Trump quiere convertir en enclave de energía fósil a Venezuela

La idea de la explotación petrolera para mejorar la situación la hace suya la oposición a Maduro. Y la nueva presidenta Rodríguez habla de "desarrollo compartido".

Trump quiere convertir en enclave de energía fósil a Venezuela
El presidente Donald Trump explicó la intervención en Venezuela, el 3 de enero de 2026. Foto: CNN

El 3 de enero de 2026, a pocas horas de la operación militar estadounidense en la que Nicolás Maduro fue capturado y llevado a Estados Unidos, el presidente Donald Trump habló de una intervención en el área petrolera venezolana con las más importantes empresas estadounidenses y miles de millones de inversión.

Es la columna vertebral de su idea de "recuperación" de un país cuyos gobiernos autodenominados socialistas (Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cada uno unos 13 años), a su criterio, ha hecho mal las cosas y ha arruinado la vida de su gente. Pero también contiene por detrás una idea de la vieja geopolítica.

Marco Rubio, secretario de Estado del gobierno de Trump -conocido por su origen cubano, sus ideas sobre ese país y su necesidad de cambiarlo- la explicó en sus redes sociales el 4 de enero de 2026, como el derecho estadounidense de ocuparse de su "patio trasero".

La teoría que se maneja desde hace años sobre el crecimiento del llamado Socialismo del Siglo XXI, uno de cuyos mejores exponentes es Enrique Krauze, es que Venezuela puso el dinero (y el petróleo) y Cuba, las ideas y las estrategias de expansión.

Trump, en su segundo mandato iniciado en enero de 2025, parece dispuesto a participar más en la política y la economía continentales, idea que perdió fuerza en 2001 ante el "cansancio" del Departamento de Estado de Estados Unidos, frente a una región de gran inestabilidad política y por sus otros intereses mundiales.

La idea hoy es que los recursos de una región, en este caso el hemisferio, debe servir para suplir las necesidades regionales y no para repartirlo, como en el caso del petróleo venezolano, con China, Rusia o Irán. Todo bajo el control y liderazgo del país más fuerte.

El medio alemán DW reseñó que la relación entre Irán y Venezuela no se explicaba con los criterios clásicos de la política exterior. "Durante las últimas tres décadas, esta relación ha pasado de la afinidad política y los discursos antiestadounidenses a una red compleja de cooperaciones petroleras, financieras, industriales y de seguridad".

En los últimos años, sin embargo, señala el autor de la nota, ha entrado en una etapa cuyo escenario principal ya no son las salas diplomáticas, sino las aguas internacionales, las rutas marítimas y los petroleros que navegan bajo la sombra de las sanciones.

Si bien ha habido reclamos mundiales a la intervención estadounidense -e internos desde la bancada demócrata, sobre todo por los precedentes que establecerá-, la mayoría no se centró en la captura de Maduro sino en el irrespeto a la soberanía interna.

De su lado, la oposición a Maduro, e incluso la propia Delci Rodríguez -quien el 4 de enero cambió su postura inicial y juró como presidenta venezolana-, aceptan la viabilidad del proyecto estadounidense para recuperar la producción petrolera, como sinónimo de riqueza.

"Extendemos la invitación al gobierno de los EE.UU. a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y (que) fortalezca una convivencia comunitaria duradera", escribió.

Mientras Corina Machado está más preocupada de los tiempos de la transición y busca el apoyo sobre todo de líderes europeos como Emmanuel Macron, el ex presidente de la Asamblea y presidente interino de la República Juan Guaidó, se enfoca en la economía.

Al referirse en BBC News a la reconstrucción de Venezuela, este ingeniero industrial habló de las conocidas reservas petroleras de las que también hablaba el régimen madurista, y recordó que el principal mercado son los Estados Unidos. Lo ve como una consecuencia lógica de la intervención.

Las dudas no se han hecho esperar: la primera es la duración de la intervención "hasta que Venezuela esté lista". La otra es más importante: ¿será una operación para "ayudar" a la economía venezolana o para ayudar a la economía estadounidense?

Las respuestas se arman en medio de un confuso panorama interno, pues hay varios actores en la Venezuela del post asalto, y no solo se trata de la clase política y los venezolanos dentro y fuera del país, sino fuerzas civiles armadas y delincuentes que, en el peor de los escenarios trazados por Infobae, pueden trabarse en una lucha por el dominio de territorios.

Trump trabaja para establecer un gobierno interino afín en Venezuela priorizando la estabilidad administrativa y la reparación de la infraestructura petrolera del país por encima de un giro inmediato hacia la democracia, señala, de su parte, CNN.

Se trata de "una labor múltiple utilizando la influencia militar y económica estadounidense para influir en los remanentes del régimen de Maduro que quedan dentro de Venezuela. En particular, se han enfocado directamente en Delcy Rodríguez, a quien los asesores de Trump identificaron hace semanas como una alternativa viable, aunque no permanente, a Maduro", precisan.

En el siguiente cuadro es posible observar cómo han decaído la producción y exportación petroleras en los últimos años en Venezuela, lo cual se relaciona con la situación de la población.

En un país dependiente en más del 80% del crudo y sus exportaciones y con pocas alternativas por fuera de éstas, hay un impacto directo.

Fuente: Olacde, Panorama energético de América Latina y El Caribe 2025

Trump y su afinidad con el petróleo

Desde su primera administración (2017-2021), el actual gobernante estadounidense no ha ocultado sus ideas sobre el apoyo a la producción energética basada en la explotación fósil, incluyendo la cuestionada técnica del fracking.

Su negacionismo sobre el cambio climático es proverbial y es más fuerte aún que el que mostró contra el covid. Su postura incluso ha llegado a influir, al inicio de su segundo período, en el ánimo de los países de la Unión Europea para seguir apoyando la lucha contra las emisiones de CO2.

Él considera que las emisiones industriales y petroleras no son responsables de la destrucción de los glaciares y del aumento de la temperatura a los niveles alarmantes que se verifican en todo el planeta y que afectan sobre todo a los países más vulnerables.

Lo que queda claro es que, al menos por ahora, la prioridad de Trump no será el petróleo de Groenlandia, que propuso comprar a Dinamarca. Eso no significa que el tema no fuera parte de la discusión este fin de semana, cuando la esposa de uno de sus asesores provocó la respuesta de ese país al marcar Groenlandia con los colores de la bandera estadounidense, junto con la palabra "Pronto".

Trump ha planteado repetidamente la posibilidad de que Groenlandia se convierta en parte de Estados Unidos, argumentando su ubicación estratégica y su riqueza mineral, recordó a propósito de este incidente diplomático BBC News.

Un país como China, en cambio, antes reticente a la lucha contra el cambio climático, surgió en 2025 como un gran protagonista en energías renovables, algo que tiene sin cuidado a Trump.

China afianza su protagonismo en la transformación verde
China lidera el desarrollo y expansión de las energías renovables en el mundo. Ecuador espera inversión china por USD 400 millones hasta el 2026.

La riqueza petrolera de Venezuela

La historia del crudo venezolano ha estado marcada por varios "booms", el cuarto entre el 2004 y el 2008, a causa del conflicto árabe-israelí. El 11 de julio de 2008, el barril de petróleo Brent llegó a pagarse a USD 147,25, y el WTI a 146,90.

Y en 2010 empezó el quinto "boom", con precios de USD 127. Esa bonanza duró hasta noviembre de 2014 y en 2016 ya el precio del barril de crudo venezolano estaba por debajo de los USD 26.

El momento coincide con una reducción drástica de la producción y la refinación. Si en 2011 producía 2.38 millones de barriles diarios, para marzo de 2019 producía casi la tercera parte: 870.000 barriles diarios.

Venezuela cuenta con la reserva más grande de crudo pesado, pero la estatal petrolera, PDVSA, que vio la vida en la primera nacionalización en 1972, no ha sido capaz de gestionarla en los últimos años ni de desarrollar yacimientos en la riquísima Faja del Orinoco.

Venezuela posee alrededor del 17% de las reservas mundiales, más de 300.000 millones de barriles, por delante de Arabia Saudí, líder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), según el Instituto de Energía con sede en Londres, publicó Clarín.

La Olacde, en su Panorama Energético de América Latina y el Caribe del 2025, precisa que se trata de las mayores reservas en América Latina y El Caribe, con un 88,6% del total de la región. Serían unos 341.600 millones de barriles.

En el siguiente cuadro e observa el balance 2024 de la producción y el consumo de Venezuela, donde queda claro que el desarrollo de energías alternativas como la eólica y solar son básicamente del 0%.

Fuente: Olacde, Panorama energético de América Latina y El Caribe 2025

No se sabe si la intervención de un Trump sediento de petróleo, protagonismo y poder, pueda iniciar el que vendría a ser el sexto "boom" petrolero venezolano.