Therians: un nuevo pretexto para el discurso de odio a lo diferente

El debate reveló la eficiencia para fabricar enemigos antisistema con una historia sin verificar, un algoritmo que premia el escándalo y una figura que busca surgir

Therians: un nuevo pretexto para el discurso de odio a lo diferente
La identidad therian no constituye diagnóstico clínico alguno. Imagen: Adobe Stock.

Por Álvaro Samaniego

El 20 de febrero de 2026, decenas de periodistas y camarógrafos esperaban con una inquietud rara en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Comunicadores, influencers, youtubers, habían llegado a hacer la cobertura del primer encuentro público de therians en el campus. No aparecieron.

La escena se repitió en Madrid, Barcelona y Buenos Aires. Las plazas se llenaron de cámaras, influencers y curiosos. Los therians, en cambio, brillaron por su ausencia, según reportó el diario El País de España.

Alguien más había convocado la función. Alguien quería que sucediera un espectáculo en el que las “estrellas” fueran los representantes de una subcultura.

El término viene del griego therion, que significa "bestia salvaje". Un therian es una persona que siente, de forma psicológica o espiritual, una conexión profunda con un animal no humano.

No creen tener un cuerpo diferente. Son plenamente conscientes de su biología humana. Lo que experimentan es una disonancia entre esa forma física y su identidad interna.

La comunidad existe desde los años noventa, en foros de internet como Alt.horror.werewolves. No es un invento reciente ni una moda pasajera pero ahora se apoya en TikTok.

Tampoco es un trastorno. Según los manuales de psiquiatría vigentes, la identidad therian no constituye diagnóstico clínico alguno. La investigación académica lo confirma.

 El primer estudio psicológico específico sobre teriantropía fue publicado por Grivell, Clegg y Roxburgh en 2014. Su metodología fue fenomenológica: escucharon a los propios therians describir su experiencia.

Los investigadores encontraron un proceso de autodescubrimiento. Una construcción identitaria. Nada que se parezca a la patología que medios y comunicadores describieron en febrero de 2026, con resonancia en memes y en mensajes de desprecio.

La psicóloga clínica Andrea Torres, de la Universidad Intercontinental, define así la identidad therian para el diario La Jornada de México: funciona como herramienta de regulación emocional o expresión creativa.

La distinción con la licantropía clínica —condición psiquiátrica real, pero extremadamente rara— es fundamental y sistemáticamente ignorada en el debate público.

El detonador: una historia sin verificar

Todo comenzó en Argentina, a inicios de febrero de 2026. Circuló el rumor de que un therian había mordido a una adolescente de 14 años en la provincia de Córdoba.

Esto sucedía paralelamente a la discusión política de una regresión de derechos laborales propuesta por el presidente Javier Milei. Él fue el primer despiadado. No había pruebas de un ataque. Nadie pudo verificarlo. Pero el relato fue suficiente.

Medios como La Derecha Diario de Argentina calificaron el fenómeno como expresión de enfermedad mental. El polemista Agustín Laje lo llamó "degeneración". En México, Eduardo Verástegui pidió internamientos psiquiátricos.

El relato se propagó por radio, luego por redes. Generó una reacción en cadena de contenidos, memes y coberturas replicadas sin ninguna confirmación independiente.

En menos de quince días, una subcultura de nicho se volvió tendencia global en TikTok y tema de debate parlamentario en Nuevo León, México.

Para la última semana de febrero, circulaba un deep fake con el audio manipulado del presidente Bukele supuestamente prohibiendo el terianismo en El Salvador. El medio ecuatoriano Lupa lo verificó como falso.

Pánico moral en tres pasos

 El analista Adrián Juste, del centro de pensamiento Al Descubierto, de España, lo explica con precisión: "El fenómeno es un ejemplo perfecto de cómo los algoritmos y las redes sociales pueden fabricar una noticia de la nada".

El proceso tiene una arquitectura reconocible. Primero, un elemento disruptivo: adolescentes que exploran su identidad en formas que rompen la norma. Son jóvenes y no tienen estructura institucional de defensa.

Segundo, una autoridad que captura el fenómeno. No ve a un joven buscando su lugar en el mundo. Ve una oportunidad política.

Tercero, el pánico moral: al presentar al therian como síntoma de "decadencia civilizatoria", el líder se posiciona automáticamente como guardián de lo humano. Su poder emana de la promesa de limpiar lo impuro.

La periodista Fabiola Solano describe el patrón: "El encuadre es sistemático: patologización, ridículo y asociación directa con el progresismo y la agenda identitaria".

El meme como arma política

 La investigación académica sobre el uso político del humor visual es abundante y consistente. El humor actúa como vehículo de normalización gradual del extremismo. Crea distancia emocional con el blanco. Hace que la hostilidad parezca mera diversión.

En redes sociales, el mecanismo tiene nombre propio: colapso del contexto, que se produce cuando una información para una audiencia halla su camino hacia otra y provoca una reacción negativa por falta del contexto original.

Cuentas de ideología conservadora toman videos de adolescentes haciendo ejercicios de agilidad a cuatro patas —los llamados quadrobics— y los comentan con tono de alarma.

Un ejercicio se convierte en prueba de degeneración. Una subcultura se convierte en amenaza.

El experto en redes Marcelino Madrigal es preciso: "Quieren diferenciarse como aquellos que defienden a los niños normales, llegando a exagerar y decir que las personas se están convirtiendo en perros y gatos".

El blanco real no son los therians

En Barcelona, la convocatoria therian terminó con cuatro detenidos por disturbios. Casi ningún therian real estuvo presente. En Madrid, los que sí aparecieron, según reportó El País, fueron activistas del partido de ultraderecha Vox con sus tiendas de campaña verdes.

Gabriela, de 15 años, llegó a Puerta del Sol con una máscara de zorro buscando a personas como ella. Fue rodeada por influencers que la filmaban. Le gritaron que saltara. Terminó abrumada y sola.

La investigación académica hace tiempo que identificó este patrón. Cuando se atacan identidades marginales poco comprendidas, el objetivo raramente son ellas mismas.

El blanco real es la noción de que el individuo tiene derecho a definir su propia identidad. Los therians son un nuevo pretexto.

Como señala el analista Juste: "Así es como la ira y la frustración de la sociedad son redirigidas hacia algo que ni siquiera existe. Es una burbuja cultural".

Lo que el fenómeno de febrero de 2026 reveló no fue una crisis de identidad juvenil. Reveló la eficiencia de un sistema para fabricar enemigos: una historia sin verificar, un algoritmo que premia el escándalo, una figura que necesita un símbolo de impureza para legitimarse.

La pregunta no es qué son los therians. Es quiénes se benefician de que todos hablen de ellos.