La contaminación por plásticos es concluyente; 5 tareas urgentes
Un estudio multidisciplinario trae la evidencia necesaria para diseñar respuestas efectivas, que empiezan por la reducción de consumo de plástico en la fuente
“La contaminación plástica está erosionando el capital natural de Ecuador y comprometiendo su seguridad ecológica y económica”.
Esa es la conclusión a la que arribó un análisis integrado de índices de presión humana, gestión de residuos y transporte ambiental. Una noticia
Al mismo tiempo, el estudio propone varias soluciones, entre ellas un sistema unificado de monitoreo vinculado a biodiversidad y salud.
La exploración se sustenta en publicaciones revisadas por pares, literatura gris (estudios independientes), ciencia ciudadana (aportes ciudadanos en base a protocolos científicos) y percepción de comunidades entrevistadas.
Este, que puede considerarse el mayor aporte científico para entender el impacto del plástico en los ecosistemas ecuatorianos, ha sido un trabajo conjunto.
Participaron el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF Ecuador), la Plataforma Nacional de Acción por los Plásticos (NPAP-Ecuador) y la Universidad San Francisco de Quito.
“Latinoamérica y el Caribe es la región con la mayor pérdida de biodiversidad del mundo: un 95% en los últimos 50 años. La contaminación plástica acelera esta caída".
Este estudio ofrece la evidencia científica que necesitamos para diseñar respuestas que estén a la altura del desafío”, señala María Inés Rivadeneira, gerente de Políticas y Gobernanza de WWF-Ecuador.
De acuerdo a este estudio (cuyo resumen ejecutivo se puede descargar aquí), la contaminación plástica ya no es un problema marginal ni lejano. Revela que ningún ecosistema del país está libre de esta presión.
Lo que comenzó como residuos visibles en playas y riberas se ha transformado en una amenaza sistémica que afecta especies, comunidades y servicios ecosistémicos clave.

Un país megadiverso bajo presión constante
El análisis identifica puntos críticos donde confluyen alta generación de residuos, deficiente gestión y rutas naturales de transporte.
Los ríos, drenajes urbanos y corrientes oceánicas dispersan plásticos a gran escala. Esto es notable en Guayas, Manabí, Esmeraldas y El Oro.
En las ciudades andinas y amazónicas se ha identificado infraestructura limitada de tratamiento de desechos.
La superposición de estos focos con áreas de alto valor biológico muestra impactos severos en manglares, estuarios, ríos de cabecera y corredores marinos sensibles.
La evidencia científica compilada indica que al menos 96 especies han sido afectadas por la contaminación plástica en el país.
Los impactos más frecuentes son ingestión de plásticos, enredo y degradación de hábitats, que afectan aves marinas, tortugas, mamíferos marinos, peces comerciales y fauna de agua dulce.
Estos daños no solo comprometen la supervivencia de las especies, sino que debilitan servicios ecosistémicos esenciales como la pesca, el abastecimiento de agua y el turismo, pilares económicos para miles de familias.
Comunidades en la primera línea del impacto
Las poblaciones más afectadas son aquellas estrechamente vinculadas a la naturaleza: comunidades indígenas, asentamientos costeros, pueblos pesqueros, ribereños y habitantes de manglares.
En la Amazonía y la Sierra, los microplásticos han sido detectados en fuentes de agua, acequias y suelos agrícolas. Comprometen cultivos, riego y prácticas tradicionales.
En Galápagos, el aumento del turismo y la llegada constante de residuos elevan los costos de manejo y presionan a una infraestructura ya limitada.
El estudio subraya que, una vez que los plásticos ingresan a los ecosistemas y se fragmentan en micro y nanoplásticos, su remoción es casi imposible.

“En todas las regiones, la evidencia demuestra que la contaminación plástica no es aislada: viaja, se acumula, y se integra a los ecosistemas, afectando agua, recursos, suelos, fauna y medios de vida.”
Agrega que “Los casos de estudio confirman que no hay soluciones universales; se necesitan enfoques diferenciados según territorio, cultura, acceso a servicios y dinámicas ambientales.”
En cuanto a los actores, las comunidades locales muestran liderazgo con acciones concretas, pero con recursos limitados y sin mecanismos de amplificación del impacto.
Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y la sociedad civil impulsan la educación ambiental aunque enfrentan poca articulación con el Estado.
Por otra parte, el gobierno central y los GAD tiene recursos “más robustos”, pero aplican políticas de manera desigual.
De su lado, la academia genera la mayor evidencia científica en Galápagos y la Costa, pero muy poco en la Amazonía y la Sierra.
Y, finalmente, el sector privado tiene una participación limitada, con casos aislados de innovación.

Un diagnóstico y un llamado a la acción
Según los autores de este estudio, el camino expedito para enfrentar esta avalancha de plástico es una gobernanza integrada.
Esto implica sistemas formales de participación comunitaria e indígena. También, un sistema unificado de monitoreo vinculado a biodiversidad y salud.
Se debe agregar la armonización normativa entre pesca, turismo, transporte, salud y ambiente. Indispensable el financiamiento ambiental para fortalecer la infraestructura y los programas locales.
Finalmente, el desarrollo de estándares de diseño para reducir la generación de plásticos en origen.
Lo expertos afirman que para que Ecuador no se ahogue en plástico se debe poner énfasis en la prevención: minimizar el consumo en la fuente.
Hace un llamado a mejorar los sistemas de gestión de residuos: mayor inversión y tecnologías limpias. Así también, la adopción de una economía circular inclusiva, sistemas de trazabilidad e impulso a materiales verdaderamente biodegradables.
Si bien la dimensión de la invasión de plástico en el país no es una novedad, lo que se mantiene sin cambios son las acciones y la decisión política. Ninguna de las dos son una oposición real contra esta invasión silenciosa a la vida ecuatoriana.

