Cuál es el mejor escenario para Ecuador ante una crisis petrolera
A Ecuador le conviene un conflicto de corto plazo, acelerar la inversión en exploración y mejorar sus refinerías. Pero la transición energética se podría frenar.
El conflicto en Medio Oriente, que comenzó a finales de febrero y que se prolonga a lo largo de marzo de 2026, puede desatar una crisis energética global.
Los ataques a la infraestructura de Irán y el riesgo en el Estrecho de Ormuz han disparado los precios del barril de petróleo Brent a USD 93,53 y aumentado los precios del gas y la electricidad en Europa y Asia.
Medios especializados señalan que esta inestabilidad eleva el riesgo de inflación y escasez global de combustibles, y amenaza con desatar una crisis logística a largo plazo. Hay una volatilidad significativa en los sectores financieros y de seguros marítimos.
Estas condiciones afectan especialmente a los países importadores de petróleo y sus derivados, con China redirigiendo su consumo y Europa limitando sus reservas.
El conflicto en Medio Oriente puede ser una oportunidad y un riesgo para América Latina en general, y para Ecuador en particular. En este último caso, todo depende de dos variables: el precio de exportación del petróleo y el costo de importar combustibles como el diésel, el gas licuado de petróleo (GLP) y la gasolina.
A inicios de 2026, la producción de petróleo en Ecuador se sitúa por debajo de los 460.000 barriles diarios, según el Banco Central. Las exportaciones fluctúan: en el primer trimestre de 2025 se exportaron unos 28 millones de barriles en total.
El valor del petróleo ecuatoriano en el mercado internacional está atado al del crudo WTI, cuyo precio cerró este 9 de marzo en USD 88,40 por barril, tras la escalada del conflicto. Esto mejora los ingresos de exportación de la estatal Petroecuador, que alimenta al presupuesto del Estado.
La producción de petróleo en Ecuador se mantiene estancada, con proyecciones gubernamentales de aumentarla con inversión privada. El Gobierno planea exportar unos 2 millones de barriles adicionales entre marzo y abril de 2026.
Pero la paradoja es que Ecuador importa cada vez más combustibles porque tiene problemas operativos en sus refinerías. La principal de ellas permanecerá cerrada hasta mediados de marzo, tras su tercer incendio en sus instalaciones en apenas 10 meses.
Si los precios internacionales de los combustibles se elevan, también aumentará para Ecuador el costo de importación y crecerá el gasto en subsidios.
Además de la presión fiscal y los posibles aumentos de precios, se debe considerar que Medio Oriente es un mercado importante para algunos productos ecuatorianos, como el banano.
En un contexto de inflación mundial, Ecuador puede resultar afectado en sus ventas y en financiamiento externo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que su objetivo es lograr un cambio de régimen en Irán en el menor tiempo posible.
La apuesta de Trump es soportar un escenario de precios altos del petróleo en el corto plazo, y luego reconfigurar el mercado petrolero mundial para bajar los precios del crudo y los combustibles de manera estructural.
Si Estados Unidos logra controlar las reservas de Venezuela y de Irán, desplazará a China y estará en una posición que le permitirá abrir las puertas de dos activos petroleros estratégicos a empresas estadounidenses como Exxon Mobil, Chevron y Occidental.
Recuperar la producción petrolera en Venezuela, para que vuelva a los 3'000.000 de barriles de antes de la era chavista, podría tomar hasta 15 años y demandaría una inversión de alrededor de USD 180.000 millones. Desde que Nicolás Maduro fue tomado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, la producción petrolera de ese país se ha incrementado.
El riesgo para Ecuador es que el petróleo venezolano, que tiene características similares a las del ecuatoriano, se convierta en una competencia, pues ambos países apuntan a los mismos clientes: empresas refinadoras en el sur de Estados Unidos.
El mejor escenario para Ecuador
Un conflicto corto para que los precios del petróleo se mantengan por debajo de los USD 100 sería el escenario ideal para Ecuador, porque significaría un impacto moderado en los costos de importación de combustibles.
Si los precios llegan a la barrera de los USD 150 por barril, el país tendría ingresos ingresos récord pero, al mismo tiempo, pagaría altos costos de importación por los combustibles, en medio de una crisis económica mundial.
Pero la oportunidad estratégica frente al conflicto para un país apalancado en el petróleo como Ecuador, sería acelerar la inversión en exploración petrolera y en el mejoramiento de sus tres refinerías para importar menos combustibles.
Desde 2015, el mundo ha invertido menos en nuevos campos petroleros por la transición energética. Organizaciones como la Agencia Internacional de Energía advierten que la inversión en exploración cayó, pero la demanda mundial aún sigue alta.
Se ha llegado a hablar de un posible “mini-boom” para países como Ecuador, porque además hay un nuevo interés en recursos como el oro y el cobre, y el Gobierno está empeñado en dar empuje a la minería para fortalecer la economía.
Empero, caminar en ese sentido puede relegar su agenda de transición energética, en la que Ecuador está dando algunos pasos pero tiene por delante una serie de desafíos que igualmente demandan inversión.

Un vistazo a América Latina
Youtopia le preguntó a Chatgpt cuál podría ser el resultado de la crisis actual para América Latina en términos de energía. “Podría convertirse en uno de los 'ganadores energéticos' de una crisis prolongada en Medio Oriente, porque la región tiene tres ventajas”, fue la respuesta.
Estas son: “distancia del conflicto, abundancia de recursos y cercanía a grandes mercados. Si el petróleo y el gas del Golfo Pérsico se vuelven riesgosos o caros, muchos países buscarían proveedores más estables, y allí entra América Latina”.
En efecto, la región tiene algunos de los mayores recursos energéticos del mundo, con productores como Brasil y su petróleo offshore del presal; México; Venezuela, con las mayores reservas del mundo, Colombia y Ecuador.
Además del petróleo, la región tiene gas natural que puede reemplazar parte del suministro europeo o asiático. Se destacan Argentina, con el megacampo Vaca Muerta; Trinidad y Tobago (exportador de gas licuado), y Bolivia.
La transición energética también necesita minerales estratégicos, en los cuales América Latina está bien posicionada. Tiene litio en Chile, Argentina y Bolivia; cobre en Chile y Perú, y oro y cobre en Ecuador. Esto significa que la región exporta también minerales clave para energías limpias.
La visión de la Olacde
El 2 de marzo de 2026, en la ceremonia en la que asumió un segundo mandato como Secretario Ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), Andrés Rebolledo advirtió que el desarrollo energético global atraviesa un momento “particularmente complejo y desafiante”, marcado por tensiones geopolíticas, una agenda climática cada vez más urgente y una aceleración tecnológica sin precedentes.
En ese contexto, subrayó que la energía se ha consolidado como un eje central para la seguridad nacional, la competitividad económica y la estabilidad social de los países.
El Secretario Ejecutivo situó estos desafíos en el actual escenario internacional, marcado por conflictos y tensiones como los que afectan a Oriente Medio, que continúan impactando los mercados energéticos y la seguridad del suministro.
A ello se suma —dijo— la irrupción de nuevas tecnologías que están transformando el sector, entre ellas la inteligencia artificial, que plantea oportunidades para optimizar sistemas energéticos, pero también nuevos retos regulatorios y de planificación.
Rebolledo sostuvo que, pese a ese contexto incierto, América Latina y el Caribe cuentan con ventajas comparativas relevantes para avanzar en la transición energética.
Destacó que cerca del 70% de la electricidad generada en la región proviene de fuentes renovables y que existe una importante dotación de recursos solares, eólicos e hídricos, además de minerales críticos como el cobre y el litio, claves para la electrificación y el almacenamiento energético.
“Las decisiones que tomamos hoy en materia energética no solo definirán nuestras trayectorias de desarrollo, sino que incidirán directamente en la calidad de vida de nuestras sociedades”, afirmó.

