aledaños.

El problema, también en Atillo
Desde Ozogoche es posible llegar a las lagunas de Atillo atravesando desde Ozogoche el Parque Nacional Sangay por una carretera de tierra que -después de pasar por comunidades que se dedican a la ganadería y a la agricultura- desemboca en la zona de páramo de la vía Guamote-Macas.
Ya en la laguna principal del complejo de Atillo, la situación es parecida: abandono y basura, aunque en menos cantidad, salvo que la entrada a estas lagunas está supuestamente prohibida, desde cuando la comunidad que la cuidaba se retiró, tras la prohibición de cobrar el ingreso a las áreas protegidas.
Una serie de edificaciones abandonadas quedan del que estuvo destinado a ser un paradero turístico. El material pétreo de una parte de las construcciones ha sido retirado poco a poco, y las láminas de zinc que las cubrían han sido arrojadas a la zona desde la cual se podía observar la laguna principal.

Ese mismo proceso de deterioro por efecto de la falta de financiamiento del mantenimiento han sufrido otras reservas en Chimborazo, como por ejemplo la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo.
Una Ley que no se aplica
Hace unos meses, el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE) anunció que tenía listas las tarifas de ingreso que permitirán cuidar estas áreas. Se basó en el Reglamento de la Ley de Áreas Protegidas, aprobada hace casi un año.
El Reglamento también redefinió el papel de comunidades, operadores turísticos y guardaparques. Se habló asimismo de la participación privada, respetando los derechos comunitarios, en busca de acuerdos de mutuo beneficio.
Uno de los ejes centrales de la normativa era el retorno al cobro por ingreso a las áreas protegidas, como parte de un esquema de corresponsabilidad ciudadana y sostenibilidad financiera.

A la par, se estructuró un fideicomiso ambiental que canalizará recursos para gestión, control, investigación y fortalecimiento de las áreas protegidas. Además, se mejorarán las condiciones de los guardaparques.
En Ecuador, el cobro para ingresar a las áreas protegidas continentales se eliminó en 2012 mediante el Acuerdo 006 emitido por el Ministerio del Ambiente. A finales de 2015 se dispuso revertir la medida y retomar las tarifas de ingreso. El proceso ha tenido actualizaciones normativas como la Ley de 2025 y su Reglamento.
Pero nada de eso se ha cumplido. No al menos en los complejos lacustres de Atillo y Ozogoche, donde la basura queda como recuerdo del festejo turístico e intercultural.



