Ecuador y Perú conectan más de 2 millones de hectáreas de naturaleza

Incluye 50 unidades de conservación en una de las regiones más biodiversas del mundo. Participaron la sociedad civil, los gobiernos y la cooperación internacional.

Ecuador y Perú conectan más de 2 millones de hectáreas de naturaleza
Una de las especies que se protegerá binacionalmente es el tapir andino: Fotos: Cortesía NCI

Por Álvaro Samaniego

Un nuevo corredor ecológico ha roto el concepto tradicional de frontera. Ahora, más de dos millones de hectáreas de Ecuador y Perú forman parte de un estatus especial de conservación.

Lo que se logró con la creación del Corredor de Conservación Transfronterizo Andino Amazónico (CCTAA) fue algo parecido a armar un rompecabezas.

Cada pieza corresponde a un parque nacional, un bosque protegido, una reserva comunitaria o un paisaje natural que todavía mantiene su capacidad de sostener la vida.

Cuando esas piezas se conectan, forman algo más grande: un territorio donde las especies pueden moverse, los ecosistemas recuperan continuidad y los procesos naturales vuelven a funcionar como un sistema.

Paralelamente, las personas que viven dentro de estas áreas se han comprometido a realizar actividades económicas sostenibles, para mejorar su bienestar.

Esa es la lógica detrás del Corredor de Conservación Transfronterizo Andino Amazónico, el séptimo en Ecuador.

Fuente y elaboración: Naturaleza y Cultura Internacional (CNI).

Si se hace un corte vertical, se nota que en la zona enmarcada con rojo, los Andes hacen una depresión, y ese se considera un paso natural entre la serranía y la región amazónica. Por ahí se une el corredor.

La iniciativa, reconocida por los gobiernos de Ecuador y de Perú, integra más de 50 unidades de conservación distribuidas entre el sur del Ecuador -provincias de Azuay, Loja, Morona Santiago y Zamora Chinchipe- y el norte del Perú -regiones de Piura y Cajamarca-.

Este territorio forma parte del “Hotspot Andes Tropicales”, una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta.

Andes ecuatorianos. Fotografía de Fabián Rodas, NCI.

Allí conviven bosques nublados, páramos, humedales y selvas amazónicas que albergan miles de especies de plantas y animales.

Es el hogar de especies emblemáticas como el oso andino o de anteojos, el jaguar, el tapir andino y numerosas aves migratorias.

En el pasado, “en el sur no había muchas capacidades de investigación e información”, dijo Fabián Rodas, coordinador del Corredor de Conectividad Transfronteriza Andino Amazónico.

“El sur del país es muy rico en minerales. Presumo, de mi propia imaginación, que el Estado ha evitado poner zonas protegidas, precautelando las zonas de explotación” minera, afirmó.

Nuevo concepto de conservación

El corredor no es solo una suma de áreas protegidas. La idea central es restaurar algo que muchas veces se pierde cuando el territorio se fragmenta por carreteras, expansión agrícola o actividades extractivas: la conectividad ecológica.

En términos simples, permitir que la naturaleza vuelva a estar conectada. Que un oso pueda desplazarse entre bosques, que las plantas dispersen sus semillas y que los ecosistemas mantengan su resiliencia frente al cambio climático.

La creación del corredor también refleja un cambio en la forma de pensar sobre la conservación. “Hay una vinculación ecosistémica, social, económica, productiva que, para nosotros, es fácil ver y urgente proteger”, dijo Rodas.

Durante décadas, la protección de la naturaleza se concentró en reservas aisladas. Hoy la ciencia muestra que esas islas de biodiversidad no son suficientes.

Las especies necesitan territorios amplios y conectados para sobrevivir. Los corredores de conectividad son una estrategia cada vez más utilizada para gestionar paisajes completos.

Fuente y elaboración: Naturaleza y Cultura Internacional (CNI)

Resultado de un proceso colectivo

En su construcción han participado los gobiernos de Ecuador y Perú y sus autoridades ambientales, gobiernos locales, el Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, organizaciones de conservación, universidades y comunidades que viven en el territorio.

Pobladores de Huar Huar, en Huancabamba (Piura), Perú.

La titánica iniciativa también cuenta con el apoyo de la cooperación internacional -especialmente de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI).

Un artículo publicado por Nora Sánchez, de esa organización, recoge la declaración de una habitante del corredor, Angie Melendres, quien fue guardabosque. 

“Para mí la conservación de este ecosistema nace de mi familia. Mis padres siempre han luchado por conservar. Tenemos el problema de una minera que quiere apoderarse de nuestros bosques, pero desde pequeños aprendimos que cuidar nuestro ecosistema es fundamental, porque incluso nuestras actividades productivas dependen de eso”, afirmó Melendres.

También han trabajado activamente investigadores que buscan comprender mejor la biodiversidad y los efectos del cambio climático en estos ecosistemas.

Las montañas y bosques que lo integran contribuyen a regular el ciclo del agua, pues conectan las cabeceras andinas con los ríos amazónicos y del Pacífico.

En conjunto, estos ecosistemas sostienen la provisión de agua, la agricultura, el turismo y otras actividades económicas de las que dependen cientos de miles de habitantes de la región.

El reconocimiento oficial del corredor abre ahora una nueva etapa. El reto es traducir esta visión de conectividad en acciones concretas.

Es decir, fortalecer la gestión de las áreas protegidas, impulsar investigación científica, promover actividades productivas sostenibles y consolidar la cooperación binacional para proteger este paisaje compartido.

En otras palabras, el rompecabezas empieza a tomar forma. Pero todavía faltan piezas por encajar.

Los corredores de conectividad pueden mejorar la calidad de vida
Dos ejemplos de cómo el Corredor Palora-Pastaza incide en la vida cotidiana de las comunidades Shuar de Chiwias y Kichwa de Copataza.

 Datos del corredor binacional

Más de 2’000.000 de hectáreas​

2 países (Perú y Ecuador)

3 corredores nacionales​: Sangay Podocarpus, Podocarpus Yacuri (Ecuador) y Andes del Norte (Perú).

Altitud diversa: desde 600 hasta los 4.000 msnm.

58 unidades de conservación (56% territorio protegido)​

3 cuencas hidrográficas compartidas (Santiago, Mayo-Chinchipe y Catamayo-Chira)

25 áreas Clave de Biodiversidad (KBA)

Variedad de ecosistemas: bosque nublado y amazónico, páramo, lagos y humedales. 

Fuente y elaboración: Naturaleza y CUltura Internacional (CNI).