Heladas mantienen en riesgo a los ecosistemas agrícolas de la Sierra
Las bajas temperaturas impactan cultivos y comunidades. Informe advierte riesgos climáticos persistentes y desafíos para la sostenibilidad rural.
Las heladas continúan siendo un factor de presión ambiental para los ecosistemas agrícolas de la Sierra ecuatoriana.
Estas se presentan cuando la temperatura mínima desciende por debajo de los 3°C. Se trata de un umbral crítico que provoca daños irreversibles en los tejidos vegetales, altera los ciclos ecológicos de los cultivos y compromete la estabilidad de los agroecosistemas altoandinos.
Un informe técnico del Ministerio del Ambiente, emitido el 8 de enero de 2026 y remitido a la Asamblea Nacional por Alicia Jaramillo, viceministra del Ambiente y Marino Costero, señala que “las heladas se mantienen entre las amenazas climáticas más recurrentes del Ecuador continental”, con mayor incidencia en la región Sierra y en zonas de alta montaña.
El documento señala que los impactos de este fenómeno no se limitan a la pérdida de cultivos sensibles, sino que afectan de manera integral la seguridad alimentaria.
Además, perjudican la salud de poblaciones vulnerables y la sostenibilidad de los medios de vida rurales, en un contexto marcado por el cambio climático.

Frío extremo y presión sobre los territorios
Al finalizar 2025, varios territorios ubicados en lo alto de la Serranía ecuatoriana registraron descensos significativos de temperatura, que afectaron los sembríos y redujeron el rendimiento de las cosechas.
Entre ellos, está la provincia de Chimborazo. Más de 4.600 personas resultaron afectadas por heladas en las parroquias La Matriz, Matus, El Altar, Puela, La Candelaria y Bayushig, del cantón Penipe; así como en Yaruquíes, Cubijíes y San Luis, del cantón Riobamba.
Las bajas temperaturas interrumpieron procesos fisiológicos esenciales de las plantas, evidenciando la fragilidad de los sistemas agrícolas de altura frente a eventos térmicos extremos.
Más allá de las afectaciones puntuales, estos episodios revelan una presión estructural sobre los agroecosistemas andinos, donde la agricultura se desarrolla en condiciones ambientales cada vez más variables y con márgenes reducidos de adaptación.

Monitoreo climático y sistemas de alerta temprana
El seguimiento de las heladas se apoya en sistemas de monitoreo climático y alertas tempranas que permiten anticipar descensos críticos de temperatura.
Ecuador se ha sumado a la estrategia "Alerta Temprana para Todos" (EW4All) para mejorar la difusión de sistemas de alerta multiamenaza.
La iniciativa Alertas Tempranas para Todos (EW4All) fue lanzada en noviembre de 2022 en la COP27. La Iniciativa plantea que todo el mundo esté cubierto por un sistema de alerta temprana para finales de 2027.
En provincias como Tungurahua, se emiten alertas para cuencas altas, mientras que en cantones como Mocha, Cevallos y Ambato se utilizan modelos atmosféricos, como el Weather Research Forecast (WRF), que notifican a usuarios de sistemas de riego cuando se alcanzan umbrales de riesgo.
A escala nacional, el monitoreo técnico incorpora el índice FD3, que contabiliza los días con temperaturas inferiores a 3 °C, una herramienta clave para evaluar la recurrencia de las heladas y su relación con la variabilidad climática.

Adaptación agrícola con enfoque de sostenibilidad
Frente a este escenario, la adaptación de la agricultura altoandina se ha convertido en un eje central de la sostenibilidad territorial.
El informe del Ministerio de Ambiente identifica medidas como el uso de semillas resistentes al frío, la mejora del riego parcelario, la diversificación productiva y la recuperación de prácticas agropecuarias ancestrales, que históricamente permitieron gestionar el riesgo climático en ecosistemas de montaña.
La integración del conocimiento local con la ciencia climática y la innovación técnica resulta fundamental para fortalecer la resiliencia de los suelos, reducir pérdidas productivas y sostener los sistemas alimentarios locales.
Entre 2021 y 2023, Ecuador movilizó USD 746,4 millones para la gestión del cambio climático, recursos orientados a la adaptación, la reducción de riesgos y el fortalecimiento de la resiliencia ambiental, incluyendo acciones frente a las heladas.

Riesgo climático persistente
Las proyecciones climáticas para el período 2016–2040 no evidencian un incremento sustancial en la magnitud de las heladas en el corto plazo, e incluso muestran tendencias decrecientes en algunas zonas de la Sierra.
Sin embargo, la alta variabilidad climática mantiene el riesgo latente para los ecosistemas agrícolas de altura.
En este contexto, el informe técnico del Ministerio del Ambiente plantea la necesidad de integrar de manera estructural las heladas en la planificación territorial, la gestión ambiental y las políticas de adaptación climática.



