Los riesgos en Quito siguieron un patrón: 120 años de data lo dicen

Desde 2022, dos aluviones han afectado a La Gasca. La información ayuda a prevenir y a hacer políticas públicas.

Los riesgos en Quito siguieron un patrón: 120 años de data lo dicen
Así lucía La Gasca el 1 de febrero de 2022. Fotografía con dron: Camilo Zapata

Por Álvaro Samaniego

Después de salvar la vida y reponerse del terror, Wilfrido notó marcas de lodo más arriba de la mitad de las paredes internas de su casa. El aluvión entró con tal furia que se llevó los objetos adquiridos por años.

Esto sucedió el 31 de enero de 2022 y es uno de los ejemplos, de tantas muestras vale decir, de la vulnerabilidad de Quito, ciudad que ha crecido al pie del volcán Pichincha, el que le da y el que le quita.

Algo parecido sucedió siglos atrás. Los primeros españoles en formar parte de la ocupación de Quito destinaron un espacio para la plaza mayor, en el actual Bulevar 24 de Mayo.

Cuatro años después, un aluvión los obligó a mudar el centro de la ciudad fuera del cauce natural de la quebrada.

La realidad actual de la urbe es muy diferente y son similares, sin embargo, los factores de riesgo. Esto, en el entendimiento de que no hay fenómenos catastróficos.

Lo que hay son fenómenos naturales que tienen un efecto catastrófico a causa de la humanidad.

 Lluvias y deforestación 

“El agua tiene memoria”, afirma Camilo Zapata, geólogo, investigador y consultor, especializado en movimientos de masa y reducción de riesgos de desastres.

Tanto él como otros científicos e investigadores quieren preservar esa memoria para mejorar el desempeño de la gestión de riesgo.

Por eso, en cuanto supo del aluvión de La Gasca, Zapata voló un dron para verificar el origen del desastre, en una pendiente muy dinámica de la cordillera de los Andes.

La primera verificación fue que esa tarde llovió 37 veces más de lo previsto: debían caer dos litros por metro cuadrado de lluvia pero fueron 75 litros. Mucha agua.

Además, la pendiente es larga. Desde el páramo (como referencia, la estación del Teleférico cerca de Cruz Loma) hasta la ciudad hay un desnivel de unos 1.000 metros.

Todas las partículas se aceleran con esa caída. Hay que sumar la deforestación. De alguna manera, los árboles contienen o retardan este descenso incontrolado.

El poder erosivo de ese flujo hace que se incorpore más material y arrastre árboles, lodo, vegetación. Una masa de fango afectó gravemente a dos barrios de la ciudad.

La importancia de los datos

Ahora, esos datos sueltos han tomado una dimensión mucho más importante. Se han recopilado los principales eventos que ha sufrido la ciudad en una sola plataforma interactiva.

El proyecto “Eventos morfoclimáticos en Quito”, realizado por el data hub (centro de datos) de la Universidad San Francisco de Quito y Tomorrow Cities, contiene los "puntos calientes" para la ocurrencia de deslizamientos, inundaciones y aluviones en Quito.

Expertos de diversas áreas se juntaron para descubrir la información que alimenta esta base de datos: 120 años (desde 1900 hasta 2020) de información procesada y puesta en contexto.

De enorme utilidad para los tomadores de decisiones tanto como para los ciudadanos, permite a los habitantes saber la historia de riesgos de su residencia (es una base de libre acceso).

Además, la información facilita estudiar el papel del cambio climático en eventos adversos y puede estimar los umbrales de precipitación relacionados con deslizamientos.

También determinar flujos de lodo, como una práctica eficiente para crear un sistema de alertas tempranas.

Adicionalmente, el proyecto evalúa la efectividad de la política pública para el ordenamiento territorial y cuantifica el riesgo en función de la amenaza.

Para mencionar solo una de las conclusiones, la historia demuestra que abril y mayo son los meses de mayores lluvias y, por ende, de una mayor cantidad de eventos.

En 120 años ha habido 286 eventos en abril y 198 en mayo. Los dos meses juntos forman una tercera parte de lo que sucede durante todo el año.

Los movimientos de masas, como por ejemplo los aluviones, no dejarán de suceder. Además, ninguno será igual al anterior, porque la naturaleza es autónoma en su dinámica.

La Gasca no se liberará del riesgo. Por lo tanto, la actitud debe ser otra: respeto por la naturaleza, prevención, planificación.

Tomado de "Eventos morfoclimáticos en Quito"

Menos planes, más costos

 En La Gasca (noroccidente de Quito) se han producido dos eventos en los últimos tres años: el 31 de enero de 2022 y el 2 de abril de 2024.

La evaluación de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos del primero fue: 28 personas fallecidas, al menos 55 heridas y dos desaparecidas.

No hay una cuantificación oficial del valor de los daños materiales, una información fundamental para la ciudad.

Estos fenómenos naturales suceden cada cierto tiempo y la cuantificación permite disponer de información con la que construir las políticas públicas.

Más ahora que los efectos del cambio climático impiden encontrar patrones de comportamiento. Solo se sabe que los fenómenos naturales van a ser mayores en número y en fuerza.

Un primer trimestre impactado por el efecto de las lluvias
Entre enero y marzo de 2025 se registraron más de 2.100 eventos adversos. Manabí, Guayas y Los Ríos resultaron las provincias más afectadas.

Hay otros, como los fenómenos sísmicos o volcánicos, que ocupan otros capítulos en la lista de riesgos de la ciudad.

La Comisión Económica para América Latina (Cepal) calculó que la región podría perder hasta el 5% de su PIB anual por desastres climáticos, pero la prevención reduce este impacto en un 80%.

El PIB de Quito asciende a USD 19.500 millones. Sin prevención, las pérdidas podrían ascender a USD 975 millones. Con prevención, las pérdidas se reducirían a menos de USD 200 millones.

La responsabilidad de la gestión de riesgo recae sobre el Municipio Metropolitano, sobre todo.

El crecimiento de la ciudad ha provocado que se planifique de espaldas a la realidad natural (geográfica, geológica, sísmica). Tapar quebradas ha sido una práctica antigua.

Pero mucho más antigua es la dinámica de la tierra, de los Andes, en particular. Los ciclos del agua han generado erosión para controlar el crecimiento de los Andes.

Así ha estado funcionando “…desde hace un millón de años, y nosotros hemos sido los que no hemos sabido cómo adaptarnos a esa dinámica natural del planeta”, insistió Zapata.

Una ciudad que tiene 50 quebradas solamente en las faldas del volcán Pichincha se transformó en un terreno relativamente plano.

Como explicó el experto, si llueve en la parte alta donde inicia la quebrada, el agua va a seguir su curso natural, el que le dicta su memoria.

Si ese cauce está tapado, encontrará otras formas de fluir. Y entonces, muy probablemente, se producirá un desastre.

Ni la autoridad ni la ciudadanía han sabido leer las señales. Por ejemplo, una que se deriva del nombre de un sector: Rumipamba. Traducido del quichwa, el nombre significa “llanura de piedras”.

“Estas piedras son depósitos de antiguos flujos de lodo. Pero sacamos esas piedras, construimos encima. Desde el nombre nos está indicando que era una zona donde sucedían aluviones”, dice Zapata.

Flujo de lodo en Santa Clara del Común (San Antonio de Pichincha), 1 de agosto de 2022. Foto: Camilo Zapata.