'Ya existe un Niño Costero presente en Ecuador'
Felipe Costa do Carmo, director del CIIFEN, explica cómo el Niño Costero está intensificando las lluvias en Ecuador y la posible llegada de un El Niño global en 2026.
El actual periodo de lluvias intensas en Ecuador no es un hecho aislado. Así lo explica Felipe Costa do Carmo, director internacional del Centro de Investigación para el Fenómeno de El Niño (CIIFEN).
El especialista conversó con Youtopía Ecuador y sostuvo que el calentamiento del Océano Pacífico frente a las costas del país, ya configura la presencia de un Niño Costero, fenómeno que está intensificando las precipitaciones.
Mientras tanto, los indicadores climáticos apuntan a una transición hacia condiciones neutrales y a la posible formación de un evento de El Niño de escala global en el segundo semestre de 2026, lo que podría traer más calor y lluvias por encima de lo normal en los próximos meses.

P. Ecuador atraviesa un periodo de lluvias intensas que ha generado preocupación en varias provincias. Desde la perspectiva científica del CIIFEN, ¿qué factores climáticos están explicando este comportamiento en este momento?
R. Entre los meses de diciembre a mayo la región costera del Ecuador presenta la temporada lluviosa, siendo los meses de febrero y marzo con los mayores acumulados históricos. En otras regiones también se tienen los meses más lluviosos en este periodo.
Adicionalmente en este año se presenta un calentamiento del mar en el Pacífico oriental, cerca de las costas de Ecuador y Perú, que ayuda a incrementar la evaporación y por consiguiente genera más humedad en la atmósfera, lo que favorece el incremento de las lluvias en el país.
“El calentamiento del mar en el Pacífico oriental está incrementando la humedad y favoreciendo más lluvias en Ecuador”.
P. En el debate público ha vuelto a mencionarse con fuerza la posible presencia del fenómeno de El Niño. ¿Qué indicadores oceánicos y atmosféricos observan actualmente que permitan hablar de la evolución de este fenómeno en la región?
R. En primer lugar, hay que entender que para que haya un fenómeno de El Niño o La Niña es necesario que tanto el océano como la atmósfera tengan variaciones que se retroalimenten; es decir, que estén acoplados. Por ejemplo, cuando los vientos están ayudando a empujar el agua caliente a lo largo del océano.
En este momento tanto los indicadores del océano como de la atmósfera están indicando la transición de condiciones de La Niña (océano más frío) a condiciones neutrales.
Lo que ha encendido el debate sobre la posibilidad de un El Niño han sido las ultimas actualizaciones de los pronósticos de temperatura del mar.
Para el segundo semestre de 2026 se espera que el mar se caliente en todo el Océano Pacífico Ecuatorial y que, por consiguiente, posiblemente se desarrolle un evento de El Niño. Pero aún hay que ver como responderá la atmósfera.
“Estamos en una transición de La Niña hacia condiciones neutrales, con posibilidad de un Fenómeno de El Niño en 2026”.
P. Usted ha mencionado en distintos análisis la diferencia entre un “Niño Costero” y un “Niño Global”. ¿Podría explicar en qué se distinguen estos dos fenómenos y por qué es importante diferenciarlos para entender lo que ocurre en Ecuador?
R. Esta diferencia suele generar mucha confusión. El Niño (La Niña) ocurren cuando hay un calentamiento (enfriamiento) en el Océano Pacífico Ecuatorial Central.
Este fenómeno “global” es monitoreado por una diversidad de instituciones a nivel global, con destaque para la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, por mencionar algunas. Este interés se da una vez que los impactos asociados con este fenómeno tienen influencia en diversas partes del mundo.
En cambio, cuando el calentamiento (enfriamiento) del océano se da en una región más restricta del océano, específicamente en la región costera del Ecuador y Perú, hay una forma de diferenciarlo que es llamarlo El Niño Costero (La Niña Costera).
Este fenómeno que solamente es monitoreado por instituciones de la región de Sudamérica tiene impactos mucho más localizados en nuestro continente, sobre todo en las regiones costeras de Ecuador y norte de Perú.
“El Niño Costero tiene impactos más localizados, mientras el global afecta a diversas regiones del mundo”.
P. Cuando ocurre un Niño Costero, ¿qué tipo de impactos suelen registrarse en comparación con un evento de El Niño de escala global en términos de lluvias, temperatura del mar y efectos en ecosistemas?
R. Las dos grandes diferencias de estos dos fenómenos se refieren a la escala espacial y temporal. En lo espacial, el área de calentamiento de El Niño “Global” es mucho más amplia y centrada en el Pacífico, mientras que el “Costero” se restringe a la costa de Ecuador y Perú.
En cuanto al tiempo, el “Global” por lo general tiene una evolución mucho más lenta. Es decir, el océano se calienta a lo largo de varios meses, lo que permite un monitoreo y declaración anticipada; mientras que el “Costero” se desarrolla a partir de un calentamiento de pocas semanas, por lo que casi no da el tiempo de anticiparse. Ambos tienen impactos que dependerán sobre todo de su intensidad; es decir, qué tanto se calienta el océano, y qué tanto la atmósfera se acopla y varia también.
El Niño Costero nos afecta directamente a los ecosistemas de Ecuador y Perú, haciendo que haya una reducción de los nutrientes que vienen de aguas frías del fondo del océano, lo que a su vez puede afectar a la productividad pesquera de la anchoveta, por ejemplo. Pero suelen ser cambios de corto plazo.
El Niño de escala global también puede tener afectaciones similares, pero por lo general por un largo periodo.
P. Con la información disponible hasta ahora, ¿lo que estamos viendo en Ecuador se acerca más a un patrón de Niño Costero, a condiciones asociadas a un Niño Global o a una combinación de factores?
R. Ya hay un El Niño Costero presente. Incluso partes de las lluvias de estos meses en la región costera del país han sido fortalecidas por este fenómeno.
Por otro lado, en el Pacífico Central aún estamos en la transición de una La Niña para condiciones neutrales. Para el segundo semestre de 2026 se espera el desarrollo de un El Niño “Global”.
Es importante destacar que El Niño Costero y El Niño “Global” pueden ocurrir simultáneamente, o no.
“Ya hay un Niño Costero presente y está fortaleciendo las lluvias en la región costera del país”.
P. ¿Qué escenarios climáticos proyectan los modelos regionales y globales para los próximos meses en la Costa y la región andina del Ecuador?
R. La perspectiva más probable y fácil de identificar es la posibilidad de temperaturas del aire más altas; es decir, vamos a sentir más calor en este y en los siguientes meses. Pronosticar la lluvia siempre es más complejo.
De todas formas, según los pronósticos del INAMHI y de modelos globales se espera que las lluvias superen sus promedios históricos en los siguientes meses, sobre todo en la región costera. Es decir, debemos seguir preparándonos para posibles eventos puntuales de lluvias intensas.
P. En los últimos años se ha observado un aumento en la intensidad de eventos climáticos extremos. ¿De qué manera el cambio climático podría estar influyendo en la frecuencia o intensidad de fenómenos como El Niño?
R. Ya se sabe que hay más eventos extremos, y que estos se han vuelto más intensos y con mayores impactos. Sin embargo, aún es difícil estimar con precisión sus diferencias con los del pasado.
Lo que se sabe es que con el cambio climático tenemos más energía en general en el sistema climático, lo que agrega combustible a los eventos extremos.
Además, lo que sí se ha observado es que hay transiciones más abruptas entre El Niño y La Niña, sin pasar mucho tiempo por la fase neutral (cuando no hay ni El Niño ni La Niña). Esto se traduce en episodios más inesperados, lo que a su vez dificulta la planificación y estimación de los potenciales impactos.
“Debemos prepararnos para temperaturas más altas y lluvias por encima de lo normal en los próximos meses”.
P. El calentamiento del océano no solo afecta el clima. ¿Qué impactos puede tener en ecosistemas marinos, pesquerías y biodiversidad cuando se desarrollan condiciones asociadas con El Niño?
R. Un impacto directo observado es la migración de especies. Las que prefieren aguas más frías migrarán para huir del calentamiento, mientras lo opuesto también es verdadero; es decir, otras migrarán hacia las aguas más cálidas.
Esto puede generar incertidumbre en los sectores productivos y alteraciones considerables en las estructuras de los ecosistemas, pueden aparecer predadores en masa donde no había, o disminuir las cantidades de individuos de los primeros niveles de la cadena trófica, lo que puede reducir la disponibilidad de individuos en general.
También pueden favorecer otros eventos puntuales como floración de algas nocivas y consiguiente impacto en la fauna marina o incluso en los humanos.

P. Desde el punto de vista de la gestión del riesgo y la adaptación climática, ¿cuáles deberían ser las principales acciones que los gobiernos locales y nacionales deberían priorizar ante este tipo de escenarios?
R. En primer lugar, fortalecer su capacidad de monitoreo y análisis climático. Deben acompañar los informes y comunicados del INAMHI y de otras instituciones y capacitar al personal técnico de sus instituciones para interpretar estos análisis.
Además, deberían contar con Planes de Gestión de Riesgos orientados a las principales amenazas y vulnerabilidades de sus territorios. Es importante destacar que estos planes deben ser desarrollados antes de los eventos.
También debe haber un esfuerzo interinstitucional más fuerte en épocas con la presencia de eventos climáticos con mayor potencial de impactos.
P. El CIIFEN cumple un rol clave en el monitoreo del clima en el Pacífico Oriental. ¿Cómo funcionan los sistemas de monitoreo y alerta temprana que permiten anticipar eventos asociados a El Niño?
R. Lo más importante de todo el sistema son los datos. Las estaciones meteorológicas, las boyas oceanográficas, los satélites, entre otros instrumentos y sensores, son los que registran los datos que permiten entender y modelar el planeta en que vivimos.
Con estos datos se pueden calcular los indicadores de las variables climáticas del océano y de la atmósfera, que permiten identificar si las condiciones están más propicias para el desarrollo de un El Niño o La Niña.
A partir de esto se generan análisis, boletines y comunicados para que los diferentes actores interesados puedan interpretarlos e introducirlos a su sistema de gestión de riesgos.
Lo importante de este sistema es que la información sea oportuna, confiable y que cada actor de la cadena de la gestión sepa su rol.
P. Cuando fenómenos complejos como El Niño entran en la conversación pública, muchas veces circula información confusa. ¿Qué aspectos considera clave para mejorar la comunicación científica sobre estos eventos?
R. De parte de la sociedad civil es muy importante usar información oficial confiable. En Ecuador esta información viene de instituciones como el INAMHI, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR), el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE), el INOCAR, las universidades, entre otras.
Es importante que, al recibir una información por fuentes no oficiales, busquemos certificarnos de que en realidad la compartió la página web o las redes sociales de una institución oficial.
De parte de estas instituciones a su vez, es importante que aumenten los esfuerzos de comunicación hacia la sociedad y que esta información sea transmitida de forma sencilla y oportuna.
P. Finalmente, ¿qué lecciones debería aprender la región de episodios pasados de El Niño, para fortalecer su resiliencia frente a futuros eventos climáticos?
R. Hemos tenido muchos impactos asociados con eventos de El Niño y La Niña en la historia, por tanto, si miramos los eventos anteriores tenemos una buena base para empezar a prepararnos.
Por otro lado, la ciencia climática es compleja. Requiere de conocimiento especializado, equipos de computación eficientes, coordinación interinstitucional, gobernanza, y, sobre todo, financiamiento.
Debemos tener en cuenta que invertir en alerta temprana y acción anticipatoria tiene un mejor costo-beneficio que solamente gastar en respuesta a emergencias. Además, actuar con anticipación puede salvar vidas, infraestructuras y reducir pérdidas económicas.
Además, los desastres no son generados solamente por un evento climático extremo. En la historia hemos visto que los sistemas más vulnerables son, por lo general, los más afectados. Por tanto, es imprescindible reducir nuestras vulnerabilidades en general.
Necesitamos invertir en construir resiliencia para fomentar el desarrollo sostenible.
Felipe Costa do Carmo. Oceanógrafo y actual director internacional del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), entidad que también implementa el Centro Regional del Clima para el Oeste de Sudamérica. Cuenta con más de 10 años de experiencia en iniciativas regionales enfocadas en el análisis, monitoreo e investigación de fenómenos climáticos, especialmente El Niño y La Niña. Su trayectoria está ligada a la cooperación internacional, la promoción de servicios climáticos y el fortalecimiento de capacidades técnicas, con énfasis en la gestión del riesgo de desastres, la agricultura y los recursos hídricos. Desde el CIIFEN, lidera una agenda colaborativa orientada a mejorar la toma de decisiones frente a la variabilidad y el cambio climático.

